
34. La despedida del enviado
Después del anuncio de la disolución del Centro Studi Fratellanza Cósmica, en su dimensión operativa tridimensional, el Anunciador convocó junto a sí a todos los operadores esparcidos por los cuatro ángulos del mundo. Cuando todos hubieron llegado para celebrar con El la nueva Pascua, les habló:
«Ha sido dicho y escrito: «"Por sus frutos los conoceréis"», y ha llegado el tiempo en que los "lobos" hambrientos, disfrazados de mansos corderos, se han infiltrado en nuestras filas para disuadir, corromper, tentar, destruir, con las sutiles artes de su patrón, a aquellos que obedientes a los Divinos Deseos, han escogido servir a la Verdad.
Es necesario estar despiertos en la consciencia y en el "espíritu" para saber reconocer y distinguir a los astutos siervos del mal, pero quien está vivificado por la Luz de Cristo, no podrá ser engañado nunca.
El Centro Studi Fratellanza Cósmica, ha sido un movimiento mesiánico que todo el mundo conoce y en esta hora de grandes tentaciones, sus Operadores tienen el preciso deber de poner en guardia a las almas simples contra la astucia de los lobos, para evitar la dispersión y la confusión.
«Muchos los llamados, pero pocos los elegidos», también ha sido dicho y escrito. Muchos de aquellos que hubieran podido y debido servir a la verdad, según la invitación recibida del Cielo, se han desviado del Sendero haciendo uso de la confianza depositada en ellos. En nombre del Centro se han divulgado comunicados, dado conferencias, redactado opúsculos, mantenida correspondencia de contenido muy discutible y completamente diferente a los reales valores del Centro Studi Fratellanza Cósmica, contraviniendo los principios fundamentales de nuestra obra, desviando la atención de los estudiosos del sendero de la Verdad.
Confiamos en vuestra madurez para que sepáis comprender y aceptar con espíritu sereno nuestra invitación fraterna a la prudencia y a la cordura y, sobre todo, a saber valorar con la consciencia despierta, la Divina amonestación que, a través de nuestra voz, os llega. Sed prudentes, hermanos, y corregiros para que el maligno no os encuentre adormecidos y os aprisione en sus redes.
El Centro Studi Fratellanza Cósmica ha puesto término al ciclo inicial concerniente a las enseñanzas básicas que nos fueron amablemente concedidas por los Hermanos Superiores en misión sobre la Tierra, según la Voluntad de la Fuerza Cósmica Creante.
Se termina así un período muy fecundo para todas aquellas almas que, con buena voluntad, han recibido el amor grande e ilimitado que ha descendido del cielo a la Tierra. Quien tiene oídos ha entendido y quien tiene ojos ha visto. Los que se han despertado en la "luz" de la eterna "verdad", podrán esperar ser libres, verdaderamente libres.
La dura selección ha separado a los tibios de los fervorosos, el buen grano de la cizaña, gracias a quien ve y prevé.
Ahora se inicia la última parte, la más importante y que concierne a la puesta en práctica de las enseñanzas recibidas y la cultura cósmica que mira a corroborar la voluntad por el conocimiento del ser humano operante en el edificio creativo cósmico y su real eterna personalidad. Ello a fin de que el "nuevo pueblo" del gran Señor de lo Alto, sea digno y plenamente consciente de ser el "heredero de su próximo reino en la Tierra".
En obediencia a cuanto la justa voluntad de la luz operante de los cielos había dispuesto, he llevado a término, con la ayuda y consuelo de vuestras almas, la misión confiada.
Después de veintitantos años de paciente operatividad y con la fraterna compañía de los espíritus vivientes y operantes en la Tierra por voluntad del cielo, se han llevado a cabo los encuentros y los contactos predispuestos, a fin de determinar una selecta realización de mayor consciencia en previsión de los acontecimientos preanunciados y apremiantes en este tiempo.
En verdad la dura fatiga ha sido copiosamente recompensada por la alegría que todavía siento en mí. Las magníficas relaciones anímicas instauradas en un clima de mayor despertar y conocimiento de la verdad revelada, son los frutos más preciosos que han madurado con el calor y la luz del amor más grande de todos los amores.
