
LA LUZ, EL VERBO, LA VIDA
"La Vida es el principio de una voluntad que fue.
La Muerte es el principio de un camino diferente
de una cosa que será".
"¿Vosotros creéis que aquí dentro esté la luz?"
Interrogó Eugenio al grupo de invitados, una tarde, en el saloncito de Valverde.
Alguno miraba hacia la bombilla encendida ¿Pero quién comprendió?.
Eugenio alejó el embarazo hablando de otra cosa. Aún si bromeaba, continuaba resonando en mí aquella pregunta e intentaba contestar a sus ojos que seguían mirándome a hurtadillas, de vez en cuando.
Y me recordé de algún escrito suyo:
"La luz es la fuerza de arrastre de las imágenes pensamiento. La Onda Cósmica es 100 veces más veloz".
¿Pero entonces que relación hay entre la Luz Creativa y la luz de energía terrestre?.
"En verdad yo digo a quien me escucha:
Esa Luz nace del fuego. ¿Pero antes de que el fuego se vuelva tal, tus ojos la han, nunca, visto?
Cuando la luz nace del fuego, esta ilumina las cosas materiales, esta ha iluminado, pero tus ojos no la han visto, ni tus manos la han tocado".
¿Es, pues, la Luz Astral de la que brota lo manifestado?.
"La Luz Creativa, el Principio que está en todas las cosas, es la esencia pura de Dios.
Ésta reside con el fuego y dentro de éste se aloja, siendo ella misma sutil fuego, la vivificación de los cuerpos visibles e invisibles, el alma del Universo, cuerpo viviente y eterno, manifestado y no manifestado".

Hablemos, un poco sobre la causa de la Luz:
Vosotros, terrestres, conocéis en parte el efecto, mientras desconocéis completamente la causa.
Sabed que la causa es cósmicamente inteligente y actúa relacionando a tal inteligencia con aquella esencia, que es exactamente justo e indispensable para poner en movimiento una determinada fuerza, con relación al objeto hacia el que la fuerza está dirigida. Si para vuestro planeta la fuerza en movimiento es X, para el planeta Júpiter es Y.
En sustancia, la causa expone, a priori, los principios coordinadores que deben caracterizar los efectos que, a su vez, se desarrollan en los objetos hacia los que la fuerza está dirigida.
La Luz, a su vez, es obligada por la capa magnética que rodea vuestro planeta, a estabilizar una serie de efectos secundarios, pero no menos importantes.
De hecho los rayos cósmicos, como vosotros los llamáis, luz y energía magnética, provienen de una única causa, aún si los efectos pueden hacer pensar a causas diferentes.
Los cometidos de estos tres factores son determinantes en el campo físico, biológico, psíquico, etc.
La inteligencia de la causa prima actúa en todas aquellas estructuras que se han formado, poco a poco, a través de todos aquellos efectos secundarios que, en parte, conocéis y, en parte, ignoráis. Ignoráis la densidad rítmica de la Luz, que varía de objeto a objeto y que coordina la ley de la visibilidad, así como la de la dimensión entre el cuerpo y el no cuerpo. Todavía ignoráis el poder conductivo de la Luz, el cual tiene una parte importante en la formación de algunas características en las células de la materia orgánica e inorgánica.
Finalmente, por cuanto se refiere a la Luz, ignoráis una de las más importantes capacidades que ésta posee: se trata de la aportación que ésta da con relación a su reflejo de un cuerpo, o más cuerpos, de naturaleza energética, tanto positiva como negativa.
La Luz, finalmente, es un invisible carril por el que se deslizan en continuo cambio las cualidades fundamentales, nacidas de su principal efecto y que realizan operaciones de naturaleza constructiva.
Los rayos cósmicos, como vosotros les llamáis, son los efectos principales de la Gran Causa y su aportación, en la obra creativa, es de la máxima importancia.
Para vosotros, terrestres, es difícil la individualización de la verdadera, genuina, naturaleza de estos minúsculos, pero tan potentes, corpúsculos.
Para nosotros, que a menudo nos encontramos en el espacio sideral, en donde estos cuerpos viajan a increíble velocidad, individualizarlos y examinarlos, con instrumentos adecuados, en su estructura original, es cosa facilísima.
Vosotros, terrestres, conocéis al Sol como una enorme bola de fuego o, mejor de materia incandescente.
Nosotros os decíamos que el Sol es, aún si no lo parece, una masa oscura y fría de naturaleza puramente energética.
