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NOTIZIE SULLA REALTÀ EXTRATERRESTRE  -  NEWS ON THE EXTRATERRESTRIAL REALITY
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[Aquila]

25 DE MARZO DE 1952

Escribiendo esto que escribo, no es pasatiempo ni exhibicionismo.
En tales tiempos graves y duros es cosa del todo inoportuna hacer uno y el otro arte.
Todo lo que este escrito contiene está dictado por una Lágrima de Dios venida sobre la tierra: solamente Su Voz. Y quien lo quiere creer, lo crea; yo sólo pongo la pluma, el tiempo y la invitación a leerlo.
Todavía antes de que yo encontrase esta Resplandeciente Lágrima de Dios, no menos que los otros jóvenes de mi edad era irreflexivo y estaba rebosante de fascinación por las cosas terrenas, era, en suma, bien diferente de como hoy me siento.
Recuerdo la fecha exacta del encuentro, 23 Marzo 1951, dos días antes de mi cumpleaños. Era un tibio día del inquieto mes de marzo y caminaba tranquilamente por una calle de mi ciudad natal, Catania. De repente tuve un extraño presentimiento: Alguien me seguía, buscaba de un modo, del todo extraño, hacerse sentir. Estremecimientos fríos me pasaron por todo el cuerpo, mientras una voz me decía:
"Yo soy una Lágrima de Dios y mi nombre es BHARAT".
El susto que sentí nunca pude demostrarlo, ni puedo decir como, desde entonces, yo no he vuelto a reencontrar la personalidad de antes. Intentaba, por todos los medios, distraerme pero todo resultaba inútil.
Me había vuelto diferente, me había vuelto otro, guiado por una fuerza misteriosa, pero infinitamente cuerda y sabia. Pasaron tantos días y tantas noches privadas de reposo, mientras la voz me decía:
"No te asustes por lo que sientes. Eres tu el designado por el Sacro Colegio de las Siete Estrellas que son los Siete Espíritus de Dios. Tranquilízate, esta es tu misión y el tiempo ha llegado".
Todo el día era una continua exhortación y nunca, desde entonces, he cesado un solo instante en la instrucción de la Divina Sabiduría, de lo inconocible y de lo conocible, del bien y del mal, de todo cuanto está sepultado en la noche de los tiempos.
Y bien, el susto pasó y ahora me siento extremadamente feliz de haber superado la prueba más tremenda de esta experiencia mía porque, es cosa difícil de creer, para mi, no hay espacio ni tiempo y en verdad, creedme, podría tocar el último de los Cielos con el desdoblamiento de mi personalidad.
Ahora deseo seguir siendo aquel que me he vuelto y me sentiría desesperadamente perdido si aquella Voz cesase dentro de mi.
Esta es como el perfume de una flor de loto perdida en un rosal de la Eterna Luz, en donde el canto de bienaventuranza hace feliz el sueño eterno de los esplendores espirituales.
Me sentiría verdaderamente perdido, si fuera, solamente un instante, diferente de como hoy soy.
Sólo poseo una pobre cultura elemental, fácilmente identificable por la forma de escribir, pero esto tiene poca importancia y la Lágrima de Dios así se expresa:
"El arte terreno no es semejante al arte Divino; lo que más importa es conocerse mejor a si mismo, pensando bien y actuando óptimamente".
Además, dice todavía:
"Quien no habla con la silenciosa Palabra del espíritu, nunca podrá conocer y comprender la gran dificultad que encuentra aquel, o aquella, que quiere traducir la palabra del silencio en palabra tronante".
Hoy, para mi, no existen dificultades de ninguna clase. Ya no hay secretos. Escuchad lo que os cuento, manifestando, a priori, a los escépticos (que yo defino criaturas sin culpa), el deseo de que un día puedan, también ellos, comprender cuan útil es tener fe y obediencia a aquellas cosas espirituales que, como la Lágrima de Dios, no se ven y ni siquiera se tocan y que al lado del Omnipotente son más conscientes y más próximos de cuanto no lo somos nosotros con toda nuestra apasionada fe.