En este mi viaje, he podido ver la meta de vuestro éxito, un éxito que os permite, ahora más que nunca, sentiros realmente libres y operantes por gracia y poder del Dios viviente y, por su voluntad, convertiros en la Tierra en "palabra y acción", fuerza positívamente "genuina" del divino "amor universal", reclamo de la justicia, de la paz y del amor y la verdad celeste y eterna.
Ahora sabéis que sois la palabra de aquellos que vibran al unísono con Dios y con los Hombres. Ahora sabéis que sois la luz adamantina que obra para unir el bien del cielo al deseado bien de la Tierra. Ahora sabéis que quien os ha elegido no es el hombre, sino Dios, aquel que se ha dignado encender en vosotros la llama de su amor y su verdad y que los mejores hijos alimentan y confortan, sostienen e iluminan a fin de que seáis no sólo "llamados", sino que seáis los elegidos.
Saberos en esta esfera operativa, es para mi alma motivo de eterna alegría. Los verdaderos, los hijos de la llama, los precursores y los animadores de los divinos designios, están y permanecerán a vuestro lado para daros coraje y consolaros.
Los acontecimientos se acercan y el tiempo apremia cada vez más.
Al invitaros a recordar que habéis sido llamados; al afirmaros, todavía una vez, mi fraterna devoción por vuestras almas, os confirmo mi despedida de la dimensión divulgativa de la obra que por largos 26 años ha tenido empeñada mi mente y mi corazón, en un cometido que el cielo me había destinado en el tiempo.
Con la certeza de encontraros tadavía en un tiempo futuro, os suplico, os suplico con toda mi alma, que recibáis en vuestros amables corazones mi fraterno e incondicional amor.»
Luego fue distribuida una comunicación a los operadores para que al regresar la difundiesen. Era una comunicación importante sobre los condicionantes psíquicos utilizados por las fuerzas negativas. Decía así:
«No os dejéis influenciar por las vibraciones, tendentes a procurar sensaciones que intentan desarrollar turbaciones psicofísicas.
El arte sutil de las fuerzas adversas, apoya decididamente las exaltaciones de las sensaciones que emergen del subsconciente y el ardiente deseo de entrar en contacto con lo oculto o con lo desconocido.
Estad vigilanates y atentos.
Las fuerzas negativas, y esto os lo hemos dicho repetidas veces, se sirven de dinamismos materiales a menudo revestidos de apariencias muy atrayentes y cargadas de valores posesivos y condicionantes. Para muchos que no saben, es fácil caer en la sutil red que, cuidadosa y astutamente, tejen para poder embaucarte.
El mal no es débil y la materia corrompida es la fuente de su fuerza.
Pero acordaros siempre: Nada puede contra la luz y nada contra quien está fortificado en el espíritu y alimentado por el sabio conocimiento del supremo amor crístico.
Recordaros aún: Vuestro sólo y único Maestro es Jesús, portador del verdadero bien.
Tened mucha sutileza en el discernimiento. Existen fuerzas ocultas que actúan, y a menudo, consiguen condicionar vuestros pensamientos.
Estas fuerzas pueden ser controladas y neutralizadas si os predisponéis para una vibración espiritual suficientemente alta e idónea para impedir que tales fuerzas hagan presa en vuestro astral.
Os repetimos que estéis atentos, porque es verdad que dicen ser las que en realidad no son, para después proponeros condicionamientos, o peor, esclavizaros con instintos y prácticas opuestas a la edificación.
Estas fuerzas, pueden ser eliminadas por nosotros si la conversión y la predisposición del astral condicionado, suceden en un tiempo breve y con plena conciencia.
Os repetimos aún cuanto os ha sido dicho: "Un árbol bueno no puede dar frutos malos, un árbol malo no puede dar frutos buenos."
Estad en guardia y tened cuidado en discernir bien si no queréis ser presa de estas oscuras y bajas fuerzas.»
