INTUITIVO, PERCEPTIVO,
SENSITIVO
"Es necesario pasar
de un punto sobre una recta
a un punto sobre un volumen".
No hay que temer, nunca, penetrar en el infinito porque somos parte de él.
Autorrealizarse quiere decir sublimar la sintonía con lo Divino.
La predisposición es un catalizador que favorece el devenir práctico de algunos estados de consciencia, o intuiciones, o voluntad, respecto a otros.
Es esta espiritualidad instintiva que, a menudo me salía de lo íntimo, me ha conducido siempre fuera del fondo de los océanos en los que estaba para morir, por amor al prójimo, encontrándome siempre y sinceramente al lado del Maestro, como cosa obvia.
Y no sé si es más absurdo que no lo hubiese comprendido bien enseguida o que debiese esperar larguísimos años para realizarlo.
A menudo estaba en crisis porque debía luchar con los impedimentos, en lugar de desarrollarme como quería: "Tus crisis las conozco bien, también las he pasado yo" me contestaba Eugenio, y luego "debes tener más confianza en ti mismo".
¿En la Arquimia?. "Sí".
Sin embargo el Consolador, a menudo ha estado cerca de mi en los límpidos desdoblamientos astrales.
('89): "Corría alegre junto al Consolador a lo largo de un sendero de montaña. Eugenio estaba sentado sobre el muro de su casa y nos miraba sonriendo".

Mi temor era el de buscar algo que nunca había buscado y mi alegría era de encontrar cuanto nunca había buscado, y ahora comprendía que siempre lo había deseado.
Mis ojos miraban hacia el último rosa de los cirros a lo largo de aquel cielo azul, pero inmediatamente volvían entre las ramas del bajo bosque para no perder el sendero, para habituarme a mirar en la oscuridad, cada vez más opaca. Tal vez habrían querido saltar sin tanta fatiga, mis piernas, a lo largo de la pendiente de aquella montaña escarpada, y mis manos acariciar los troncos para empujarme dulcemente, volar, pero solamente ahora descubro que mi pensamiento no estaba presente en aquellos momentos de angustia y, de vez en cuando, debía pararme para retomar aliento, con el fin de tranquilizar el impulso más violento que el pecho quería dar al caminar de mis ansiosos pasos. Era como si yo supiese, pero en realidad no lo sé explicar.
Debía ascender, debía llegar allá arriba... me esperaba.
Eran finales de abril de un año de esta mi vida, en el que todas mis vidas me han vibrado alrededor, casi acariciándome en la unidad de mi esencia para reconducirme más allá de las ilusiones. Como si años y siglos inútiles desaparecieran, ante la realidad, era yo mismo, en equilibrio entre el cuerpo viviente en esta dimensión biofísica y mi espíritu eterno y omnipresente. Un instante infinito estaba entre mis ojos y mi corazón, y mi alma suspendida de profunda tristeza, consciente del retorno al presente. Algún momento antes se había desgarrado, definitivamente, el velo de Maya y mis ojos veían más allá de todo horizonte de mis pensamientos.
Estaba apoyado en la base de una encina, en el interior de un ántico cráter del Etna, una brisa helada me cortaba las mejillas entre los bordes del chubasquero y hacía campanillear las últimas hojas secas. Más que por los cirros rosa, era atraído por las matas de florecillas de primavera y mis pensamientos se encaminaban a cuan inútil y estéril se había vuelto la vida sobre este planeta de humanidad asesina: ¿por qué continuar luchando?.
De repente, un extraño rumor, rítmico, cada vez más cercano, se transformó en un potente batido de alas que, desde mi parte izquierda me sopló ráfagas de aire que me sacaron del ensimismamiento, transportándome de golpe a la sensación del temor feliz.