Un día, y para ser exacto el 7 de agosto de 1951, cerca de una localidad llamada Monte Po, en Catania, recibí de Bharat (la Lágrima de Dios, mi Maestro) esta interesantísima declaración que me quedó eternamente en la mente, (cosa un tanto extraña, porque mi memoria, sólo poco tiempo antes de tal hecho, estaba ausente) y que escribí inmediatamente, al llegar a casa. La narración comenzó así:
"Este mundo que os nutre y os contiene no es libre de operar como el quiere. Este sigue escrupulosamente aquellas leyes Universales que gobiernan el desarrollo y, por consiguiente, las causas y los efectos de su crecimiento. Es verdad que el mundo es bien diferente de toda cosa que en él vive, por su naturaleza cosmológica y por el tiempo con el que se mide su existencia. Para vosotros, un año está compuesto de sólo 365 días, un tiempo bastante breve ante el Cósmico que cuenta con 25.000 años terrestres; una eternidad ante el instante fugitivo que es vuestra vida.
Pero esto es mínima cosa para poder comprender la diversidad y, al mismo tiempo, la gran importancia de aquel principio indestructible y eterno por el cual, cada cosa, del mineral al hombre, se desarrolla decididamente en la gran obra Universal.
Hoy estamos en el final de la 7ª generación humana (donde el antiguo de los días te ha dicho que serías renacido) que completa la sexta convulsión anímica planetaria en cumplimiento del 4º ciclo cósmico o raza madre terrestre.
Ahora, el mundo desde 2.699.999.951 años recorre el sendero de la evolución acercándose, cada vez más, hacia su séptimo desarrollo. Muchos escépticos, bien lejos de creer las proféticas voces de los enviados, quieren desconocer la fatal fecha del 2000. Di, a éstos, que en los tiempos remotos muchos se salvaron por haber tenido fe y por haber creído a la voz del alma.
En el año 2000 este mundo cumplirá 2.700.000.000 de años y, puesto que tal crecimiento es crítico, aportará graves acontecimientos así como acaeció hace 99.999.951 años, al cumplirse el sexto desarrollo.
Y ahora escucha y medita porque esto que yo te digo acaeció en aquel lejano tiempo:
la tierra y todos los otros planetas, excluidos los satélites, son como realmente, hoy, los hombres piensan, nacidos del Sol; pero en realidad nadie sabe como éstos, salieron fuera de las vísceras solares, ni tampoco saben como, a su vez, se formaron sus satélites.
Pero, puesto que tal argumento vendrá discutido otra vez, digo solamente aquello que concierne al tiempo en el cual vi a vuestro mundo vacilar como una hoja al viento.
En aquel tiempo la faz de vuestro mundo era bien diferente de como hoy aparece a vuestros ojos. Imaginad el mundo de 2.600.000.000 años girar alrededor de un eje que tenga en los polos actuales, el Monte Everest al Norte y las tierras del altiplano Boliviano al Sur.
De tal imaginación podéis bien comprender cuan diferente era su faz, en aquel tiempo, así como sus lineamientos, antes de que se verificase el gran cataclismo que lo debía mutar completamente.
Es verdad que os resultará imposible vislumbrar el gran y civilizado continente MU-TOLTECA que fue cuna de la más potente raza humana de piel color rojo oscuro, ni siquiera podréis daros cuenta de otro continente en donde los hombres de piel color mimosa vivieron felizmente y poseedores de todas las conquistas de la ciencia. De este último todavía queda algo ante vuestros ojos.
El gran continente CIA - las actuales Borneo, Filipinas, Sumatra - no son otra cosa que las vértebras retorcidas y quebradas de aquel inmenso pedazo de tierra, entonces pobladísima, próspera en el arte y en las ciencias. Y finalmente la infeliz suerte de aquel otro continente en donde los pueblos de piel rubia vivieron también, en la más estupenda de todas las tierras del mundo, la historia de todas las artes Divinas.
Groenlandia y gran parte de las islas del alto Canadá os dicen cual fue la gélida agonía del inmenso continente desaparecido bajo el manto del blanco reposo.