Después de distribuir esta comunicación, la secretaria que se había ocupado de las relaciones internacionales, leyó una larga carta, que también formaba parte del contenido de la despedida que el Anunciador estaba realizando hacia todos los que de alguna manera estaban vinculados a su obra. La comunicación decía lo siguiente:
«Es verdad que por amor a la "verdad" es necesario saber soportar y sufrir, silenciosamente, con extremado coraje y con infinito amor. En estos años, por amor a la "mayor verdad de nuestro tiempo", he sufrido silenciosamente, con coraje, con amor y con fe, sin conocer descanso ni condiciones. Lo he hecho porque la "verdad", que benignamente el tiempo y el cielo me han concedido y materialmente revelado, merecía y merece aún el mayor de los sacrificios.
En verdad, la lucha ha sido sin par, titánica, con durísimos esfuerzos materiales y morales, pero mi alma ha sido siempre aconsejada, socorrida, vivificada y consolada por un "amor" que pocos humanos en la Tierra han tenido el privilegio de sentir y apreciar.
He hecho aquello que humanamente era posible hacer, con pureza de ánimo y sinceridad de corazón, sin pedir nada y sin formalismo alguno. Las almas piadosas, justas y generosas, son mis "testigos" ante el juicio de Dios.
He tenido en contra, incluso, a quienes eran más queridos a mi corazón, incluidos parientes y amigos, sin contar a los sutiles enemigos y tentadores. Pero en compensación de tanta adversidad, he tenido constantemente a mi lado la incomensurable y prodigiosa consolación del amor de Dios, de sus ángeles y el de las queridas almas que han creído en mí y luchado a mi lado y sufrido por esta "verdad".
Los "hermanos de la crística consciencia", han querido dignarse conceder a mi humilde corazón la inmensa alegría de su "presencia", concediéndome con fe la "sabiduría" de su "volumétrico conocimiento" y su personal deidad, elevando hacia lo alto cada vez más mi alma y mi corazón en una ascensión de fe inquebrantable.
Ahora nada me podrá sorprender. Nada me podrá causar amargura. Nada podrá turbar la eterna armonía y la viva alegría que la "verdad" ha elevado en mi espíritu, en mi alma y en mi corazón.
Ahora serán "los futuros acontecimientos", aquellos acontecimientos que ninguna razón humana podrá jamás desmentir, los que afirmarán cuanto yo os había dicho sinceramente por amor a la verdad y por santa obediencia.
Si hubiera ignorado la realidad que he vivido, si no hubiera sentido la potencia penetrante del "crístico amor", si no hubiese visto lo que les ha sido permitido ver a mis ojos, si no hubiera oído lo que a mis oídos les ha sido permitido oír, no hubiera "expuesto mi vida" al escarnio de los escépticos, a la mofa de los adversarios, ni hubiera doblado la espalda a los duros de corazón, ni hubiera sentido tanta premura fraterna por la suerte de esta doliente humanidad, por sus afligidos, por sus débiles y por los sedientos de justicia, de amor y de verdad. No me hubiera privado del reposo, no hubiera pasado noches de insomnio, no me hubiera privado de las alegrías que la vida concede a los mortales de este mundo, no me hubiera privado de nada para dedicarme al cansado trabajo, no me hubiera quitado el pan de la boca para utilizar su precio en papel de correspondencia, sellos y cuanto es necesario para llevar a cabo una obra como ésta. No hubiera hecho nada de cuanto he hecho, ¡nada! Me hubiera comportado como un perro mudo, hubiera callado, como muchos han hecho y hacen, con debilidad de mente y de corazón. Si hubiera sido como ellos, hubiera callado yo también. En cambio no he podido hacerlo, no podía hacerlo.
La llama de la "verdad" ha prendido dentro de mi pecho y he obedecido sin pensar en las consecuencias mínimamente.
He revelado cuanto he vivido. Lo he hecho por una innata veneración a la "verdad", al "Padre creativo", a "Cristo", al palpitante y enorme corazón de todas las almas anhelantes de paz, de justicia y de amor.
Ha sido y es la realidad de la "llama crística" y del amor a la "verdad" del tiempo de todos los tiempos la que me ha concedido tanto coraje y al mismo tiempo tanta humildad de sacrificio y tanta fe.