Con esta definición queremos referirnos a aquella energía cósmica que vosotros, terrestres, todavía no conocéis y que nunca conoceréis si no cambiáis radicalmente vuestros actuales, errados, conocimientos.
La Gran Causa que reside, justamente, en el Sol es una enorme Fragua de insuperable inteligencia que distribuye, con una ley infalible, a través de una serie de causas y efectos primarios y secundarios, como ya os hemos mencionado con relación a la Luz. Nosotros os mencionamos las más importantes y que se refieren a vuestro mundo.
El Sol puede ser, sin haber exagerado nada, el Macro-Cosmos de vuestro cerebro, mientras los efectos que este produce, estabilizándose en otros innumerables sub-efectos, se pueden alinear con los diferentes plexos que gobiernan vuestro cuerpo.
En verdad os decimos que los ánticos antepasados de vuestros padres, conocían perfectamente la obra de la Gran Causa y, podemos bien deciros, que no se limitaban solamente a adorarlo como es realmente, una Divinidad Cósmica, sino que sabían aprisionar la exuberante potencia a través de innumerables operaciones de reflexión en cooperación con la luz y con piedras o metales idóneos para tales operaciones.
En estos tiempos, vuestros, esto acontece sin la participación de vuestro conocimiento pero con idéntica condición y en diferentes circunstancias.
No os asombréis, pues, si todavía os decimos que vuestras funciones están íntimamente ligadas por estructura y por capacidad organizativa a la Gran Causa.
Vosotros, nosotros y todos los seres vivientes, comprendidas las cosas que no parecen tales, son un efecto que suma las vibraciones de otros innumerables efectos dependientes, todos, de aquella Inteligencia Cósmica organizativa que, reside en el Sol y que se podría llamar el modelo cósmico de nuestro sistema planetario.
Es, pues, lógico que todos los elementos primordiales que existen sobre vuestra tierra y sobre la tierra de los otros planetas, estén sujetos a sufrir aquel (quid) de potencia que es, justamente, la carga vital y cohesiva que tiene en constante equilibrio todas las estructuras atómicas y celulares de todos los cuerpos.
Es evidente el hecho por el cual la energía magnética es un sustancial aportador de equilibrio estructural en las células humanas y en todos los átomos que componen la materia.
Las vibraciones de un determinado mineral pueden ser nocivas para uno y benéficas para otro, pero esto no excluye que las diversas cualidades vibratorias de diferentes metales son proyectadas, en dirección fija, en todos los plexos de vuestro sistema orgánico, con el único fin de alimentar las estructuras celulares de determinadas cualidades vibratorias que son justamente los valores positivos del dinamismo vital.
Podremos tratar muchas cosas más complejas y tan útiles de conocer, pero, por el momento, nos limitamos a deciros, todavía, cuanto sigue.
Imagináros una gran habitación, y después de ésta, todavía otra, la primera con paredes enlucidas con mercurio, la otra con paredes enlucidas con hierro; éstas, finalmente, impactadas por la luz en tal modo que al ser reflejada, tal luz, se concentre en un cuerpo enfermo de anemia incurable.
¿Os preguntáis el resultado?
Experimentarlo y recibiréis el resultado.
Vuestro gran Hermes Trimegisto dejó inmensas obras maestras sobre la materia, destruidas en un cataclismo, pero todavía han quedado elementos de enorme importancia, a través de los cuales podríais levantar de nuevo las bases de su particular, pero eficaz conocimiento en el campo terapéutico.
Os equivocáis si pensáis que los ánticos no comprendían cuanto, hoy, sabéis vosotros.
Si habéis progresado en un campo, también debéis admitir que el retroceso ha sido mayor en otros campos.
En estos últimos tiempos habéis, en realidad, tocado algunas nuevas cuerdas de la ciencia pura, pero os faltan aquellas bases necesarias para poder, con prontitud, disfrutar de los beneficios.
SIN MI LUZ VUESTRA VIDA SE APAGARÍA
"Mi luz es el aliento de vuestra vida.
Mi amor es el latido de vuestros corazones.
Yo soy el Artífice de Mi mismo y vosotros sois parte de Mi, estando Yo en vosotros. Todo brota de Mi divina idea y todo es porque quiero ser, porque ninguna cosa podría ser si no manifiesto Mi idea.
Mi luz es manifestación de Mi idea y vosotros sois hijos de la luz. Vosotros sois porque Yo soy.
Si amáis, Me amáis en vosotros, si odiáis Me odiáis en vosotros.
En vuestra libertad podéis, si queréis, hacerMe bello o feo, bueno o malo, consolador o castigador, edificador o destructor, muerte o vida, amor y odio.
