
30. La Galilea de los gentiles
Los mensajes, las profecías, hacían referencia precisa al tiempo señalado y entre los que conocían al «Mensajero» unos habían podido creer en el «Anunciador», otros se habían apartado del camino. Sus últimos mensajes habían tenido un especial sentido de apremio y cada uno les daba una interpretación diferente según su estado y su desarrollo interior.
Uno de los comunicados era éste:
«El tiempo concedido está terminándose. Cuanto debíais saber os ha sido dicho y repetido. Ahora no tenéis excusas y todos seréis obligados a asumir vuestras responsabilidades personales. El proceso selectivo será acelerado, y según los designios superiores, le será dado a quien ha dado, y quitado a quien ha quedado sordo y ha retenido. La justicia divina imperará soberana y el juicio se realizará según las propias obras. Le será dada plena libertad al tentador, para que cada espíritu viviente sea puesto a prueba en la carne y en el espíritu, y esto por la certeza de ser dignos herederos del "reino de Dios en la Tierra" e hijos del "Altísimo Dios viviente". Duras serán las batallas, pero quien resista, como Job, tendrá la corona de la vida eterna y el doble de cuanto ha dado con amor. "El círculo del tiempo" se cierra y la oscuridad de los días llega. "Aquellos" que han hecho "germinar la verdad" en sus espíritus y en sus corazones, "serán súbditos directos del reino prometido".»
«¿Qué reino?», se preguntaban algunos. «¿No fue ese mismo reino el que prometió el Nazareno a quienes fueron crucificados, muertos, apedreados, convertidos en pasto de los leones y escarnio de los poderosos? ¿Qué reino nos están prometiendo otra vez? ¿En qué reino debemos creer?» Tal vez la respuesta estuviese en una "profecía" del "consolador", profecía difundida poco antes de la disolución del Centro Studi Fratellanza Cósmica. Decía así:
«La sociedad de hoy no será la de mañana. Todo será purificado y todo resurgirá a una nueva vida. El mál será desvelado y sus secuaces encerrados y atados en un grumo de materia primitiva, en un mundo denso donde comenzarán las necesarias experiencias para aspirar a la consecución del punto ascensional, el despertar de la "muerte segunda". Todo esto sucederá porque así ha sido "escrito" para el árbol de la vida de este planeta. El cielo que circunda a la Tierra será sacudido, a fin de que los cielos de la justicia, de la paz y del amor universal, se revelen radiantes a los "herederos del reino de Dios en la Tierra". Entonces, se elevará un canto de alegría y de felicidad; se elevará en lo más alto de los cielos en cumplimiento de la promesa de Aquel que dijo: «No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros. Dichosos vosotros, que habéis sufrido y padecido la persecución y el escarnio de los hijos del mal, porque en verdad que seréis remunerados, cortejados y coronados hijos de "Dios y luz eterna" de su excelsa y divina gloria.»
Los discípulos y algunos de sus seguidores habían oído repetidas veces que había sonado la séptima trompeta anunciada en el Apocalipsis, que el séptimo ángel estaba en uno de los ángulos de la Tierra, y que los veinticuatro "jueces" de la Suprema Ley habían encomendado al Angel, el privilegio de manifestar a los hombres su justicia. Este conocimiento, para algunos, era un sensación incómoda y estaban preocupados por el momento en que se producirían los acontecimientos para estar a salvo. También a ellos fue dirigido un comunicado importante:
«Habéis contado vuestros días, pero no habéis contado los días que el Padre estableció para que despuntase la aurora de su "día" y el tiempo de su gloria en el mundo. Yo os lo recuerdo, a fin de que podáis esperar con ojos y oídos sensibles. Preparaos, porque los acontecimientos están cargados de "luz purificadora" que transformará vuestras almas. Quien "intente salvar la vida, la perderá". Tened piedad de quienes permanezcan sordos y ciegos. Los signos "son evidentes" y en verdad que se aproxima un nuevo "cielo" para aquellos que "heredarán el reino de Dios en la Tierra". Recordad que antes toda cosa será renovada y será hecha justicia. Recordad que son los pobres de espíritu, los puros de corazón, los que lloran, los que tienen hambre de justicia, los misericordiosos, los pacíficos, los perseguidos, "quienes heredarán el reino". Vuestras debilidades humanas os vuelven vulnerables. Repito lo que os fue dicho: "Muchos los llamados, pocos los elegidos". Para muchos de vosotros, esto será verdad. Las pruebas selectivas ya hacen brecha en vuestra flaca fe y en vuestro superficial cerebro. Os sentís solos y perdidos, privados de la luz vivificante que os ha sido generosamente dada, con gracia y fraterno amor. Las pruebas más duras serán para todos vosotros, de esto estad seguros. Seréis batidos como el grano y las tentaciones os seducirán, cada vez más y con mayor sutiliza. Heredar el atributo de "hijos del Altísimo" no será fácil para muchos de vosotros, Bienaventurados aquellos que, confiando en la verdad revelada, quedarán firmes en la esperanza de cuanto ha sido anunciado por los "ángeles del Padre Glorioso".»