Sumariamente esta era la ántica faz del mundo de hace 99.999.951 años. Pero como todas las cosas del Universo y por aquella infalible Ley que gobierna y rige el desarrollo y, por lo tanto, el cambio que se contempla en el ascenso evolutivo, el mundo no podía sustraerse, de ningún modo, a tal fuerza que supera todas las cosas creadas, así como nosotros no podemos sustraernos, aún deseándolo, a aquellas Leyes que regulan nuestro desarrollo y, por tal causa, a aquellos cambios que nos hacen grandes, inteligentes y que modifican nuestra naturaleza física. Pero mientras en nosotros las convulsiones más criticas del crecimiento acaecen en ciclos de tiempo que van de siete en siete años, bien diferentes son las convulsiones en setecientos millones, divididos en otros tantos ciclos septenarios de menor intensidad emotiva.
De hecho, lo que sucedió en aquel tiempo fue causado por una convulsión principal de un ciclo septenario de su cosmológico desarrollo.
Para demostraros en modo aproximadamente científico su convulsión, he aquí un pobre, pero rápido ejemplo:
Imaginad ver a un niño que se divierte inflando, con una paja, una burbuja de jabón. Esta, por efecto del soplado se infla y a medida que el niño sopla, se dilata continuamente alargándose por las dos extremidades, tomando una forma, más o menos, oval; pero imaginaros lo que sucede cuando el niño, por un momento, deja de inflar la pompa de jabón, ahora grande y muy oval; la pompa de jabón se contrae para asumir la forma esférica, mientras toda la superficie es obligada a moverse desordenadamente para adaptarse a un nuevo eje y por consiguiente a un nuevo equilibrio.
Imaginad esto que, como ejemplo, os he demostrado, y si podéis, sin terror, sustituir la pompa de jabón por nuestro gran mundo.
Evidentemente también quisierais saber como esto sucede para el mundo.
Y bien, puesto que tal argumento es muy extenso, me limito a deciros:
El crecimiento o, como querráis, el desarrollo del mundo es de naturaleza cosmogónica y por tal motivo no se puede demostrar tan simplemente como se pueda imaginar.
Pero, las visiones que todavía se eternizan en el espacio inmortal del inmenso mundo espiritual, han quedado más que nítidas, en el alma trascendental de la humanidad.
Los acontecimientos remotos no se desgregan de aquel cuerpo que aún siendo invisible y en gran parte incomprendido, queda siempre impregnado de una capacidad conservadora bastante más potente y duradera de cuanto se pueda creer.
Buscar los testimonios suficientes para acreditar tales revelaciones, son esfuerzos vanos para aquellos que rehuyen la realidad del valor del espíritu. Y yo, que nunca he huido al orden interior de la conciencia atávica, me he sentido envuelto por aquellas misteriosas capacidades que me han dado, el amor al silencio. Es por esto, que no ceso, un solo instante, de sentirme feliz y de comprender y amar, más que nunca, el valor de la vida.
Los Antepasados, los Iniciadores del camino de esta humanidad, conocieron el tiempo más grave de la historia del mundo.
Ninguna criatura nace de las vísceras de la tierra y aquellas que por primera vez vieron el mundo, no brotaron ni de las aguas, ni de las vísceras de la tierra sino que vinieron de un mundo que hoy contemplamos con vigoroso amor en lo alto del Cielo.
Y para dejar tal argumento que poco se acopla al discurso comenzado, retornamos al primero interrumpido. Decía que la naturaleza de nuestro mundo es cosmológica y sus leyes son totalmente diferentes de aquellas que gobiernan nuestro crecimiento, nuestro movimiento, nuestra nutrición y nuestros sentimientos.
Nosotros nos agitamos en nuestros sufrimientos físicos y, a menudo, después de las angustias que aporta el crecimiento, nos olvidamos fácilmente de aquello que habíamos sufrido. Nos sentimos más altos, más gordos o más delgados, en suma, nos vemos diferentes, el crecimiento aporta precisamente esto en nosotros y en todas las cosas que están animadas.