Si queréis todo aquello que edifica el bien, Mis ideas serán positivas, pero si hacéis cuanto edifica el mal, Mis ideas serán negativas.
Si de vuestras obras brota el odio, no puedo daros amor, pero si de vuestras actuaciones brota amor, podré amaros y daros el fruto de Mis ideas, que nacen del amor.
Está en vosotros atraerMe como queréis.
Está en vosotros autorrealizarMe positivamente, para seguir vivientes y conscientes de Mi luz.
Ser libres, pero libres de verdad, quiere decir conocer Mi real naturaleza en vosotros, vivir conscientemente por aquello que, en realidad, soy en vosotros y no por aquello que creéis que Yo sea en vosotros. Recordad: vosotros sois a Mi imagen y semejanza. ¿Aún no habéis comprendido?.
¿Si no seréis como Yo deseo ser en vosotros, cómo, decidMe, cómo podré nunca ser plenamente mi mismo en vosotros?.
Me obligáis a reprenderos y soy Yo quien sufre. ¡Recordadlo!.
La libertad que poseéis no debe haceros olvidar que cotidianamente Yo os ofrezco Mi cuerpo y Mi sangre y que haciendo así, nutro a Mí mismo, en vosotros, para el devenir de Mi eternidad y de Mis ideas creativas.
Vosotros sois una idea Mía, manifestada en la luz, una parte de Mi, proyectada en Mi mismo, en la naturaleza poliédrica de Mi personalidad cosmográfica.
¿Conseguís comprender?".
A lo largo del ocaso...
Cuando, en el Norte, las veladas veraniegas no tienen fin y te encuentras a las orillas de un lago, de forma que los reflejos de un cielo de luz misteriosa se reflejan, profundos, en tu alma y que el perfume de los bosques te lleva a recuerdos de vidas pasadas, tus ojos se elevan hasta los últimos bordes de cirros, todavía rosados, y un vuelco en el corazón te susurra la poesía de la vida de siempre. Una paz inmensa, vuelta éxtasis místico, tanto que el alma misma habla con la Madre, y en estos sentimientos te puedes dilatar hasta la locura.
Interviene, sin embargo, la consciencia de un más volumétrico estado de ser y esta sutil película de superficie terrestre rozada por los últimos reflejos solares te hace enlazar el ocaso al alba y tu pensamiento de lineal se vuelve esférico; tu presente ya no es relativo, sino espacial. Sí, Madre soberbia, sí, tu siempre estás en mí y yo en tí en el latido de triste reclamo. Pero, también, el adamítico hombre que un día se sumergió en la naturaleza húmeda, hoy resurge para loarTe a tí, más bella que nunca, vivo y triunfante en el Espíritu del que nace y ahora retorna.
"Cuando estoy invadido por la divina sabiduría me siento el Uno y el Otro de una misma cosa.
Cuando en tal estado está mi vida, me parece pasar el umbral del más allá y del más acá del tiempo y del espacio, de la vida y de la muerte.
Cuando la divina luz estrecha mi cuerpo en la inmovilidad de un sueño consciente, noto que el Uno queda como extasiado percibiendo al Otro alzándose hasta alcanzar el Reino de la Luz Creativa.
En tal estado me parece haber vivido en la inmortalidad".
Mientras pensaba en estas cosas y mis ojos habrían podido cerrarse porque otra Luz me había dado un nuevo ambiente, Eugenio me llamó para ir a buscar un recogedor para enseñárselo a los invitados, aún si las palabras y los dinamismos se extendían en el que hacer momentáneo, seguía pegado a aquel nuevo estado transcendental de iluminación. Y esto se verificaba, más veces, durante mis jornadas de trabajo.
Una tarde, semidormido sobre el diván, fui arrebatado por los planos astrales en gran serenidad y vi mi cuerpo con vaporosa y transparente luz azul cielo, con rayos solares que partían del plexo solar, bajo el corazón y del núcleo espiritual en el centro de la frente.
Siempre he deseado volver a verlo, pero para devenir consciente y operar en astral, aún no estaba preparado.
"La Luz purísima de Poimandres ilumina tu espíritu.
Soy el Espíritu Santo, la Potencia de lo increado y lo creado, el Artífice de lo inimaginable.
No temas y confía en los Seres nacidos de Mi Luz y en Ella existentes, porque son mente, brazos, boca, fuerza y potencia de Mi naturaleza invisible. Esté serena tu alma, porque Yo quiero que así sea.
Vosotros no conocéis la autoridad de los Astrales, Su ciencia, Sus directivas y el poder que ejercitan por voluntad y virtud de la Inteligencia "Omnicreante".