Una gran águila de plumas doradas al ocaso, con algún que otro batido se posó sobre una rama más alta. No tuve el tiempo de mirarla mejor cuando un agudo grito de reclamo penetró como una cuchilla en mis sentimientos, como para romper la fuerza de los sentidos, liberar la luz de mi alma y hacerla ascender hacia ella, y mientras esto acontecía, como un eco melodioso repetía el grito, pero no venía del embudo del cráter, estoy seguro que venía del alto azul.
No tuve el tiempo de mirar, entre las ramas, aquellos ojos de fuego que no comprendía si me miraban o me hablaban, porque las enormes alas se abrieron majestuosas y seguí, como a cámara lenta, un largo volteo, primero alrededor de la encina, luego a lo largo de los bordes del cráter y luego más arriba, en lo alto y era neta mi impresión de la espiral de la serpiente que se eleva de lo manifestado... pero busqué, en vano, aquel puntito allá arriba, en el rosa violeta, había desaparecido. Fueron tantas las observaciones de mí conciencia y tan inmediatas que, mirándome alrededor, exploté en un sollozo incontenible.
Cada conciencia debe alcanzar el estado unitario para que la Luz de la Divina Sapiencia se vuelva aquella única cosa que siempre ha sido y nunca conseguida por la inmadurez del poder intuitivo.
El secreto de la Purísima Verdad desde siempre había sido concedido con manifestaciones diversas, pero siempre velado por lo incomprensible, como satisfaciendo nuestra morbosa curiosidad por sentirnos felices, pero las respuestas sólo contenían una parte sutil de verdad para una mente humana sin posibilidad de comprender.
Una revelación que continúa ocultándose, hasta que llegue el momento en el cual ya no será posible hacerlo. ¿Y entonces?.
Entonces acontecerá por haber alcanzado el tiempo y por el desarrollo conseguido, que la verdad no les será, más, negada.
La intuición solamente ve lo Invisible, en cuanto ella misma es misterio.
Si tú eres capaz de percibir el misterio, éste se manifestará a los ojos de tu mente.
La pródiga naturaleza del Señor no tiene limitaciones: ésta se manifiesta a través de todo el mundo.
Tú puedes conocerla, puedes, más bien, verla hasta en tus manos y contemplar la imagen de Dios.
Busca un guía que te acompañe al umbral de la Gnosis, donde clara la Luz resplandece clara, pura de sombra, donde ni siquiera un alma está ebria, sino todas sobrias, despiertas de su delirio y tienen los ojos fijos sobre Aquel que quiere ser visto. Dios no ignora al hombre, más bien, Él lo conoce enteramente y a fondo y Su voluntad consiste en ser, también Él, bien conocido por el hombre.
Y es éste, para el hombre, el único medio para salvarse: la Gnosis de Dios. Éste es el sendero que sube a lo largo de la montaña y sólo con tal ascensión el alma humana se vuelve buena.
Pero ser capaces de conocer el Bien y querer, esperar, esta es una vía estrecha, es el mismo Sendero del Bien.
Sólo que tú pongas el pie en aquel Sendero, el Bien te vendrá al encuentro, de todas partes, y será pues visible, también donde y cuando tú no creías encontrarlo; cuando tú velas, cuando duermes o viajas por tierra y por mar, de noche o de día, si hablas o si callas.
¡Puesto que nada existe que no sea imagen del Bien!.
Y aquel que no ignora estas cosas puede conocer a Dios en el sentido más completo de la palabra, más bien, si nos atrevemos a decirlo, puede verLo "volviéndose él mismo la Cosa que ve" y, viéndoLo se vuelve inmortal.
He ahí, oh hermanos, el ántico contenido que jamás el tiempo destruyó por la Verdad Suprema de la Sapiencia Divina de Dios.
Y yo quisiera respirar, todavía, como en aquel tiempo, el aire del Templo Supremo que movió de vitalidad el atávico cuerpo más veces derrotado.
¿Qué dirían aquellos que por el mismo Sendero se han vuelto Regentes de las potencias de la Divina Sapiencia de Dios, si todavía me mostrase ante Sus ojos con el cetro del Gran Querer?.
