
La justicia es el orden de cada cosa
"Sin justicia vuestra civilización se disfraza de engaños e insidias cada vez más peligrosas y cada vez más torturadoras de la libertad y de los más elementales derechos humanos. Donde reina la injusticia, la violencia pace y crece transformando la libertad en licencia.
Donde no existe una correcta, inflexible justicia, la evolución de los valores civiles está destinada a disolverse facilitando el ascenso del egoísmo y del odio.
El Amor, la Concordia, el recíproco Respeto y la Paz, serán realmente operantes si sostenidos, gobernados y protegidos por una justicia capaz, eficaz y tendente a impedir la perniciosa degeneración de la corrección moral, política, económica y científica. Repito: Sin Justicia no puede haber Paz".
"El Amor está cuando está la Justicia, de otro modo, ¿qué amor es?. ¿Cómo se puede hablar de Amor cuando hay quienes no tienen nada para comer y quienes tienen de todo para tirar?".
"Vendrá el momento en que sobre la Tierra no funcionarán las máquinas a las que el hombre perverso habrá confiado el ataque y la defensa de la propia torre del mal, de la muerte y de la destrucción. En la hora X funcionarán solamente las conciencias de todos los seres que tendrán la gran ocasión de ver y de oír.
En aquel día y en aquella hora, que podría ser mañana, todo se parará, excluido el latido del corazón de cada hombre de la Tierra que vendrá iluminado por la luz de la verdad del tiempo de todos los tiempos. Y vosotros, amigos del mal, partidarios de aquella ciencia que niega la paz y la alegría a los justos, a los mansos y a los puros de corazón, tendréis vuestra recompensa: recompensa que habréis merecido por haber sido instigadores de muerte y destrucción. No esperéis que, en aquel tiempo, funcionen los instrumentos en los que ponéis vuestro egoísmo y vuestra salvación: quedaréis desilusionados y amargados por no haber podido vencer la Suprema Fuerza del Sumo Bien Universal".

"Testigo es Dios. No he dicho nada mío y nada puedo negar de aquello que el Cielo me ha dado para dar. Es verdad que tal obediencia me ha hecho sufrir y es verdad, también, que los enemigos de Cristo se han levantado contra mí, arrojándome sus blasfemias y sus violencias. A pesar de todo he quedado íntegro y fiel a la autoridad divina, bendiciendo el dolor y dando gracias a la luz que me ha sostenido y vivificado. He dado al Señor todo mi mismo, sin límites y sin condiciones, recibiendo confirmación del don que siempre he poseído.
Mi alma está en paz y regocijado mi espíritu por haber servido a Aquel que he visto viviente entre los muertos. Ahora, estando más cercano el día y la hora en que Él me reclame a la patria de los inmortales, me preparo, para que todavía una vez más pueda rendir gloria a Aquel que es y que en eterno vive. Mi corazón esté y quede con los justos. He vivido en este mundo trabajando y esperando ver surgir del humano estercolero, al hombre nuevo, al justo, al pacífico, al incorruptible, al amante del amor aureolado de pasión por lo creado y por el Creador.
La esperanza no ha muerto y, aún si mis ojos se oscurecen y mi corazón se encamina hacia el confín de la vida, la semilla que ha sido puesta en el útero de la madre Tierra, se nutre y crece en el desierto poblado de muertos. La genética de los titanes, de los inmortales, de los seres Dioses, patrones de la vida y de la muerte, revive en el silencioso misterio que envuelve el cosmos entero y su oculta, eterna belleza.
No he vivido en vano, ni me duelen las heridas que el débil y cobarde hijo del polvo me ha procurado. Yo soy y siempre seré así como son y serán los verdaderos hijos de mi patria, nacidos del semen de Arat, Sol viviente.
Ahora, después de haber anunciado durante larguísimos años la verdad divina y la triste elección del hombre de no redimirse, inicia el proceso, inicia el después de mí, con las inevitables consecuencias. ¡Después de mí, el Cielo se vestirá de luto!.
El Sol se esconderá a los ojos de los hombres y la luz huirá, lejana de las cosas creadas. La Tierra se agitará de desconsuelo y de pena, ocultando entre las lágrimas de su amor a quién, amando a su Esposo, la ha amado.
Después de mí, todo vendrá mutado y los vestidos blancos se regocijarán en el triunfo de la nueva vida, entre la luz dorada, en un sueño sin pesadillas, en un mundo bienaventurado despojado de cuanto aflige y mata la alegría de vivir.
Después de mí, el triunfo del bien, del amor fraterno, de la justicia y de la paz.
Después de mí, los llamados y los elegidos destinados a rendir feliz al Creador y a lo creado. Después de mí, no antes".

He escrito el 10 de agosto de 1987:
"Aún si muchos lo desean, por ahora no puedo mutar (así como se dice: no puedo morir). La batalla final ha comenzado y no podría estar jamás ausente, no podría no participar, se debe salvar lo salvable y el Salvador ya ha llegado, ha retornado así como había prometido a su tiempo. Dentro de poco lo veremos aparecer con potencia y gloria sobre las nubes. La celeste Jerusalén aparecerá con todo el esplendor de la Divina Potencia, toda la humanidad La verá, con espanto y miedo, entonces comenzarán los dolores agudos. Porque la Luz parirá una nueva genética".
"Deseo de ti, lugar santo y bendito en donde cada cosa vive en el encantamiento y en la fascinación de una luz siempre vivificada por el Sol del amor, artífice sublime del cielo, de la tierra, de las aguas, de los vientos y de toda criatura nacida de su esplendoroso seno.
Sueño contigo, con tus aguas límpidas y cristalinas, con tus prados siempre verdes, con el perfume de tus innumerables rosales, con los árboles fructificantes, con bosques frondosos, con animales pacíficos, serviciales y en perfecta comunión con los seres dignos de ser tus conciudadanos.
Deseo de ti, "El Dorado" escondido, sublime belleza brotada de los Genios creantes.
Deseo de ti, donde todo se acomoda en la incorruptible armonía de la materia y del espíritu.
Deseo retornar al aura dorada que ciñe de beatitud todo aquello que contienes y que vuelve feliz.
Deseo retornar junto con aquellos que han despertado, en la luz interior, la real ley, el verdadero significado de la vida y su sacralidad."

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