No os habéis, mínimamente dedicado a interpretar la "ley" que os ha sido dada, y, así todavía hoy, os dejáis arrastrar por la ignorancia con las consecuencias visiblemente deletéreas que os afligen y que atormentan vuestra existencia. Todavía no lográis dar su justo valor a la vida ni a su real significado, ni os empeñáis en descubrir la aportación que ésta debería dar a la economía creativa cósmica.
Creéis vivir así, por casualidad, fuera de todo querer establecido e intranspasable.
La ignorancia sobre la verdad revelada por el Genio Solar Cristo, a través de Jesús, os impide ser libres y conscientes de poder contemplar la belleza y la armonía de cuanto constituye el edificio inmortal de toda cosa nacida de la Idea Divina.
La materialización de la Idea, de la forma y finalmente de la substancia visible, palpable, animada e inteligente es el arte más avanzado de nuestra ciencia astral. La luz, como ya os hemos dicho, la manipulamos así como vosotros manipuláis la arcilla y siendo ésta el artífice primario del átomo creante, nos permite coordinar todo tipo de estructura física y dinámica.
La luz es materialización y puede servir de conductor.
Nuestros medios están compuestos, en la mayor parte, de cristales de luz materializada con componentes psiquizados.
Una vibración regulada nos permite salir de vuestro campo visual y, aún estando presente nuestra identidad, no puede ser identificada por los instrumentos que poseéis".
COMPRENDED LA LUZ Y CONOCERLA.
Haced vuestro el conocimiento que os viene de la Luz y os volveréis Hijos de la Luz.
La Luz es Amor y las tinieblas son el odio. Sed hijos del Amor y no del odio.
Si comprendieseis y conocieseis la Luz, seríais instrumentos del Altísimo, Hijos de Dios.
Buscad en vosotros este Bien y custodiadLo celosamente, porque es la felicidad, la compañera indivisible de vuestro peregrinar en lo creado.
Seréis buenos si poseéis el conocimiento de la Luz; seréis buenos y gratos al Reinante del Cosmos, al Dios viviente.
Escucha hijo
Aquel que tú ves, es aquel que tú no ves.
Aquel que tú eres, es aquel que tú no eres.
Ninguna cosa es en el tiempo la misma cosa, aún si tal aparece a los ojos.
Ahora tú estás allí abajo, hecho de carne, ahora tú igualmente estás arriba en espíritu.
El celeste Padre es la misma cosa: ahora está arriba en purísimo Espíritu inmortal, ahora igualmente está en ti Su divino templo viviente y mortal.
Es, pues, verdad que Él está en ti y tú estás en Él, aún cuando a ti no te parece aceptable, cual suprema verdad, aquello que en verdad te digo.
Hijo mío, si me ha sido concedido instruirte, por voluntad suprema, es porque tú has encontrado en Él tu principio y al mismo tiempo, es porque has vuelto a encontrar aquella imagen tuya que está en DIOS y que, sin embargo, no ves.
Tal hecho, hijo, une aquello que está abajo con aquello que está en lo alto, o mejor, une aquello que es a aquello que no es.
Por consiguiente tú eres una misma cosa con aquello que reside en la Luz. Puesto que el Reino de la Luz es el Reino de DIOS, tú estás con DIOS y por tal motivo DIOS está contigo.
Te has conocido a ti mismo y habiéndote conocido, también has alzado el velo de la ignorancia.
No te queda otra cosa que escuchar a Aquel que reside en ti, siendo lo más fuerte, lo más puro y lo más noble de ti mismo.

Hijo, te habla Poimandres,
Aquel que tú oyes y no ves:
"El bien incondicional está solamente en el corazón de los justos, en el espíritu de aquellos que están iluminados por Mi ley de Amor. Muchos creen ser los artífices de la providencia y no saben que soy Yo quién da y quita, quién remunera y castiga.
El premio que concedo es para aquellos que saben no poseer nada, que están desnudos así como han nacido. Yo los visto y los nutro; Yo los encamino hacia el supremo conocimiento, a través del dolor y de la alegría, si han comprendido Mi viviente naturaleza.
Aquellos que Me asemejan hacen cuanto Yo hago sin pedir nada, sin condiciones. Mi Luz compenetra al cuerdo y al perverso, al justo y al injusto, hasta que el bien triunfe en ellos y Mi Luz se vuelva su eterna morada.
El ascenso hacia la suprema beatitud es prerrogativa de todos, porque todos hacen parte de Mí.
