
PERÍODO PRE LEMURIANO
El Geoide había retornado a su normal rotación alrededor de su nuevo eje, manifestando la normalización completa del equilibrio de su masa.
Pasaron milenios y milenios.
Recomenzaba así el Séptimo desarrollo de su vida.
Los pueblos crecían y si en un primer tiempo se mostraban reacios a dejar las grandes alturas, en donde sus Antepasados habían encontrado refugio y salvación, transmitiendo de generación en generación la terrorífica historia de los apocalípticos acontecimientos, las necesidades de avanzar a otro lugar indujeron a los más audaces a bajar al valle, que las aguas ya habían dejado libre, en gran parte. Algunos se atrevieron hasta alcanzar las orillas del mar. Las noticias de mejores lugares climáticos y de abundante riqueza vegetal y animal llamaron la atención de todos y, olvidándose de las antiguas tradiciones, abandonaron las altas montañas para construir mejor vida en los ricos valles de la tierra.
Así comenzó el período prelemuriano que marcó, para la naciente nueva humanidad, el retorno a aquellos principios de progresos generales que luego debían, a través de milenios y milenios, alcanzar el nivel de nuestros tiempos.
El período Prelemuriano marcó una característica arquitectura mastodóntica.
El temor había estimulado, aún, un atávico recuerdo. En ellos no se había apagado la escena apocalíptica y construyeron las grandes ciudades protegidas por enormes murallas e Idolos mastodónticos como queriéndose preservar de una sucesión de malos acontecimientos.
Los pueblos de piel color rojo oscuro se extendían, cada vez más, hacia las costas de América Sud-Oriental y Sud-Occidental, mientras la raza de piel color oro se encaminaba hacia Europa central y occidental; otros grupos hacia América Septentrional y oriental. También el pueblo de piel color bronce y el de color mimosa se extendieron en los diferentes territorios que circundaban las alturas.

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