
CAPITULO XI LAS ULTIMAS ENSEÑANZAS DEL ANUNCIADOR
A medida que se acercaba el tiempo, el Anunciador iba prodigándose de modo más esporádico. En numerosas ocasiones dijo e hizo saber que la segunda parte de su programa operativo había llegado al final y por tanto dejaría a cada uno emprender su propio camino. Sin embargo, los discípulos le apremiaban y puesto que de alguna manera seguía presente a su lado, le buscaban en sus necesidades y le pedían soluciones para sus problemas, luces para su oscuridad, respuesta para sus interrogantes interiores...
Hoy ese proceso, por fin, ha tenido término. El Centro Studi Fratellanza Cósmica no existe. Su estructura fue disuelta y sus portadores dispersos por todo el mundo, dejados a su libre alberdrío para volar en paz y llevar el mensaje según lo habían aprendido.
Sin embargo, las últimas conversaciones del Anunciador, en sus viajes, versaron sobre puntos fundamentales de los "seres del espacio" que nos visitan, sobre sus máquinas, sobre su mensaje, sobre su función en el Planeta. Algunas de las conversaciones que hoy podemos ofrecer aquí, versaron sobre problemas de tipo astral, sobre métodos de conocimiento interior, sobre el cumplimiento de las profecías en este tiempo, sobre el futuro del planeta y la supervivencia de sus habitantes.
Quienes en su día no pudieron hacerle una pregunta determinada, tal vez la encuentren hecha aquí y respondida. Estas son las últimas conversaciones del Anunciador y también sus últimas enseñanzas "públicas". Después de esto fue difamado, perseguido, traicionado por quienes habían comido a su mesa, encarcelado y vejado hasta donde un hombre puede serlo. Conocedor de su propio destino, como se podrá comprobar, ya había dicho a un joven que le había preguntado si le matarían un día por defender la verdad: «Aún cuando me mataran, matarían mi cuerpo, pero no harían nada a mi alma.»

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