
36. A los llamados. «El testamento espiritual»
En la última Pascua celebrada por el Anunciador, reunido con quienes habían sido llamados para recibir su "palabra", repartió el pan y depositó en su corazón el mensaje íntimo que no había sido difundido públicamente, para que las perlas no fuesen arrojadas a los cerdos, y que hoy debía ver la luz en prueba y testimonio de cuanto había sido dicho y se había cumplido.
«Ha sido dicho y escrito: Amáos y multiplicaos. Es una invitación proveniente de una dimensión superior, donde el amor se cumple por la atracción no física, sino astral y donde el abrazo no es material, sino espiritual y perfecto. El amor es y será un sublime y delicado sentimiento del "Dios viviente", siendo El plenamente consciente de que el "amor es vida", ley del espíritu creativo viviente en esta dimensión. Jesucristo, enseñó la ley pero no la practicó porque "El no era del mundo; era la luz del amor de aquel que es".»
«Os fue dicho: volveré en medio de vosotros. Despertáos porque es verdad que su Espíritu Santo está ya en la luz de vuestros corazones. Amáos los unos a los otros en paz y en alegría de espíritu porque es también verdad que el Reino prometido está ya a las puertas de este tiempo.»
«La luz de la santa unión y la fraternidad os ceñirá cuando la sabiduría lleve de la mano la sapiencia. El sol del amor brillará en vuestros corazones cuando os améis como Cristo os amó. Entonces, la santa fraternidad edificará vuestro paraíso y las rosas de la paz y del amor florecerán en todos los ángulos de la tierra.»
«La verdad destruirá para siempre las cadenas del mal y vuestra libertad será radiante de alegría y fecunda en obras, para gozo vuestro y del Padre Glorioso. Todo espiritu amará al otro espíritu y la verdadera comunión establecerá la ley de la santa fraternidad. La luz de la tierra se unirá a la gran luz del Cosmos, sublime patria del Espíritu Santo Creativo, llama inestinguible del divino y eterno amor.»
«Recordad que nada de cuanto decís y hacéis, pasa inobservado. Todo es registrado y minuciosamente valorado. Si os ponen pruebas es porque son necesarias en contraposición a los valores negativos que se desarrollan a través de la actividad mental distónica, a veces incluso alimentada conscientemente.»
«Quien os ha despertado y guiado, quien os ha inclinado a obrar y hacer en conformidad al programa que conoce perfectamente, El no pertenece a este mundo y no podrá ser ni débil ni injusto, no podrá ser como pretendierais que fuera.»
«Ninguno de vosotros sea superior a ninguno, ni inferior. El más pequeño sea el más grande y el más grande el más pequeño. Quien más posea, más dé. La armonía de las almas debe expresarse siempre, en la generosidad del hombre hacia el otro, a fin de que todos sean como las abejas laboriosas.»
«El bien debe ser instintivamente guardado y toda cosa debe estar siempre en su justo punto, según la regla de la ley universal: Cubrir tu puesto con amor altruista, pensar menos en sí mismo y más y siempre en los demás.»
«El orden conduce a la armonía y ambas son el resultado de la evolución espiritual. La observancia del orden y de cuanto deriva de este equilibrio, es necesario si se quiere llegar a la perfecta armonía psico-fisica de una comunidad.»
«Donde reina el caos, la pereza, la indiferencia y la incapacidad, reina también la intolerancia e incluso la insubordinación. Debe reinar un mutuo y recíproco valor de fraterna colaboración, espontáneo, exento de todo formalismo de clase, de raza o de religión.»
«La comunidad de los hijos conscientes en Dios, está vivificada por todo aquello que produce "el bien por el bien".»
«Estad unidos, más que en la exterioridad, en la interioridad. Estad unidos en el espíritu porque vuestra fraternidad es real en el espíritu y aparente en la materia. Los valores transitorios que la vida de este mundo os ofrece, no deben nunca disuadiros de esta realidad, ni deben distraeros de la certeza de ser una sola cosa a los ojos de "aquel que es".»
«Sed una única cosa y estad animados de humildad y de pureza. No alimentéis reservas mentales, sed sinceros, espontáneos. Debéis ser adultos en el conocimiento, pero niños en el corazón, humildes de alma.»
