
CAPITULO XII LA DESPEDIDA DEL ANUNCIADOR
Terminada la primera y segunda parte de su obra, el Anunciador, en el día señalado, redactó una comunicación que mandó hacer pública en todos los idiomas a través de los operadores difundidos por el Planeta. Este era su contenido.
«A todos los amigos y estudiosos, a los simpatizantes del Centro Studi Fratellanza Cósmica, a las Secretarías nacionales y extranjeras: El Centro Studi Fratellanza Cósmica ha cumplido su cometido y se encuentra en su epílogo. Cuanto se debía decir ha sido dicho y cuanto se debía hacer ha sido hecho. Gracias al deseo superior y a todos los que, con abnegación y fraterno amor, han contribuido al cumplimiento de esta poderosa misión. Gracias, también, a todos aquellos que nos han procurado sufrimientos y amarguras, porque con ello nos han estimulado más a ser fuertes, fieles y perseverantes hasta la meta que hemos alcanzado después de 26 años de duros sufrimientos. Ahora, sólo nos queda esperar el epílogo de un proceso hace tiempo iniciado. Con el presente comunicado cesa la publicación del opúsculo, así como los contactos epistolares y personales con el Centro y con las Secretarías, delegaciones provinciales, comunales y nacionales, italianas y extranjeras, que el Fundador considera desligadas de todo vínculo operativo. La valerosa obra del Centro Studi Fratellanza Cósmica, podrá ser ciertamente reconocida sólo cuando la enseñanza recibida sea puesta en fermentación en la mente y en el corazón de los hombres e iluminada por la luz de las verdades eternas. El Fundador del Centro Studi Fratellanza Cósmica, Eugenio Siragusa, no participa ni se considera responsable de cuanto se pueda decir y hacer en nombre del Centro Studi Fratellanza Cósmica, que, por haber cumplido su misión, está disuelto y ya no es operante. Agradecimiento a todos aquellos que se han prodigado llevando adelante una obra que era imposible no alcanzase el omega, Nos congratulamos de que hayáis sido levadura de sabiduría y sal de sabia justicia, de verdadero amor y fraternidad. Queremos, del mismo modo, esperar que todos los que han oído y visto, conserven intacta en sus espíritus la felicidad de haberse aproximado al concepto sublime de la vida y de su real significado en la "construcción divina".»
Cuando la noticia se difundió, unos se sintieron huérfanos sin la pequeña cáscara que les había protegido de la intemperie. Otros, se vieron frustrados en sus maquinaciones, porque se habían repartido puestos importantes en el futuro. Algunos no podían comprender que el Anunciador hubiera disuelto tan repentinamente el único vehículo operativo que existía. También hubo quien hizo caso omiso del comunicado y siguió operando por su cuenta, apoyándose en un nombre y una obra que no le pertenecían. Sólo quienes habían hecho suya la verdad, comprendieron que había llegado le momento de abandonar la casa y comenzar a hacer el camino solos para prolongar la acción del que les había precedido e iniciado en la "luz".

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