Ahora es veraz y así será para siempre en la Tierra y en el cielo, mi "incondicionada veneración" por "Aquel" que vive en purísimo espíritu y que está incluso en el germen de toda cosa, en el corazón de toda criatura, en la luz de todo planeta, en el esplendor edificado de todos los soles, en la inmensa armonía de los Universos, en todo aquello que vive en El y por El en la eternidad.
En verdad afirmo y amo infinitamente en mí, en los que están más próximos y en todas las almas que fueron, son y serán, esta realidad que nunca podrá morir.
Ahora sé más que nunca, que el "Padre creador es el genio eterno", Infalible "arquetipo de todo", que El mismo es Dios y se manifiesta y vive en sí mismo su divino amor creador, que su alma es Cristo y que todas las criaturas del Cosmos son almas de su "alma", hálito de su "respiración", luz de su "luz", amor de su "amor" proyectado en el tiempo y en el espacio y en todos los universos, en la obra sublime de la eterna "creación".
Es verdad que Dios, ahora más que nunca, se está revelando a sí mismo como se reveló en otro tiempo sobre el Monte Sinaí. La verdadera luz de su "verdad" brilla nuevamente como en otro tiempo.
Es verdad que el poder y la sabiduría del Padre Creador se manifiestan ya en mil formas, para preanunciaros que el tiempo predicho en su divino designio es este.
Si no habéis podido creer en cuanto amorosamente os he revelado por amor y por obediencia a los Mensajeros de Dios que me guían, me instruyen y me consuelan en paz y amor, sed al menos justos y aconsejados y creed en Aquel que dijo: ""sois dioses"".
Si no habéis podido ni siquiera creer en El, El se ha apresurado a mandar a la Tierra, como palomas que retornan a sus nidos, a los Hijos de la Llama de Amor, los seres "hermanos-dioses" que operan por El, porque lo aman verazmente, le veneran y le adoran, le obedecen desde tiempo inmemorial.
Ahora no me queda otra cosa por hacer, que esperar vigilante como un águila, manso como un cordero, radiante como el sol de la "verdad", el nacimiento de aquella "aurora" que traerá a esta humanidad doliente el "Consolador, el retorno del genio y del poder de Dios, el hijo del hombre, Cristo".
En esta ansiosa espera, permanezco sereno en el bendito reflejo de la "virtud" de la "crística conciencia de los hermanos del cielo".
Ahora que han concedido mejor destino a mi humilde obra en la "revelación del tiempo de todos los tiempos", debo deciros necesariamente y con dolor de corazón, "hasta luego. Hasta pronto en aquel tiempo que nos será dado experimentar todavía". Os auguro un fraterno, duradero y sincero bien. »
Entre todos los presentes se hizo un gran silencio. A ninguno le cabía duda de la despedida a que estaba asistiendo. Entonces el Anunciador tomó nuevamente la palabra y dijo como rúbrica definitiva:
«Mi cometido se encuentra en su epílogo. No os entristezcáis por cuanto os preanuncio, sino gozad y alegrad vuestros espíritus. El consuelo que me ha sido concedido, os le he dado a manos llenas. No podía hacer ni más ni menos de cuanto me era posible hacer.
Os he dicho lo que debía deciros y os he exhortado a hacer lo que debíais hacer para realizaros en la "verdad" y ser instrumentos conscientes de la voluntad divina. Ahora estoy en paz conmigo mismo y con El que me ha dado el encargo de cumplir su voluntad.
Ahora debéis crecer en estatura espiritual, a fin de que podáis acercaros, cada vez más, a la hora de la Verdad sublime que será vuestra elección en la corona de la vida eterna.
Mi partida podría acontecer "mañana", pero puesto que no me toca a mí decidir sino al que tiene mi destino en sus manos, a El confio lo que le pertenece.
Poco me queda aún por hacer, esto lo sé. Pero también sé que estoy ya con mi Señor y gozo de su paz y del alimento de su excelsa y regeneradora "luz".
Yo disminuiré, vosotros creceréis.»
Todavía no era aquélla la última voz del Anunciador que se debía escuchar. Pero sí era una de las últimas. Por eso también se sentaron a la mesa con él y pudieron todavía gozar de su presencia y de sus palabras.

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