Es solo cuestión de tiempo, de sufrimientos, de pruebas, de realización, de vida, de muerte y de renacimiento".
Tantas veces he percibido que su personalidad me leía en los pensamientos más profundos, me aconsejaba sobre las acciones futuras y no comprendía la lógica de expresiones fuera del tiempo y de lo racional. ¡Cuánto amor de conciencia universal y cuanta justicia de severo silencio que transmitía a esta alma que, sin embargo, era tan perceptiva como desatenta, distraída por los problemas, hechos y tentaciones actuales!.
¡Sin embargo no estábamos en otro lugar de ejercicio que este!. No ascético, no mágico, no escolástico, sino todo junto con dobleces más extrañas y fácilmente confundibles de actitudes humanas, no obstante debía, debía aprender, así como me dijo: "Debes ser el uno y el otro, juntos" ante mi drama de incompatibilidad. Y siempre, más a menudo, el temblor de esta conciencia me invade, sacándome de este vivir. De hecho vi en astral que cada familia venera y convive con los propios muertos.
POIMANDRES, ¿muchos se preguntan el por qué de la vida, para qué sirve?.
"Hijo mío, es un secreto que cada individuo debe descubrir por sí mismo.
Cuando lo haya descubierto, entonces estará en condición de apreciarla y de amarla.
Si se ignora el porque se nace, se vive y se muere, no se podrá nunca dar el valor que la vida se merece.
Lo alto sirve a lo bajo y lo bajo a lo alto.
Existir en un mundo material significa adquirir pleno conocimiento de los eternos valores binarios operantes en el cosmos.
La materia y el espíritu nacen de una única matriz y la colaboración en el dar y en el tener es intensa, continúa.
Él por qué, querido hijo, está en todo acto que se realiza durante el transcurrir del tiempo".

¡EUGENIO, SOY POIMANDRES!
¿Qué quieres de mí, Señor?
"¿Quién es aquel que podría dirigir esta pregunta?. ¿Quién propone?. ¿Quién dispone?.
¿Quién puede decir no cuando debe decir sí, y quién puede decir sí cuando debe decir no?. ¿Quién es libre de vivir cuando debe morir y quién es libre de morir cuando debe vivir?.
El hombre cree ser libre en la elección y no sabe que cuando ha elegido, ya lo había hecho Dios antes de que el acto se revelase en su mente. El camino trazado antes, se revela en el acto que se recorre: "Antes de que tú fueses, ya te conocía".
¿Dónde?. ¿Cuándo?.
¿Hay alguna cosa que es, que no haya sido antes de que fuese?. ¿Quién dispone que suceda mañana aquello que había debido realizarse hoy, o viceversa?. Todo acontecimiento que se manifiesta en Cielo y en Tierra ya existía en la Luz Creante, No Manifestado".
Hágase Tu Santa Voluntad, mi Señor, mi Creador, y no la mía.
"Dices bien, hijo mío, porque será siempre así, para quién posee el don de la Gnosis, pero también para quién está privado del supremo conocimiento.
La omnipresencia, la omnisciencia, la omnipotencia, son prerrogativas de quien es todo y cada pequeña cosa al mismo tiempo. Aquello que a los ojos del mortal aparece desunido, separado de las otras cosas, para la Luz Creante es homogéneo, todo está ligado y todo vibra al unísono.
No hay espacio y no hay tiempo y no existen libres elecciones, sino programas que se instruyen por si mismos para la inmutable Ley del dar y del recibir, del "ojo por ojo, diente por diente", que también quiere decir causa y efecto.
Consideráis la vida como un instrumento para satisfacer la perversa hegemonía del dolor, de la violencia y de la muerte.
Un don tan precioso deteriorado inútilmente, sin ningún provecho para el espíritu y para todos los valores que empujan al ser inmortal a elevarse, cada vez más, hacía las metas de su real destino".

La Contemplación Divina
"La vida creada y creante es la imagen, la fuerza, la sublime belleza del infalible y afable espíritu primigenio del cosmos.
La vida es fruto del amor que genera amor, es la linfa indestructible que nutre la luz que regenera toda cosa que vive al unísono con el gran Arquitecto de lo edificado eterno.
Comprender esta eterna verdad quiere decir amar y respetar la vida y volverla fecunda y feliz".

Poimandres, dime: ¿qué sentido tendría la vida si todo terminase con la muerte?.
"Sabed que la vida no es otra cosa que un medio que concede, a los mortales, la posibilidad de evolucionar anulando, con la visión de la obra del bien, cada mal residuo del oscuro pasado.
