
¿Quiénes son estos nuestros Hermanos?
Nuestras conquistas científicas, desarrolladas en armónico equilibrio con la sabiduría de nuestra Conciencia, son tales que superan vuestra más encendida fantasía de ciencia-ficción. Sabed que nuestro aparato volador, que vosotros llamáis 'disco' está construido con una aleación metálica todavía desconocida en la Tierra. Nuestra ciencia realiza, desde hace muchísimo tiempo, un procedimiento de forzada sublimación de algunos métales bastante conocidos, también sobre vuestro planeta, obteniendo una cualidad de pureza absoluta. La fusión de los metales destinados a componer esta aleación especial, durísima, capaz de resistir altísimas temperaturas y de conservar un poder de notable resistencia a los choques, la obtenemos con el procedimiento disociativo de la energía cohesiva de los elementos. El procedimiento inverso al primero, es decir, asociativo, que obtenemos con inyección es de energía magnética a alto potencial, edifica la constitución de la aleación metálica con excepcionales cualidades de dureza, de resistencia y de transparencia. El cristal, es por nosotros, sustituido perfectamente por metales vueltos transparentes, que utilizamos con absoluta seguridad. La fuerza, o como vosotros la llamáis, el carburante que permite a nuestros medios surcar los espacios externos cósmicos y los internos planetarios a velocidades inconcebibles a vuestro actual conocimiento, es la energía Luz y la energía Magnética. Nuestros cosmoaéreos de exploración que operan en los espacios internos, son transportados en grandísimas naves espaciales que permanecen en los espacios externos. Estas naves pueden alcanzar diámetros de dos kilómetros, mientras otras, fusiformes, varían entre 300 y 3000 metros de largo. Estos medios pueden transportar, en adecuados contenedores, de centenares a millares de cosmoaéreos de diferentes tamaños. No todos los cosmoaéreos tienen la forma lenticular, algunos de estos, muchas veces vistos por vosotros terrestres, poseen la propiedad técnica de viajar también en los elementos líquidos o viscosos sin ninguna dificultad de resistencia o de impedimento. Su forma fusiforme os ha inducido a llamarlos: "cigarros". La propulsión que mueve nuestros aparatos la obtenemos de una laboriosa actividad de la energía magnética, en colaboración con la energía luz y con los elementos atómicos perennemente presentes en los espacios internos planetarios y externos galácticos. Los medios espaciales que nosotros guiamos están continuamente encerrados en un globo de energía magnética en continuo movimiento vertiginoso. Tal movimiento, además de garantizarnos la inmunidad de cualquier tipo de encuentro, permite al cosmoaéreo quedar en el espacio en perfecto estado antigravitacional. La ausencia completa de peso vuelve al objeto predispuesto a seguir la fluctuación de la energía luz, condensada alrededor de los alerones circulares terminales. La energía magnética, en continuo movimiento alrededor del eje magnético del cosmoaéreo, además de mantener al medio en continuo estado de imponderabilidad produce la excitación de los elementos externos, determinando un continuo flujo de energía luz hacia los alerones condensadores. La fluctuación de la energía luz condensada está gobernada por nosotros con instrumentos adecuados que nos permiten proyectarla en la dirección querida y con una deseada intensidad de fuerza proyectora, en relación con la velocidad pedida.


Asthar Sheran

Cuando la fluctuación alcanza los valores energéticos queridos, el cosmoaéreo es envuelto por una vivaz luz plateada. Y así, cuando sobre la tierra vislumbrais un globo luminoso de luz variopinta que pasa a elevadísima velocidad, en el interior de este globo hay un medio nuestro en relativo movimiento de vuelo, en los espacios internos de vuestro planeta. Así ha sido siempre en todos los tiempos de vuestra humana historia. La gama de colores que notáis, son los elementos atmosféricos excitados por el vertiginoso movimiento del globo magnético. Es verdad, sin embargo, que cuando la aceleración alcanza un fuerte poder de proyección nuestro medio queda invisible a vuestros ojos, pero no al poder de impresión de una película sensible a los rayos ultravioleta. Cuando tal movimiento disminuye al mínimo, la fluctuación de la energía luz se atenúa hasta que el medio se vuelve perfectamente visible. En todos nuestros aparatos, desde el más pequeño al más grande, existen las mismas, idénticas, características de la mecánica de los cuerpos celestes, de manera que en ellos nos sentimos libres como en nuestra casa y sobre un "cigarro" nos movemos libremente, como en una pequeña metrópoli, aun si la velocidad alcanza metas asombrosas incalculables para vuestro actual conocimiento científico. Una nave espacial nuestra de dos kilómetros de diámetro puede cubrir la distancia que separa vuestro planeta del planeta Marte en sólo 18 días, es decir en 432 horas.
Si la necesidad lo pide, tal tiempo puede ser notablemente disminuido con naves espaciales equipadas adecuadamente para viajes galácticos. En los espacios externos a vuestro sistema solar, nuestras astronaves practican la técnica de vuelo muy cercana al concepto de la teleportación.

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