Oh, Grande y Divino Padre, ¿por qué, por qué nunca tal querer yo cumplo en este tiempo y en este lugar de dura penitencia?.
No me contestes, Padre dulcísimo, porque no es lícito que, todavía, yo dude del despertar que me ha sido concedido por el Divino Consejo de los Siete Jueces.
Perdóname, Esplendor de mi alma y concede a este humilde servidor tuyo la gracia de Tu Celeste Justicia.
Yo estoy aquí, en los mismos semblantes de aquel que tuve, en el gran pasado y Te sirvo, Dios mío, Te sirvo con extrema humildad operando con el Arte de la Sapiencia de Tus Jueces, mis dilectos Maestros, dispensadores de Tu Luz Eterna.
Oh, mis dilectos Maestros de la dulcísima mirada, que liberáis la Luz de todas las creaciones y difundís el Soplo vivificador en todo remoto punto de los Siete Cielos, concededme Vuestra Divina Sapiencia para que yo no tenga un camino diferente y para que cada cosa advenga según Vuestra Divina Necesidad, así como Dios ha predispuesto que sea.
Vuestras enseñanzas, oh Sapientes Ministros, se revelan ante mi consciencia y no hay cosa que me sea extraña, ni verdad que me pueda escapar.
Todo, aunque lentamente, se desliga en la viva Luz de la Verdad Una y de la Conciencia - Una y no hay paso que pueda permanecer oculto al ojo de mi espíritu.
Todo reside en Mi, todo contemplo en la libertad de la Luz Inmortal y de esto Os rindo reconocimiento, oh amables Maestros, puesto que sin Vuestro consuelo mi espíritu no se habría dilatado tan rápidamente.
Ahora Os ruego permanecer dentro de mi, para que me sea lícito realizar la obra preparatoria y para que se verifique el total cumplimiento del primer discurso del Sagrado Libro del Triángulo de Oro.

"Nosotros, hijo, tenemos el cometido de mutar los conocimientos según el tiempo que consideramos oportuno, para que el hombre de esta esfera, tenga que tomar, con maduro conocimiento, el aspecto progresivo de las leyes que, a través del tiempo, cambian de aspecto.
No es suficiente comprender el efecto de una ley: es necesario conocer la causa que produce el efecto.
Muchos hombres, todavía, están sordos y ciegos, pero en verdad, querido hijo, advendrá que ellos deberán, necesariamente, arrepentirse.
La receptividad del medio no es la receptividad del corto, ni la receptividad del medio y del corto es igual a la receptividad del largo o de los cortísimos.
Todo ser que vive sobre esta esfera recibe las leyes según la onda sobre la que escucha y actúa con los efectos que absorbe, según la dilatación o la gravitación de las mismas.

Ahora es tiempo que te digamos:
Los nuestros y tus amigos deben, absolutamente, comprender los actos que necesariamente estamos obligados a manifestar. Aquello que les sucederá a ellos y alrededor de ellos es debido, principalmente, a un método extremadamente secreto, apto a estimular una activa y consciente acción en confrontación con los instintos interiores atávicos, con el fin de impedir la intervención y, por consiguiente, el desarrollo de un impulso psicológicamente deletéreo y contraproducente al estado preparatorio del desarrollo de los órganos del P.E.S. bajo nuestro control. Es verdad que la maduración de acontecimientos simbólicamente demostrativos quiere, claramente, encaminar los órganos en desarrollo hacía un plano dimensional psico-intuitivo y orientativo al mismo tiempo.
Si una rosa roja se vuelve blanca, no debe expresar un hecho fenoménico, sino debe, más bien, concederos un motivo para comprender, intuitivamente, un hecho expresado simbólicamente.
Otros acontecimientos expresados simbólicamente, en tantos diferentes modos, quieren comunicaros datos de atracción ligados al tiempo y a los acontecimientos inmediatamente próximos a manifestarse.