Esta es la vida y no es la única verdad que de esta brota, puesto que en ella muchos misterios se ocultan al ojo del profano.
El hombre quisiera conocer la verdad, pero es bueno que no la conozca, que no tenga plena consciencia del post-mortem.
La caída del velo de Maya, inmediatamente después del abandono del cuerpo físico, revelará a cada particular identidad una realidad desconcertante, impensable durante las vacuas ilusiones de la vida.
Solo entonces la verdad se revelará y con ella el real sentido del porqué de la vida y de la muerte.
¡Entonces, y sólo entonces, cada uno comprenderá!".

"En verdad yo os digo: está en nosotros Aquel que toca y ve, sin embargo nosotros no tocamos ni vemos. Y, todavía, digo: nosotros sentimos a Aquel que toca y ve, sin embargo nosotros no sentimos con los oídos.
Y, finalmente, yo quiero demostraros aquello que está en nosotros y, sin embargo, no tocamos, no vemos ni sentimos y Él está en nosotros semejante al perfume de las flores.
Y yo, como demostración os digo: ¿no es, acaso, Dios Aquel que toca, ve y siente y sin embargo, no vemos ni tocamos?.
¿No está, quizás, en nosotros la misma cosa?. Para quien pone amor en el espíritu, comprender esto es cosa fácil, semejante al común trabajo de la vida.
Soy yo y también otros, que teniendo amor infinito al espíritu, comprendemos su hacer en la vida de aquí y en la otra más allá.
En verdad yo os digo: hay dos puertas que abrir en la vida y una que cerrar después. Ahora sucede que en vida el hombre sólo abre una y la otra, a menudo, la tiene siempre cerrada, sin embargo aquella que tiene abierta, finalmente debe cerrar.
Yo y otros que tenemos amor al Espíritu, tenemos las dos puertas abiertas, puesto que una conduce donde los ojos ven y las manos tocan y la otra donde el pensamiento ve y el pensamiento toca. Extraña puede parecer tal demostración mía, sin embargo no es extraña para mí, ni para otros que probamos tal dulzura de verdad.
Ahora yo os digo que para conversar con el Espíritu no se usa palabra tonante, porque tal palabra es la de una puerta, pero yo bien digo la Otra porque es justamente aquella que lleva allí donde la palabra es como silencioso viento.
Yo siento felicidad y amor y caridad y bondad y sabiduría e inteligencia y consejo y también temor de Dios cuando de la otra puerta salir deseo; ya que cuando tal umbral traspaso, mi conversar, aún silencioso, es talmente dulce que yo no siento de volver a entrar nuevamente aquí. Sin embargo hacia aquí vuelvo, puesto que del conversar aprendo diversas directivas a las cuales conviene obedecer por el temor que en Dios siento. Y vuelvo aconsejado y pleno de esperanza y de sapiencia y todavía siento, más que antes, Inteligencia, bondad y caridad.
Tales cosas, una puerta no da a mi alma, y, por esto cuando yo entro de la otra puerta feliz y lleno de tanta esperanza y amor, mis ojos se vuelven algo tristes por aquello que yo veo aquí, donde más allá yo no veo y sin embargo soy tan feliz.
Ahora muchos comprenden mal tal demostración mía, porque nunca han abierto la otra puerta que está en la vida y por esto nunca han sentido aquello que yo y también otros, sentimos con dulzura infinita en el alma.
Y por lo cual no tenemos sombra de duda en el conversar del Espíritu, puesto que la enseñanza nos viene por la otra puerta de la vida.
Ahora yo digo: que yo, cuando pasar el umbral de la otra puerta deseo, no pongo ningún peso ni ninguna fatiga, sino que solamente digo: "¡Quiero!" Con toda la pasión y fe del alma.
Y entonces acaece que paso el umbral, sin embargo mi cuerpo queda en la puerta una esperando aquello que de la otra puerta ha salido.
Ahora esto yo hago y con los Ángeles de los Cielos encuentro conversación y consejo. ¿Y vosotros pensáis que yo quisiera retornar a aquel que espera en la puerta una? Esto no quisiera hacer nunca más si directivas del Alfa y del Omega no me dijesen de hacerlo.
Por lo cual yo os digo que aquel que está en vida y también después, y aquel que aquí está, está también más allá.
Dios y tal cosa vosotros sabéis, está más allá de todas las cosas creadas.
Y sin embargo está en las cosas creadas.
Y Él, entrando en nosotros cierra la otra puerta ya que de allá Él entra. Y puesto que Él ha cerrado la puerta por donde ha entrado, Él no la abre hasta que nosotros no decimos:
"Abre, mi Dios, la otra puerta de la vida para que yo pueda venerar Tu potencia".