«Sed prudentes en toda circunstancia. Tenéis ya la capacidad de discernir bien, separando con prudencia los valores positivos de los negativos después de la experimentación. El conocimiento se recibe atravesando las experiencias binarias. Recordad: la acción negativa (mal), no debe ser fin en sí misma, sino que debe ser instrumento de conocimiento, el medio que os libere de la ignorancia del bien, de la incapacidad de obrar a través de las acciones positivas. Si no conocéis la noche, no podréis conocer el día. Si no conocéis el vacío no podréis conocer y aprehender la luz. Si no conocéis el odio, no podréis conocer el amor. Sed prudentes en vuestras acciones y si alguna vez os desviáis, la conciencia está en no perseverar en el er-ror.»
«Sed solícitos. Sembrad en el corazón de los hombres. Haced fecundar la luz de la verdad del tiempo de todos los tiempos. Sed solícitos. En el regazo de este tiempo yace el grande y glorioso advenimiento tanto tiempo esperado y deseado por los que sufren, por los perseguidos de la injusticia, el odio y el desamor. Sed solícitos y no toméis en consideración a los que quisieran retrasar la renovación.»
«No pronostiquéis. Lo que ha de venir vendrá. Ninguno podrá conocer el día ni la hora. Pero estad siempre preparados y atentos. Ha sido dicho: Vendré como un ladrón en la noche. Lo no salvable no podrá ser salvado. Estad siempre atentos y preparados y tened fe. Las pruebas serán duras para todos los que han sido señalados para ser sal y levadura de la nueva vida y del nuevo mundo.»
«Meditad bien y sabed discernir, usando la "luz" de vuestra conciencia y vuestro espíritu. Recordad: Sed puros como palomas, pero astutos como serpientes. El maligno tiene mil caras y su red está siempre al acecho. Cuando os ofrezcan los bienes de este mundo, recordad que ya poseéis el bien eterno. Conservad celosamente lo que habéis heredado de Aquél que os amó y os ama. Ya sabéis cómo conocer el árbol bueno y distinguirlo del malo. El árbol bueno no puede dar frutos malos y el árbol malo no puede dar frutos buenos.»
«Alegraos y gozáos y no os entristezcáis en vuestros corazones ni en vuestros espíritus. Estad todos alegres porque sólo entonces, cuando os ultrajen, tendréis la certeza de ser los hijos del Altísimo. Os odiarán sabiendo quiénes sois, mentirán, os calumniarán, para disuadiros, debilitaros. El maligno hablará por boca de ellos y las pruebas serán duras, pero los Angeles de vuestro Señor os guardan y os aconsejarán a fin de que siempre estéis fortificados en el espíritu, iluminados por la beatísima Luz de Aquél que os ama porque es Hijo de la Luz.»
«Cuándo os alimentéis de amor, hijos míos, el odio será vuestro enemigo. Cuándo os alimentéis de bien, el mal será vuestro enemigo y os tentará. Sed fuertes y perseverad siempre. No tengáis temor porque en verdad os digo que el amor vencerá siempre al odio y el bien vencerá al mal.»
«Empezad a poner en práctica las enseñanzas que os han sido concedidas por voluntad divina. Empezad a desprenderos de los viejos vestidos y endosáos los hábitos que debéis llevar, si deseáis verdaderamente formar parte del nuevo Pueblo del Señor.»
«No es suficiente haber aprendido. Es necesario poner en práctica los valores de la "nueva ley" que gobernará el reino que os ha sido prometido.»
«El tiempo apremia siempre más y los acontecimientos preanunciados se avecinan. Los supremos designios del Altísimo, están en vía de desarrollo y próximos los "signos" que anunciarán sus días de justicia y de juicio para todos los que no han creído.»
«El mundo será sacudido como un árbol en el centro de un remolino y, el fuego, el agua, el aire y la tierra, serán mezclados en un furioso movimiento de fuerzas titánicas.»
«Estad preparados y prontos para ser espectadores y espectadoras de este gran acontecimiento purificador y que vuestras almas no estén tristes por cuanto vuestros ojos deberán ver y vuestros oídos oír. Es el día que el Señor se ha reservado.»
«No puedo deciros más de cuanto me ha sido concedido deciros, ni hacer más de cuanto debía hacer. Mi cometido, en este sentido, ha terminado. Hubiera querido mucho más, hacer mucho más, pero no hubiera servido de nada sin el apoyo de El que todo lo puede si quiere.»
«Ahora os preguntaréis qué haré. No puedo decíroslo por obediencia. Lo sabréis sólo cuano hayáis visto y oído. Entonces sabréis y justificaréis mi silencio.»