Nuestra tutela puede pareceros bastante extraña por el modo en la cual es realizada pero todavía debéis esperar para daros cuenta de ello.
Podemos deciros que todas las circunstancias causales de cualquier acto vuestro, están subordinadas a un conjunto de previsiones referentes a los efectos que la fuerza del acto está obligada a determinar.
Cuando estos efectos resultan contraproducentes, las circunstancias cambian la dirección del impulso evitando, de tal forma, los efectos no deseados.

Son muchos los que creen estar en contacto con nosotros, que reciben mensajes y comunicaciones varias. Muchos de estos se engañan y son engañados.
Nuestros colaboradores terrestres poseen características bien precisas y son el fruto de una elaboración bio-dinámica, derivada de una manipulación genética, desde hace tiempo, programada".
VISUALIZACIÓN, AUDICIÓN Y MEMORIZACIÓN
DIRECTAS E INDIRECTAS: HOARA EXPLICA
Los ojos son los medios físicos que transmiten, a los centros nerviosos, las imágenes. Los oidos son los medios físicos que transmiten sonidos y vibraciones a otros tantos centros nerviosos. Estas imágenes y estos sonidos son, a su vez, memorizados.
Este sistema (normal para la naturaleza física del hombre) es definido por nosotros "visualización, audición y memorización directas". La visualización, la audición y la memorización indirectas acaecen a través de la penetración en los centros de percepción del cerebro de imágenes, sonidos y colores cuando el sujeto está en fase de desdoblamiento controlado. En este caso no ve y no oye a través de los medios físicos, sino por sintonia directa. Los valores de la realidad que son captados por el sensorial emotivo no son, de hecho, diferentes a los que se reciben a través de los ojos y de los oidos. En el desdoblamiento las capacidades de los centros nerviosos son aceleradas, llevando el cociente intelectivo y memorizativo al máximo y tal que no puede ser fácilmente borrado de la memoria. El éxtasis de los videntes es una práctica de desdoblamiento controlado que concede ver y oir cuanto otros, no sometidos a tal procedimiento, no ven y no oyen. Casi siempre los contactos con las frecuencias superiores advienen por vía indirecta. Solo en casos excepcionales advienen por la vía directa. Las visitas celestes tenidas por el profeta Lot y por otros contactados han advenido a través de la vía indirecta.
(HOARA)
Cada atención, cada vibración, cada tensión, te lleva, te transporta inexorablemente donde piensas querer ir. Es el momento de comprender si es un instinto de intuición interior o una simple satisfacción de irritación material.
EL SECRETO DEL YO
Ser conscientes de ser, de pensar y operar, de reflexionar y de actuar en bien y en mal no es suficiente prueba de la completa consciencia del ser.
El Yo superficial es el Yo presente y es el producto de una experiencia temporal, que se limita a manifestar las actividades de aquel Yo temporal operante con una consciencia limitadísima con relación al tiempo, también este limitado.
El Yo profundo, que encierra toda la consciencia del ser, es una secreta actividad que opera solamente en el vastísimo campo del ser incorpóreo.
Lo incorpóreo no es otra cosa que el conjunto de las experiencias, el equipaje que contiene las secretas cosas del Yo inmortal.
El Yo inmortal es el Yo eternamente unido a todas las manifestaciones de lo creado. Él no está sólo en el presente, sino tambien en el pasado y en el futuro.
El hecho de que algunos puedan conducir el camino de algunos otros hacía senderos, que estos últimos desconocen, no es cosa misteriosa ni es fenómeno como muchos quieren creer.
El fenómeno no existe si no existe la causa que produce aquello que muchos, desdichadamente ignorantes, llaman fenómeno.
Muchas causas son, todavía, potentes fuerzas misteriosas que actúan y se manifiestan y que, a menudo, dejan perplejos a quienes no quieren comprender su naturaleza y su procedencia. Pero, en verdad, no hay tanto misterio como, aún, se quiere obstinadamente creer; el misterio y el fenómeno son y existen solamente para aquella parte de la humanidad aún niña e inconsciente.