La promesa del "reino", la promesa para quienes permanecerán firmes hasta el fin y "heredarán la Tierra", hacía referencia, en otros comunicados, a un nuevo "pueblo", a una "nueva Galilea", la "Galilea de los gentiles". En los últimos tiempos, el Anunciador había proliferado su atención hacia unas determinadas zonas geográficas donde teóricamente se encontraba dispersa la gente que pertenecería a ese futuro pueblo. ¿Qué zonas eran éstas? ¿Qué pueblos? Le fue hecha la pregunta en uno de sus últimos viajes y esta fue la respuesta:
«Ha sido dicho y escrito: "Elegiré al pueblo que no era mi pueblo". Y este pueblo elegido al cual pertenecéis, es el pueblo latino. España, América del Sur, Italia, son la "nueva Galilea", la "Galilea de los gentiles" y a cada uno de vosotros ha sido dado el divino privilegio de prepararos para estar un día entre los que protagonizarán ese nuevo mundo y esa nueva Tierra.»
La respuesta verbal fue confirmada también durante los últimos meses de vida pública del Anunciador, en dos importantes comunicados, cuyo contenido era éste:
«La renovación del mundo nacerá del "espíritu de Juan". De la Tierra bendecida por Dios, la "Galilea de los gentiles", surgirá en el triunfo de la justicia el "principal pilar" que deberá sostener el edificio en construcción del nuevo mundo. Todo aquello que soporte la nueva ley, nacida del nuevo pacto, será puesto bajo severo juicio y condenado a la "segunda muerte". Las milicias celestes están ya operando iluminadas y sostenidas por el poder del Espíritu Santo. Los benditos, cribados y probados, nacen y crecen fortificados en el espíritu para ser "dignos herederos del nuevo pueblo de Dios y de su celeste reino en la Tierra. El espíritu de Juan", consolador y mensajero, ha hablado ya del pecado por no haber creído, y del fin del mundo. Agudizad los oídos y abrid bien Ios ojos si queréis poneros a salvo. Ay de vosotros, hijos ingratos y degenerados, porque en verdad os digo: Seréis vapuleados y exilados del reino de la "luz" hasta que no dobléis vuestras rodillas al supremo bien de la justicia, del amor y de la paz del verdadero único Padre: Dios.»
El comunicado había sido precedido por otro texto que tenía el mismo origen y ampliaba algunos aspectos sobre el concepto de "la Galilea de los gentiles". Era éste:
«Ha sido dicho y escrito: ""El Señor hará prodigios y bendecirá la Tierra" más allá del río Jordán y del mar: la "Galilea de los gentiles"". En verdad, en vuestros corazones arde la llama de la vida de los espíritus que han permanecido en el mundo por suprema voluntad del altísimo. En vuestros espíritus está la "luz" que es levadura y el "verbo" que es sal, y esto por haber creído y amado al hijo de Dios, por el cuál padecisteis persecución, vituperio y muerte. Ahora el tiempo de vuestro despertar ha llegado, a fin de que podáis preparar la "nueva Galilea" del nuevo "pueblo elegido" por Dios y para ser "testigos" de la bajada sobre la Tierra de la "Jerusalén celeste" y de su gloria en el mundo. Ahora, os alegraréis porque así será cumplida la misión de Jesús-Cristo y de vosotros, que formáis parte de su reino. La luz del hijo de Dios, reinará soberana en el mundo y con ella la paz, el amor y la fraternidad, en la justicia del "absoluto monarca de lo creado".»