Y bien, también esta gran bola, que nosotros llamamos mundo, sufre las angustias del crecimiento y, no menos que nosotros, se agita en las convulsiones de su naturaleza, cada vez que alcanza un punto crítico, su ciclo principal. La idea de los efectos apocalípticos que se manifestaron en el pasado, cuando la convulsión alcanzó el máximo de su emotividad, es terrorífica, tan terrorífica que anula completamente nuestro mísero e insignificante orgullo. Imaginad, para poder daros cuenta del desplazamiento del eje magnético de la tierra, cuanto yo os expongo como pueril ejemplo:
Imaginad un gran recipiente elástico de forma esférica de 50 metros de alto y cuya circunferencia mida 5 kilómetros. Imaginad, todavía, que dentro de este recipiente y en toda su superficie contenga agua con una altura uniforme de 10 metros y sobre ella floten 3 grandes cuerpos de forma geométricamente diferente y que sobre la superficie miden 8 metros de alto, mientras sus bases móviles apoyan sobre el fondo del recipiente, retenidas por una fuerza magnética. Imaginad, todavía, que estos cuerpos de naturaleza maleable (plástico) sean diversos, uno de forma triangular, otro rectangular y el último cuadrangular y con la superficie plana, distantes uno de otro 500 metros.
Ahora pensad que este gran recipiente gire alrededor de su eje central con una velocidad considerable que obligue al recipiente a dilatarse sensiblemente y a provocar, al mismo tiempo una lenta deriva de los tres cuerpos en direcciones opuestas.
Pensad todavía que por efecto de la rotación el recipiente se ha agrandado de unos dos kilómetros de circunferencia y que los cuerpos flotantes y las aguas, en este contenidas, han encontrado un punto de equilibrio tal que se mantengan distantes y aparentemente inmóviles.
Ahora, pensad finalmente a una causa X que produce el desplazamiento del eje sobre el cual el recipiente giraba, con la consiguiente pérdida de su adquirido equilibrio, provocando también la inmediata contracción por efecto de la pérdida de la dilatación alcanzada a causa de la rotación.
Imaginad el caos del agua y de los cuerpos en ella contenidos: los efectos son imaginables, sin comentarios, puesto que son comprensibles para todos. De hecho los cuerpos que, por efecto de la dilatación, se habían liberado, en gran parte, del agua, emergiendo la parte sumergida en estado de quietud, se han encontrado de nuevo sumergidos, además de haber sido completamente invadidos en toda su altura por efecto del movimiento desordenado de las aguas, además de haber chocado un cuerpo contra el otro produciéndose tales compresiones capaces de modificar sus figuras geométricas y aportar levantamientos en sus superficies por efecto de las compresiones.
Este caos duró el tiempo necesario, hasta que el recipiente elástico se asentó nuevamente sobre un nuevo eje y por consiguiente bajo un nuevo equilibrio. ¿Pero quién ha pensado, alguna vez, que los continentes hubiesen podido sustituir a las tres figuras geométricas del recipiente?. ¿Quién ha pensado sustituir las aguas del recipiente por los mares de nuestro mundo?
Es terrible pensarlo y lo ha sido ciertamente, también, para San Juan cuando vió que las islas se movieron de su lugar, etc., etc.
Pero la deriva de los continentes no puede seguir siendo un secreto, ni quedará secreta la historia de la Atlántida, de Mu, de Ciá; continentes desaparecidos en la colisión de las fuerzas de la naturaleza en un movimiento apocalíptico.
Los espantosos, terroríficos efectos no han quedado privados de historia y nuestros antepasados bien se cuidaron, de no volver al valle durante larguísimos milenios.
Los lamentos del mundo, sus sufrimientos no se midieron en nuestro tiempo, ni se aliviaron tan fácilmente. La espantosa contracción de toda la superficie del Globo provocó efectos de indescriptible alcance, tal que mutó radicalmente la posición de los mares y de los Continentes.
El eje sobre el que la tierra giró durante millones de años, se desplazó de Norte hacia el Sud-Oeste (Himalaya, Asia) y el Sur hacia el Nor-Este (Altiplano Boliviano, Sud América).
Gran parte de los continentes se volvieron un bloque homogéneo de corteza espantosamente retorcida y comprimida por el titánico choque. Los mares en confuso movimientos sobrepasaron y cubrieron gran parte de la superficie terrestre. Las zonas que más sufrieron el inmenso choque y las espantosas compresiones han quedado para el tiempo futuro como efigie real del terrible caos apocalíptico.
Grandes montañas se formaron e inmensas tierras submarinas emergieron a la luz del opaco sol.