«Estad atentos para no dispersaros y no adormeceros en el sueño de las ilusiones. Las duras fatigas están por llegar y están cargadas de dificultades y tribulaciones.»
«Si estáis unidos como ya os he dicho, superaréis ágilmente las pruebas, porque no os faltará el sustento de la divina providencia. Si os amáis con humildad y con fraterna tolerancia, la Luz que fortifica el espíritu y eleva los corazones, os ceñirá siempre hasta el día en el cual seáis liberados del peso de la carne y de sus dolorosas tentaciones.»
«Ahora no sois corderos sino ovejas. Ya no estáis dormidos sino despiertos. Ya no tenéis la cera en los oídos, ni en los ojos por gracia del Altísimo Señor. Ha llegado vuestro crecimiento, pero también han aumentado las tentaciones. Habéis ascendido a la cima de la montaña, pero también es verdad que la disuación os llamará al valle. Es y será realidad cuanto habéis vivido y realizado, pero el olvido podrá rodear vuestros espíritus y haceros recaer en el sueño de la muerte y olvidar el camino de la verdadera vida. Vuestro pasto ha sido verde, vigoroso y lleno de nutrición de conocimiento, pero podría volverse árido y privado de la linfa espiritual y de la luz vivificante. Aquél que os ha consolado. ha padecido por vuestro renacimiento y por vuestro crecimiento en el sublime eterno conocimiento. Bienaventurados aquellos que hagan fermentar el bien que, a través de ellos, el Padre glorioso ha dado con divina caridad.»
«Haced vuestro deber y no os lamentéis de quien no cree, repele u odia. Haced lo que sebéis debéis hacer y no os preocupéis si aceptan o rehusan. La verdad, queridos hermanos y hermanas, tiene la posibilidad de revelarse en mil formas y mil modos. Fue dicho: Los camino del Señor son infinitos. Acordáos que el sembrador no es el podador, ni el podador es aquel que quita la cizaña del grano. A cada uno su cometido; vosotros haced vuestra tarea, los otros la suya. Al Señor no te faltan los medios para persuadir, para que se encienda el ardiente deseo del despertar del ilusorio sueño de los sentidos que ciegan el ojo del espíritu y ocultan la verdad.»
«Yo os he enseñado a hablar a las gentes y a despertar en sus conciencias la llama de mi amor. Haced esto y serviréis a la causa del Padre Creador. No perdáis vuestro tiempo precioso.»
«Mis enseñanzas están dentro de vosotros. Haced lo que os he indicado y estaréis en el justo sendero. Estáis en el mundo por voluntad del Padre y debéis predisponeros para servirlo, según la Ley que el Cristo os dejó. Yo estoy vigilando a fin de que ninguno de vosotros sea disuadido. Tened discernimiento y no permitáis que las ideas inútiles os seduzcan. Escuchadme, hijitos míos, escuchadme. El tiempo es breve y mi retorno está próximo.»
«Que vuestro amor sea siempre una eterna aurora, una esperanza viva, insuperable, un contínuo triunfo de la vida sobre la muerte. Así sea siempre vuestro amor. También vosotros, hijitos míos, debéis vencer al mundo y salir hacia la luz de la eterna verdad. Cornprendeos y amaos, porque sois todos hermanos y hermanas en el espíritu y ninguno de vosotros está separado del inefable y eterno Espíritu del Padre Glorioso y Santo. Amaos como yo os he amado.
Sed caritativos los unos con los otros para que nunca falte la verdadera comunión de vuestros espíritus y vuestras almas. Sed premurosos y benévolos; socorréos en el momento de la necesidad. Mis gracias, hijos míos benditos, yacen en vuestros corazones y mi luz rodea vuestros espíritus en paz.»
«Perdonad del mismo modo que yo he perdonado y no temáis nada porque es verdad que el ojo vigilante del Padre Misericordioso es justo y está encima de vosotros y el Espíritu Santo es vuestra consolación.»
«Amaos, hijitos míos; amaos por mi felicidad y por vuestra felicidad. Mis queridos y pequeños parvulitos, yo os amo. Mi luz está en vuestra luz. Estoy próximo a vosotros y cada latido de vuestro corazón está vivificado por mi amor. Alegraos, alegráos, porque es verdad que muy pronto yo estaré con vosotros. Tened mi paz. Amaos del mismo modo que yo os he amado.»

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