Evidentemente, esta promesa, llevaba implícito el proceso de revelación y conocimiento personal. Un proceso que era impulsado por el Anunciador en primer lugar y por el mensaje en segundo término. Todos llevaban la semilla; cada uno debía cultivarla y hacerle producir el ciento por uno. También esto les había sido dicho a todos los que podían entender:
«Debéis descubrir lo que os ha sido dado. Debéis hacerlo vuestro a todo precio. Debéis excavar dentro de vosotros, aunque el sufrimiento os rodee y os agite violentamente. "El don de Dios" no es una conquista fácil y cómoda. Si queréis poseer el derecho de ser libres e iluminados por la verdad, debéis antes que nada, estar llenos de fe y soportar, sin sufrir, el deber para el que habéis sido llamados, para despojaros de la ignorancia y estar preparados para "daros a vosotros mismos" sin "límites" y sin "condiciones". Si os asalta el miedo y os dejáis vencer por él, no descubriréis nada. La "fe" es la "linfa" de la esperanza que os precede y os concede la fuerza necesaria para superar las pruebas de hoy y la adquisición de la alegría de mañana. Si hoy sois fuertes, mañana seréis menos débiles y. siempre más fortificados en el espíritu, hasta descubrir lo que anheláis conocer para estar en la verdad y ser libres.»
¿Qué bautismo, qué alquimia era o es necesaria en cada uno para acceder a este secreto? En numerosas ocasiones habían preguntado al Anunciador sobre la alquimia del agua y sobre la alquimia espiritual. El había respondido:
- Personalmente no utilizo más que la alquimia del agua, la alquimia que me fue transmitida y enseñada. Pero no me es dado enseñársela más que a aquellos a quienes ha sido dado. Ellos la conocen y la practican y sólo la enseñarán cuando el soplo del Espíritu les indique el nombre y la dirección. Es la ley. También debo deciros que si no realizáis la alquimia del espíritu, no os salvaréis. La materia ha de ser transmutada. ¿Sabéis acaso quiénes eran los alquimistas y cuál era su poder? La alquimia era un arte no terrestre.
Pertenece a la cuarta dimensión. Y la "próxima generación terrestre, incluso vosotros, podréis utilizar" esta "alquimia". Depende de vuestra elección.
¿Qué condiciones físicas, astrales y psíquicas eran imprescindibles para llevar a cabo este proceso de trasmutación? Hay muchos caminos, pero el Anunciador había señalado uno, fundamentalmente el camino que no podía conducir a error o desviación.
En un comunicado de "Hoara" se hacía referencia al equilibrio psicofísico-astral necesario.
«Es indispensable evitar las turbaciones psíquicas, aceleraciones neurovegetativas. Pensar y obrar sobriamente, con distensión reflexiva, donde facilitar al máximo las estructuras sintónicas entre psique, físico y astral. Las emotividades deben ser controladas, a fin de que las informaciones no sean alteradas y puestas en condiciones de seguir desequilibrios deletéreos para la estabilidad del complejo circuito del edificio psico-físico-astral. Las excesivas acciones emocionales comportan un desgaste del laberinto nervioso, y por consecuencia una progresiva decadencia de los valores portadores que regulan la actividad de todo el cuerpo. Es indispensable controlar activamente los estados emocionales, porque fatigan seriamente, dañando, incluso irreversiblemente, órganos debilitados o predispuestos a serlo.»