Los Alpes, los montes Urales, los Alpes Escandinavos, los Altiplanos de Asia menor, de Irán, del Cáucaso, hablan el mismo lenguaje; mientras más cosas nos dicen las altas montañas de Himalaya en donde el choque tuvo los efectos más tremendos, tales de reducir a pedazos gran parte del grande y poblado continente Ciá. Bien poco ha quedado y las actuales islas Sonda, Filipinas, Borneo, Sumatra, etc. todavía son, hoy, el cuadro real de las vértebras quebradas y retorcidas del gran y civilizado Continente destruido.
Pero, no fueron menores las grandes elevaciones que se verificaron, en aquel trágico cataclismo, en zonas de América del Sur, de América del Norte y de África.
Todavía hoy, nos aparecen, mudos, envueltos en el misterioso encanto que sabe de misterio y de terror. La gran y majestuosa Cordillera de los Andes en occidente y los altiplanos del Brasil, a Oriente, hablan al mudo observador del tiempo.
En América del Norte, Altiplano de México, Altiplano de Utah y las Montañas Rocosas, se muestran, también ellas, meticulosamente misteriosas, mientras en África oriental, en el místico país del Antiguo rostro, las alturas Etíopes, de Kenia, de Tanganica, todavía están allí con todo el prestigio de su fuerza. Y todavía en África Occidental tenemos el Altiplano de Bihé (Angola), el monte Camerún, el alto Atlante al Nor-Oeste y el Gran Atlante.
La masa ígnea del Geoide furiosamente turbada en su quietud, también tuvo su parte en las formaciones montañosas y volcánicas, por la enorme presión por ella ejercida sobre toda la extensión de la corteza terrestre.
Pero el mundo, aunque diferente en la faz y en los miembros, inicia su nuevo camino evolutivo en el sendero de las Leyes Macrocósmicas del Universo. La aterrorizada humanidad de entonces, diezmada por la indescriptible fuerza de la naturaleza, golpeada sin poder darse cuenta por un flagelo apocalíptico de un alcance catastrófico excepcional, inició el duro camino de la sobrevivencia, consciente interiormente de una historia que nunca el mundo y las generaciones futuras podrían borrar del espíritu.
El camino se volvió más duro que nunca porque el Geoide, en ajustamiento, todavía movía sus miembros, ahora levantando, ahora extendiendo su dura epidermis.
El mundo iniciaba su nuevo camino girando alrededor de su nuevo eje. El nuevo equilibrio le permitía iniciar, aún cuando lentamente, el efecto de la dilatación. Su esfericidad se iba, agrandando en el centro. Las aguas, que en un primer tiempo, reducidas, fueron obligadas a invadir e inundar gran parte de la corteza terrestre, poco a poco se iban retirando.
La expansión se realizaba de modo racionalísimo. Las masas de los inmensos trozos de tierra que se habían vuelto una homogeneidad confusa y retorcida, por los efectos de la recíproca compresión, se extendían, también ellas, alejándose y creando, así, enormes abismos y hondonadas.
Las aguas, aprovechando, se precipitaban en los puntos más bajos, dejando las zonas más altas.
En tanto, mientras todo se asentaba y todo retornaba al nuevo camino, otra amenaza se perfilaba en el horizonte.
Los nuevos Continentes que durante millones de años llevaron el gran y pesado manto blanco de los glaciares, emigrados hacia el Ecuador, por efecto del desplazamiento del eje terrestre, comenzaron a desprenderse del pesado fardo. El cambio de temperatura ya no permitía la posibilidad de vida a los glaciares. Se verificó, entonces, una nueva catástrofe. Los glaciares comenzaron a derretirse, abriéndose camino a lo largo de las pendientes y colinas, trazando vastos canales naturales (Meandros), formando lagos y provocando una espantosa inundación.
Fue como un gran diluvio inundador y amenazante. Mientras esto acaecía en los continentes emigrados hacia el Ecuador, otra suerte les tocó a los mares y continentes que, por el mismo efecto se encontraron hacia los casquetes polares: el frío y el blanco hielo los comprimieron, quién sabe por cuanto tiempo, en un cepo gélido.
Mientras tanto, el Geoide se impulsaba, cada vez más, hacia una normalización, mientras el alba de la nueva humanidad se iniciaba con los salvados de las catástrofes, en las más altas montañas del mundo, en inmensas cavernas con la última esperanza de sobrevivir.



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