Y no basta haber dicho cuanto yo he solicitado, escribiendo, sino también es necesario dar carácter al alma y al mismo tiempo dar, también, promesa de obrar como está en su voluntad y tener máxima fe en la potencia de Su Reino. Si así no está dispuesto, aquel que de la otra puerta quiere salir, esta nunca se abrirá, hasta que llegue la hora que sea abierta desde fuera ya que la puerta una se cierra para siempre.
Entonces, y sólo entonces, os percataréis que en la vida hay dos puertas.
Ahora yo os relato aquello que me sucedió cuando me apremió el deseo de salir por la otra puerta, por consentimiento recibido y por voluntad expresa. Aconteció así como yo relato:
Un día, yo me encontraba encerrado en una profunda y melancólica tristeza, sin motivo alguno. Sin embargo, mientras yo no comprendía lo que en mí se verificaba, sentía agitar en mi alma algo que parecía un consejo o, mejor, una fuerza que me imponía fijar los ojos en un punto azul del cielo. Allí donde yo me encontraba cuando esto sucedió, era un lugar silencioso en donde sólo el pensamiento hace compañía.
Y aconteció que mis ojos quedaron parados, inmóviles como la muerte, y mi cuerpo no hacía más labor a excepción del corazón, la sangre y los pulmones.
Y yo aún quedando en tal posición vi abrir la otra puerta, cerrar la puerta una y ésta no para siempre, ya que el corazón, la sangre y los pulmones todavía trabajaban como antes de que la otra se abriese. Ahora sucedió que cerrada la puerta una yo me movía, y sin embargo no caminaba, y era tan veloz aquel movimiento mío que semejante a la luz yo corría.
Ahora advino, también, que yo alcanzase, sin sentir fatiga alguna, la otra puerta, y como un niño entretenido con un agradable juego, yo tal alegría sentía y el umbral pasé ya que consentimiento había tenido.
Y mientras el cuerpo estaba parado, yo era otro. Sin embargo mientras el cuerpo permanecía aquí, yo corría más allá de aquí, moviéndome como quería.
Ni me servían ojos para ver, sin embargo veía, ni boca para hablar, sin embargo hablaba, ni oídos para oír, sin embargo oía, ni manos para tocar, sin embargo tocaba, ni pico tenía, sin embargo yo penetraba en las más duras cosas.
Y tanta maravillosa belleza yo vi que a mi me parece pecado redactar con semejante desenvoltura. Sin embargo toqué y sentí tantas profanadas cosas que quedé más veces asombrado y acariciado de infinito amor.
Ahora yo os digo: que aquellos que no tienen fe en Dios, ni adoran al Espíritu jamás sentirán lo que yo siento, puesto que no podrán salir por la otra puerta, pero aquella puerta es la puerta que conduce a Dios.
Y vuestro juzgar sobre aquellos que están señalados en la frente, es como una pompa de jabón, ni podréis declarar cosas mejores porque una puerta es la materia, la otra puerta es el Espíritu. Y yo, en verdad, os digo: que aquel que alcance el tiempo por el que la puerta una deberá cerrarse para siempre, la otra vendrá abierta desde fuera.
Sé, pues, atento y aconsejado a no tener la mínima duda ni paciencia limitada, puesto que el espíritu arde en nosotros si el soplo de nuestro amor, y de nuestra fe, lo sacude ahora y siempre.
Nosotros y el árbol somos la misma cosa, allí donde las raíces profundizan está una puerta y allí donde las hojas y los frutos se manifiestan está la otra puerta. Si la una y la otra son la misma cosa, la una y la otra operan por diferente consejo.
Arrepentiros pues, y poned en vuestra alma la fuerza de la fe y del Amor al Espíritu de Dios, y acontecerá que la otra puerta, que es de esperanza y de amor, vendrá abierta desde dentro y en vida, por concesión de Dios.
Entonces vuestro juzgar sobre aquellos que están señalados en la frente, será como la luz del sol y sobre la puerta de vuestra vida no llamará el demonio ya que la otra puerta está abierta y él se mantendrá lejano.

Sé cauto y de esto te advierto gravemente de no hacer, nunca, palabra de todo aquello que percibes en lo secreto del invisible.

El Verbo
"Yo soy el Principio de la Luz. El Verbo de la Creación.
Soy Yo que hablo en silencio. Y en silencio Me escuchas.
Sabe, dilecto hijo, que:
El Verbo del Creador no es semejante a la palabra de los hombres.