Esta promesa, repetida en comunicados, mensajes y manifestaciones públicas, fue definitivamente confirmada y sellada por una carta circular que el Anunciador, en nombre del propio Centro cuando todavía estaba en acto, envió a todos los miembros, simpatizantes y delegados. Decía así:
«Del cielo a la Tierra, de la Tierra a vosotros, dilectos hermanos y hermanas nuestros que estáis vivientes en el mundo para ser, "una vez más", instrumentos de la divina inteligencia y para preparar, junto al espíritu de verdad, la venida del Hijo del Hombre y ser partícipes en la edificación de su "celeste reino en la Tierra".
Fue dicho y escrito: "Cuando venga el "consolador", aquel que os enviaré del Padre, el espíritu de la Verdad que procede del Padre dará testimonio de mí, porque habéis estado conmigo desde el principio al fin. Es mejor para vosotros que yo me vaya, porque si yo me voy vendrá el consolador y yo os lo enviaré. Y cuando venga, El convencerá al mundo por cuanto se refiere al pecado, a la justicia y al juicio. Al pecado por no haber creído en mí, a la justicia porque yo voy al Padre y no me veréis más, al juicio porque el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Debo deciros muchas cosas, pero no sois todavía capaces de comprender. Cuando venga el espíritu de verdad, El os enseñará en toda verdad, porque no os hablará de sí mismo, sino que dirá todo aquello que habrá oído y os anunciará el futuro. El me glorificará porque recibirá todo lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el padre es mío, por esto os he dicho que recibirá lo mío y os lo anunciará."
En verdad, queridos hermanas y hermanos nuestros, el espíritu de verdad está en medio de vosotros para "despertar" en vuestros espíritus la luz de la verdad que había sido ligada, por divina voluntad, y ahora por la misma voluntad es desligada, a fin de que sepáis que "estáis en el mundo, vivientes, y sepáis también" que el tiempo ha llegado y que "el retorno" del hijo del hombre está próximo. Es el tiempo de que toda alma se arrepienta según las enseñanzas recibidas y tenga plena conciencia de cuanto ha sido profetizado por aquel que por medio de sus Angeles, os da testimonio y conocimiento. Todos los señalados han sido tocados y muchos llamados. Nosotros, hijos de la llama, hemos hecho esto por suprema voluntad y por suprema voluntad hemos vuelto nuestra mirada fraterna y amorosa hacia cada uno de vosotros, a fin de que ninguna adversidad pudiese turbar vuestro despertar a la verdad. Ahora, puesto que el tiempo de los grandes acontecimientos está próximo y los dolores comienzan, es justo que todo espíritu sea pleno de gracia y el Señor esté con vosotros en Espíritu Santo y en Verdad.
Estad unidos y alejad a los tibios, a los curiosos y a los que preguntan para desmentir y haceros perder el tiempo que debéis dedicar a los espíritus preparados y prontos para renunciar a sí mismos por la suprema gloria de Dios.
Sed cautos y despiertos, porque es un tiempo bastante grave y lleno de insidias. Os decimos esto a fin de que tengáis conciencia despierta en la necesidad de usar de una activa vigilancia que os permita alejar las fuerzas negativas que, ahora más que nunca, intentarán golpearos.
Os recomendamos preocuparos de la "cualidad" antes de la cantidad y evitar las intrusíones astutas y sutiles de aquellos que están apagados en el espíritu y encendidos en la materia.
Dejad sin fuerza la rama que podría golpearos y no deis las perlas a aquellos que no son dignos. Cerrad vuestras filas. Nosotros estamos con vosotros y contra quien está contra vosotros, pero os repetimos: permaneced vigilantes y despiertos y la sabiduría sea vuestra fuerza y la consciencia vuestra voluntad.
Las pruebas no os faltarán, pero serán estas pruebas las que os harán recordar lo que no debéis olvidar. Estad todos en paz y esperad con fe la alegría espiritual. No temáis.»
Esto fue lo que quedó escrito y dicho para los nuevos componentes del "pueblo de la nueva Galilea de los gentiles". Quien pueda comprender, comprenda y obre.

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