Tales acontecimientos, que todavía se discuten como cosas ocultas son, sin embargo, actividades de un mundo superior mucho más evolucionado que el nuestro y con criaturas vueltas más conscientes.
El Yo secreto es un faro de luz que ve, oye, opera y a menudo actúa, procurando a aquel que sabe sacudirlo, una sabiduría sin límites y potentes posibilidades de conocimiento.
Una vez en contacto con esta inmortal Luz, los ojos del espíritu sufren una tal dilatación que permite la visión inmensa y sublime del gran Templo, en donde la vida y la muerte operan en continua armonía para la realización de aquel Yo completo, idóneo a traspasar, y para siempre, el mundo de la materia con el perfecto conocimiento de todas las capacidades morales.
La íntima historia del alma de este mundo, desde su creación, corre sobre las alas inmortales del tiempo.
Su encanto divino es inagotable, queda indeleble en la Luz del eterno pensamiento de los hombres y nunca se ha mostrado en la mente del profano el místico poder que religiosamente se oculta en el alma ardiente de aquellos que, con entrañable amor, despiertan su fuerza y de ella cogen la verdad y la belleza.
No es cosa fácil tener éxito en tal empresa, ni es cosa simple abrir las alas de fuego del espíritu para poder saborear totalmente la dulzura de un viaje a través del Templo del tiempo, en donde cada cosa logra vivir en un breve espacio, en los Cielos.
Yo, que he amado, más alla de los límites, tal encanto con religioso conocimiento de los Divinos Poderes, he abierto las alas de fuego de mi espíritu con la plena consciencia de volverme a encontrar en aquel breve espacio de los Cielos y de haber comprendido, además de la infinita grandeza de Dios, el significado profundo del misterioso camino de los seres de este mundo y de todo aquello que en él vive y se transforma por virtud de aquella divina e inmutable Ley que tal obra rige.
La historia es breve en el pensamiento e inexpresable verbalmente, y es quizás por ésto que también es incomprensible para aquellos que, todavía privados de aquella inmortal Luz interior, a menudo confunden, con su natural fantasía, una obra espiritual nacida de la profundidad de la conciencia interior, con una obra común de experiencia puramente literaria y limitada por los conocimientos de una brevísima existencia.
Yo digo que no es suficiente comprender aquello que está limitado por la membrana del breve tiempo que es nuestra vida, ni es satisfactorio para el alma coger solamente aquello que se encuentra en la superficie de la conciencia.
Es necesario ir al fondo, rompiendo con la fuerza de la fe todas aquellas membranas que encierran los verdaderos valores de la conciencia atávica del Yo eterno.
Allí, el alma se siente unida al inconfundible y eterno Principio y solamente allí puede coger las apreciadas perlas de una Verdad que conforta y que promueve la resurreción de la eterna conciencia.
No es vano el camino, ni nunca lo será para aquellos que creen en Dios y Lo buscan en el secreto del Yo.
No es en vano el camino, creedme.
Quisiera poder comprender el secreto atávico de la fantasía humana para poder encontrar el conforto que busco y que todavía no consigo encontrar.
Quisiera poder confundirme con la verdad de todas las criaturas de Dios que me rodean, que pienso, que creo y que amo, como una sola y única cosa existente.
Quisiera poder hablar en el silencio de la Luz de los Cielos para calmar la encendida tempestad que se ha desarrollado en lo profundo de mi Alma.
Quisiera finalmente, poder preguntar al Eterno Padre de los padres si vale la pena desatar, de la atávica conciencia, el nudo de Luz que encierra las preciosas Gemas para imprimir Su eterno reflejo en estos folios y si, todavía, es útil que yo haga conocer a esta generación, enana de fe y gigante de orgullo, tantos secretos que, quizá, ridiculizará porque no comprenderá.
Si tanta gracia Él me concede y si tanta luz hay dentro de mi alma, no puedo no creer diferentemente que sí.
