
PERÍODO PRE ATLANTIDEO
Mientras tanto América meridional se había separado de África desde el extremo Sur (actual tierra de fuego) hasta las alturas de Angola (África) siguiendo todavía unida por las tierras de Brasil con el actual Congo Francés y Venezuela y Guayana (América del Sur) con las tierras de Senegal, Guayana francesa, Liberia, Costa de oro y Nigeria (África).
Los islotes Lemures desaparecían, para siempre, bajo las aguas. Los abismos se volvían, cada vez, más anchos y más profundos, mientras las aguas irrumpían copiosas e impetuosas del Sur hacia el Norte.
Todavía pasaron miles de años y los pueblos de piel color oro se habían aventurado, cada vez más hacia el Sur penetrando en las ilimitadas y desconocidas tierras del Alto Atlántide (hoy Océano Atlántico del Norte).
Otro tanto hacían los hombres de la nueva raza, hijos de los Lémures, vueltos fuertes y valerosos. Éstos fueron los más grandes en ciencia y arte y su piel no era ni negra ni rojo oscuro sino, mas bien, color cobre. Éstos, provenientes de América Central y Meridional salian hacia el Nor-Oeste alcanzando, también ellos, las inmensas praderías desconocidas de la Atlántida Central (Hoy Océano Atlantico Central). Los pueblos se desplazaban rápidamente con la esperanza de encontrar mejor fortuna. Desde el actual México, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Venezuela, Guayana, Brasil, multitud de pioneros partían a la aventura.
Así, los hombres de piel color cobre, fueron los primeros en alcanzar África explorando una gran franja de tierra del Continente Atlantídeo.
Alcanzaron las costas de África (Río de oro y Marruecos) hasta tocar las costas de Angola bañadas por el creciente mar Atlantídeo. Pero aún quedaban por explorar inmensas extensiones de tierra, riquísimas en vegetación, estando ésta formada por hundimientos profundos que del Sur iban hacia el centro, hasta la actual Terranova, Inglaterra, zonas primitivas de los pueblos de piel color oro.
Más al norte, la gélida Groenlandia, todavía unida a las tierras del alto Canadá y de Escandinavia que hacía de dique natural a las apremiantes aguas del Norte. A medida que los pioneros del pueblo rubio se adentraban más hacia el Sur y hacia el Norte de Europa, los de piel color cobre se extendían, cada vez más, en todas las direcciones de la gran Atlántida, dirigiéndose hacia el Nor-Oeste.
Aquella inmensa tierra, la más rica de todas las tierras del mundo sobre la que pesaba un trágico destino, fue meta de encuentros entre las dos razas desconocidas: rubia y cobriza.
Acontecieron tumultos, guerras, sumisiones. Pero un gran ser surgía del cruce de las dos razas: El Atlantídeo, físico robusto, color rojo ligeramente sobre el rojo-moreno. Alto, de inteligencia sobresaliente y de capacidad sorprendente: Había nacido el REY de los REYES en un nuevo Paraíso Terrestre. De la evolución de esta nueva raza nació la más potente generación que la humanidad recuerde.
Cuanto digo en esta página parecerá una fábula y yo deseo que así quede ante vuestros razonamientos.
Durante el período pre Atlantídeo, numerosos medios provenientes del Cielo Astral se posaron sobre algunas alturas. Tenían forma de huevo luminoso como el sol.
De estos medios salieron seres de belleza indescriptible y con capacidades excepcionales.
Poseían virtudes mágicas y se decían "HIJOS DEL SOL".
Fueron ellos quienes instruyeron, en el arte divino, a los Atlantídeos y fueron ellos los que volvieron potente aquel pueblo.

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