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[Aquila]

24. Ultimos viajes de Eugenio Siragusa

Al iniciarse la segunda mitad de los 70, Eugenio Siragusa inició una serie de viajes, que, según programa, debían llevarle al encuentro de los elegidos que le faltaban para completar el número 144.000. Los países que debía visitar en esta última gira eran: Canadá, España y prácticamente toda Sudamérica.
Antes de salir del aeropuerto italiano, a una pregunta de los periodistas, respondió:
- Ahora parto en gira hacia Sudamérica para llevar la palabra de los hermanos del Cosmos hasta los últimos hermanos de la Tierra. Pero ésta será mi última misión, porque siento que mi vida sobre el Planeta está a punto de terminar.
A su paso por España, dictó varias conferencias en el marco de un Colegio Universitario rebosante de público joven, curiosos y aficionados a la parasicología. Cuando se inició el tumo de preguntas, uno de los estudiantes, aludiendo al diluvio, dijo:
- Según la Biblia, el diluvio universal fue total y anegó todo el planeta. Pero por estudios científicos llevados a cabo se sabe que esto no pudo ser. Por tanto, debió ser una invasión parcial de la corteza terrestre por las aguas del mar en aquella zona donde tuvieron lugar los acontecimientos que se narran en la Biblia.
- No estoy de acuerdo. El diluvio a que hace alusión el Antiguo Testamento fue absolutamente general. Y el Arca de Noé no fue tal arca; fue una inmensa nave que salvaguardó las especies que poblaron nuevamente el planeta después de la catástrofe.
Otro estudiante se mofó de lo que había dicho increpándole con insolencia. Eugenio Siragusa le respondió:
- Antes de que llegues a viejo, tus cabellos se volverán blancos por el terror que te producirán los acontecimientos que han de tener lugar en el Planeta y que tú presenciarás.
Entre los actos fijados en el programa, se llevó a cabo una filmación para un programa de la Televisión especializado en parasicología y ufología, Eugenio Siragusa era entrevistado en uno de los platós. Cuando el entrevistador hizo alusión a los visitantes del espacio y su forma física el realizador mandó al regidor que pasase ante las cámaras dos fotos de extraterrestres que habían sido cedidas por el Centro Studi Fratellanza Cósmica. En ese preciso momento se produjo un bloqueo absoluto de las centrales de teléfonos y quedó Televisión Española incomunicada con el exterior. La corriente eléctrica descendió y se averiaron una cámara y el video en que se estaba grabando el programa. Finalizada la entrevista, Eugenio Siragusa y los que le acompañaban regresaron al hotel. De camino, preguntó qué había sucedido durante la grabación. Su secretaria internacional, de habla española, le confesó:
- Hace tiempo que sentía dolor en la nuca - como siempre que debo decirte algo - así que te lo diré: Hubo un señor, el que pasaba las fotos, que al ver las de Adoniesis y Asthar Sheran dijo: Te pongo las fotos del «Gato» y el «Marica». Fue en ese instante cuando se produjo el apagón y se interrumpió la grabación.
Eugenio Siragusa emprendió el regreso inmediatamente a Televisión, entró directamente en el plató, donde se continuaban grabando otros temas para el programa, dirigiéndose directamente al director. Le dijo:
- Queda cancelada la transmisión. Les prohibo terminantemente emitir la entrevista o hacer cualquier uso, ya sea de la película o las fotos que les he facilitado.
Luego preguntó por la persona que había utilizado las burlonas expresiones. Cuando hubo llegado a su presencia, mirándole fijamente a los ojos le dijo:
- ¿Sabe usted lo que es la justicia? - Repitió: - ¿Sabe usted lo que es Injusticia?
El interpelado, pálido, juraba y perijuraba que él no había utilizado la palabra «Marica», que en todo caso pudo haber dicho lo de «Gato»... Siragusa, sin dejar de mirarle añadió:
- Usted no sabe lo que es la justicia. Ustedes no saben lo que es la justicia. Hoy podría haber sido destruido todo el edificio... Un día, de esto no quedará piedra sobre piedra...
Luego dio media vuelta y salió. De regreso, comentó al que conducía el coche:
- Me ha hecho usted un gran favor permitiéndome volver a tiempo y rectificar. Los extraterrestres, cuando castigan castigan muy fuerte...
Durante su estancia en Perú, después de un amplio programa de contactos, conferencias y entrevistas, dos jóvenes se le acercaron, le llevaron aparte y le dijeron:
- Quisiéramos que usted nos hiciese una demostración de sus poderes como Operador de los Extraterrestres. Nosotros utilizaremos una región determinada para los contactos. Podríamos desplazarnos en coche esta noche hasta allí...
Eugenio Siragusa, mirando en sus ojos y en su mente, vio que sus intenciones eran otras. Comprendió que no hablaban por ellos, sino que habían sido enviados por otros... De todos modos accedió a ir de incógnito, a solas y de noche al lugar junto a la playa que le habían indicado.
A media noche, los dos muchachos le esperaban fuera del hotel, en su automóvil. Al verle, le hicieron subir y partieron en dirección a una zona llamada Chilca.
Cuando hubieron, llegado, uno de los jóvenes se puso delante y el otro detrás. Uno de ellos le dijo:
- Es aquí. Esperamos tu demostración.
Eugenio Siragusa les miró, uno a uno, fijamente, y les pidió:
- Dadme la linterna y quedaos aquí, sin moveros.
Inmediatamente se dirigió hacia la orilla misma de la playa, en el borde donde las olas rozaban la arena. Cuando hubo llegado, se detuvo, se concentró unos segundos y utilizando la linterna de mano que llevaba hizo una señal en clave, encendiendo y apagando varias veces. Instantáneamente, una nave como un globo de fuego incandescente, surgió del mar levantando una enorme ola, lanzó una llamarada de luz hacia donde se encontraba Siragusa y volvió a sumergirse. Repitió la operación cinco veces más. Su haz de luz iluminaba toda la playa en una dimensión de varios kilómetros. Los dos muchachos se pusieron a temblar de pies a cabeza. Instintivamente, quisieron salir huyendo, pero los pies no les respondieron. Estaban petrificados por el miedo. Luego la nave se sumergió definitivamente y todo el mar quedó iluminado por debajo, en una distancia de más de 200 metros mar adentro. Siragusa se dio media vuelta y regresó hasta donde los muchachos estaban. Les dijo:
- No temáis. Nada os va a suceder. Ya sabéis que no debéis tentar a quien tiene el conocimiento. No vayáis contra la verdad, o la verdad se volverá justicia contra vosotros.
Después de este incidente, Siragusa continuó viaje por Sudamérica. Visitó lugares que para él tenían un viejo recuerdo. Un recuerdo que él mismo había seleccionado en una vieja canción de los Incas y solía leer en sus conferencias. La canción inca hacía alusión a los viajeros del espacio. Decía así:
«Grandes padres que después de haber sembrado maravillosos frutos sobre un Planeta árido e inculto, nos habéis abandonado como flores sin rocío.
Guardianes de una Tierra por crecer, llegue a vosotros este canto de espera y de dolor. Las mieses ya están maduras, los árboles ya han crecido, y han producido frutos en abundancia. Nuestra labor ha terminado. Los hijos de nuestros hijos, nacidos en el surco de una tierra extranjera, olvidarán a lo mejor su promesa. Pero nosotros, fruto de la sabiduría "llegada del cielo", no hemos borrado de las mentes el rostro de los padres, y cada día y cada noche que este Planeta concede, escudriñamos atentos las nubes, esperando veros de nuevo sobre carros de fuego, venir a recoger lo que habéis dejado.»
Las gentes le preguntaron sobre muchas cosas y algunos, entre los que estaban más próximos, se obsesionaban con la cifra de los 144.000 elegidos de que se hablaba en el Apocalipsis. Le preguntaron:
- ¿Quiénes son los 144.000 elegidos? ¿Es real ese número, se salvarán solamente ellos?
Siragusa respondió:
- Recordad que fue dicho: Padre, te los encomiendo. A ellos se refería, porque ellos están en el mundo, pero no son del mundo. Después están los 7.456.006 que les seguirán... Los 144.000 ya se han encarnado y yo debo encontrarlos. Cuando lo haya hecho, tomaré mis maletas y me iré definitivamente. Entonces habrá terminado mi viaje. Todavía me quedan algunos por encontrar, pero mi trabajo y mi peregrinación por el Planeta están ya tocando a su fin.


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