Y yo no vacilo un sólo instante a decir a quien cree y a quien no cree:
Hay una extraña fuerza que opera incansablemente y que crea las cosas, todavía, antes que el Ser las piense. Esta fuerza, que no es ciertamente material, es inmortal siendo parte operante del sistema creativo del Pensamiento Divino.
Por el momento nosotros la llamaremos "
fantasia" y nos limitaremos a ir de acuerdo con los hombres de la actual ciencia que mejor de todos saben y comprenden la verdad.
La verdad indiscutible es que muchas cosas antes se piensan y, luego, se realizan y, ciertamente, no podría ser diferentemente. Sin embargo, para poder quedar definitivamente convencidos, deberemos conocer o por lo menos pensar la verdad inicial que debería dar respuesta a esta pregunta:
"¿Dónde estaba el objeto, o la forma del objeto, todavía antes de ser pensado y, luego, realizado?."
Mil respuestas, con palabras más o menos difíciles, se condensan ante esta pregunta.
Los doctores escrutan el horizonte físico y otros, todavía, buscan en el fenómeno sin causa la explicación natural, dando un sí o un pero, sin conseguir con esto una respuesta aproximada.
No son necesarias difíciles expresiones, ni cálculos numéricos para poder tomar el argumento principal que lleva a una concluyente respuesta a tal pregunta.
La enorme dificultad está solamente en poder comprender el valor intrínseco, aún cuando alegórico, del argumento que más se ha vuelto idóneo a abrir el vastísimo horizonte de un tan importante conocimiento.
Si el pensamiento es el producto de la energía radiante que desarrolla la actividad de nuestro cerebro, éste debe poseer, necesariamente, aquella extraordinaria elasticidad que posee la luz y, por consiguiente, aquellas determinadas características que un cuerpo luz posee.
Por tal motivo la primera verdad no está en el pensamiento, sino en la energía que contiene el atávico germen del pensamiento y que, en un cierto momento, encuentra en las vibraciones de un cerebro el campo idóneo de su desarrollo.
Por germen, quiero decir una parte o, mejor, el principio de una larga estela de gérmenes-pensamiento, ligados los unos a los otros y que hacen parte de una determinada actividad del cerebro atávico.
La verdad es que un mundo super-consciente y super-inteligente, si bien incorpóreo y microscópico, nos escapa a la observación, y aún cuando sufrimos con consciencia cualquier actividad suya, no buscamos nunca la verdadera causa, justamente porque no estamos en el campo de observación en aquel determinado momento.
De hecho, cuando una estela luminosa de gérmenes-pensamiento entra en contacto con un ser preparado e idóneo para desarrollar las características y por consiguiente el metódico movimiento vibratorio, los gérmenes-pensamiento producen en este ser la perfecta visión de los hechos, acontecimientos, formas, objetos, etc.
Y es difícil, extremadamente difícil poder comprender a aquel o aquella que se han vuelto sujetos del mundo del pensamiento.
Muchos ciertamente quisieran probar, por lo menos una vez, para creer de modo definido en el inmenso poder que sobrepasa nuestro insignificante orgullo y nuestro mísero conocimiento, pero mejor es la prueba para aquellos que más que probar quieren entrar, definitivamente, en este mundo anticipadamente y poder dar en vida aquello que quisieran dar después de la muerte.
Evidentemente, el camino a recorrer para poder comunicar con el mundo del pensamiento no es fácil y además de esto requiere enormes sacrificios, para poderos dar una pálida idea de los enormes esfuerzos que son necesarios afrontar y superar para alcanzar la meta.
El sistema nervioso debe vibrar, desarrollando al máximo la emisión de ondas ultrasensibles por todas las partes del cuerpo y, de modo especial, del cerebro.
Para desarrollar esta actividad es necesario, sin causar deterioro en el delicadísimo sistema nervioso, habituarse a:
1) Permanecer en un lugar excesivamente ruidoso y aislarse del ruido;
2) Mirar el disco solar sin pestañear;
3) Leer cualquier argumento y buscar la causa, la raíz, el sentido primitivo, trabajando con la sola actividad de la palabra silencio.