El Verbo se expresa en el silencio porque es cosa espiritual y no material. El Verbo siendo aún más fuerte y más espiritual que la palabra tonante, no sigue, jamás, la orden racional de la palabra tonante.
El Verbo no modifica la expresión inmutable y eterna de las imágenes primordiales de las cosas creadas.
Especificar con el Verbo un objeto obligado a mutar continuamente la forma dimensional es imposible.
Es, en su lugar necesario que tal especificación advenga en todo tiempo en que el objeto existe en aquella determinada dimensionalidad.
Se dice: era aquello y ahora ya no es aquello que era.
Pero se dirá: "Es otra cosa de lo que era antes".
Por consiguiente ya no podré especificarlo como lo especificaba antes.
El Verbo no podría expresarse, nunca, de tal modo porque, siendo la voz silenciosa de la eterna verdad, especificará siempre y en modo absoluto el principio eterno, aún cuando mutable, de la cosa que es y será siempre en eterno.
Si con la palabra especificáis las cosas así como vuestros ojos las ven, es porque aquellas cosas viven y existen en vuestra dimensión material.
Fuera de tal dimensión no es posible para la palabra, la misma especificación.
Para el Verbo no existe ni dimensión ni mutable especificación.
Para el Verbo sólo existe la imagen de cada principio destinado a manifestarse en diferentes aspectos y bajo diferentes planos dimensionales.
Para el Verbo la naturaleza de las cosas creadas está especificada en la causa de su principio que queda inmutable y eterno.
Es verdad, pues, que la palabra del hombre no especifica la realidad de las cosas que él ve, en tal dimensión, como cosa que existe porque tal es.
Es verdad que la imagen del hombre es aquella que los hombres han considerado llamar así. ¿Pero es, luego, verdadera y justa la definición?.
Diciendo: esto es un hombre, o esta es una nube. ¿Han, en verdad, significado la pura realidad de su verdadera naturaleza?
De esto que te hemos dicho comprenderás muchas cosas".
La Inteligencia Cósmica es la Causa del Principio de las imágenes astrales.
El Verbo es la Imagen del Principio que crea a través de la luz solar.
La Luz Creativa Cósmica es el Instrumento Puro de Dios, el Alma del Universo, esencia del H universal, fuego del fuego.
La Luz creativa solar es el instrumento del Verbo vibración del Fuego Solar, H creativo de cada esencia material.
Se puede hablar de la Luz sólo mediante el Verbo.
La Trinidad Divina (Cuerpo, Alma, Espíritu), existe paralela en las tres dimesiones superiores: 5a, 6a, 7a.
El hombre capitanea al Logos Solar de la 5a.
El plasma solar, la Luz materializada crea al hombre.
"La vida va hacia la muerte, la muerte hacia la vida, todo cambia, excepto la ley que instruye la eternidad de lo creado, a través del cambio que determina la evolución de todo aquello que sirve a la inmortalidad del Espíritu Creativo. Todo es hoy, todo será mañana.
El mañana será diferente, pero será siempre el todo de ayer, con nuevas formas, nuevos colores, nueva linfa, nueva conciencia, nueva vida y nueva obra.
La muerte empuja la vida hacia nuevos senderos más luminosos. La verdadera vida emerge de la muerte. Despojándola de los hábitos materiales se vuelve real y existente, sabiendo de ser una sola cosa con la vida del cosmos.
La muerte es una amiga generosa. Es la generadora de la verdadera vida".
"La faz de la historia no es siempre la misma.
Todas las cosas que caracterizan un determinado tiempo, a menudo quedan anónimas a la inteligencia de la generación que en ese tiempo se agita, vive, goza, sufre y muere.
Y la historia continúa, contrayendo y dilatando la faz que el tiempo muta como cosa común.
Los acontecimientos más extraños se detienen, siempre, sobre el borde de un tiempo que no acostumbra a hacerse conocer tan fácilmente, y mientras el hombre, con el ansia de un conocimiento interior, mide la distancia y el alcance en modo crepuscular, la increíble lucha de la manifestación dilata lentamente la envoltura del nuevo advenimiento, revelándolo en su pequeña estatura, todavía incomprensible.
El hombre atento, en su silencioso trabajo, percibe la nueva proyección del infinito devenir. Queda mudo, observa, piensa, deduce mientras el tiempo cubre inexorablemente la voluntad de gritar con la pesada duda de la no certeza.
Y la historia continúa, llevando sobre su faz la nueva efigie, sin que el hombre haya tenido plena consciencia".
|
|