Y tantas, tantas otras actividades que queriendo enunciarlas no podría, siendo ésto prácticamente imposible.

El secreto del Conocimiento-Uno está encerrado en el Conocimiento-Interno manifestado sensible y también en el Conocimiento-Externo no manifestado hipersensible.
Uno y otro Conocimiento son dos arduas vías en un mismo sendero. La meta es el Conocimiento-Uno.
Quien por estas vías anda, con profunda serenidad de espíritu, encontrará la fuerza de concebir con consciencia el significado y las obras de los elementos creados y de los elementos creadores.
Sed prudentes y no caigáis en la red de la inconsciencia y de la ignorancia, puesto que tal paso ofusca el poder del movimiento evolutivo del Conocimiento externo.
Ser inteligentes no es suficiente para iniciar tal camino.
El sendero del Conocimiento-Uno requiere, más que inteligencia, una preparación profunda e incondicionada de nuestro ser externo hipersensible.
El éxtasis inmóvil contemplativo, para el desarrollo de las vibraciones externas, es la única prueba de idoneidad para poder iniciar el camino del Conocimiento-Uno y, por consiguiente, de las Felicidades Eternas.

Para poder promover
El Éxtasis Inmóvil Contemplativo son indispensables las siguientes condiciones:
- Absoluto silencio
- Completa soledad
- Lugar posiblemente alto
- Luz solar
- Serenidad de espíritu
- Inmovilidad absoluta
- Contemplación profunda
Sin las cuales no es posible promoverLo.
De tal prueba nace la idoneidad de aquel o aquella que quiera emprender la vía del sendero del Conocimiento-Uno.
La energía psíquica de nuestra mente funciona siempre, positiva o negativamente.
Puede catalizar presupuestos por excitaciónes del ambiente. Cuerpos pensamiento latentes están alrededor de nosotros, provenientes de cualquier fuente.
Todo es energía y, por consiguiente, radiación emanada o recibida, percibida.
Espontáneamente, conduciendo la normal vida emotiva, estos quedan concentrados, puros, en equilibrio. Después de haber alcanzado la definitiva conquista de que la vida es solo un sueño, el perceptivo viene, no se le puede llamar, es necesario darle su importancia cuando viene, saberlo individualizar con nuestro "yo", un yo que debe salir de la nivelación, movido por sentimientos excepcionales.
Las condiciones, direcciones de pensamiento, a menudo derivan de temporáneas concentraciones personales sobre el argumento.
No es un sueño la santidad, la inspiración, la continuidad eterna, la ascensión: son posibles, alcanzables también inmediatamente, al inicio de la firme voluntad. Más allá de la cultura, de toda larga preparación está el instinto, dejarse ir y se vuelve aquello sobre lo cual nos concentramos.
El Espíritu Santo habitará en nuestro corazón en un cierto momento de nuestra vida, como un viento sin ruido, dándonos la única Verdad Instructiva, la revelada.

Bharat y Hermes, al momento del alba y del ocaso, con su voluntad, desataron los nudos de mis pensamientos, que en tal movimiento de alas de fuego, se dilatan como nubes de la Eterna Sabiduría y de la Vida Una.
El secreto de la meditación está encerrado en el torbellino invisible de aquello que me rodea por el cual se desatan las ansias y tomo nueva vida vibrante de profundos conocimientos.
Siento en mí la llama del Sol, de cordura y conocimiento, que se manifiesta como cosa definida. Los secretos del tiempo remoto, el sendero ántico, las Leyes inmutables del principio y del fin de todo cosa mortal.
A través del sendero del Conocimiento Uno y de la Vida Una se llega a la meta de todo acontecimiento manifestado y no manifestado, tal es la vía de la Sabiduría y de la Cordura para los siete conocimientos de la Vida Eterna.