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[Aquila]

16. Astronautas sin regreso

En el capítulo de las muertes misteriosas, habría que codificar una serie de acontecimientos previos, concomitantes, subsiguientes..., que en cierto modo fueron y son la luz que hoy ha permitido ver, o al menos entrever, lo que pasó en realidad.
Uno de los muertos misteriosos en Estados Unidos fue Frank Edwards, investigador ufológico americano, que tenía en su poder importante documentación sobre astronáutica y sobre acontecimentos habidos en el espacio exterior con las naves tripuladas. Frank Edwards, antes de su muerte, había preparado un detallado informe con las pruebas que poseía sobre la presencia de seres del espacio, naves ajenas a la Tierra y acontecimientos fundamentales producidos en el encuentro, entorpecimiento o experimentaciones intencionadamente negativas de naves tripuladas terrestres, enviadas en dirección a la Luna y al espacio exterior.
Entre los varios informes secretos que Edwards no pudo ver publicados, se ha conocido uno fundamental. El que se refiere a los astronautas rusos que perdieron la vida en el espacio. El informe pasó a manos de un amigo poco antes de que Edwards perdiera la vida de modo repentino.
En la cabecera del informe aparecían los nombres de los astronautas rusos que habían perdido la vida camino de la Luna, en la Luna o de regreso, sin que la información hubiese sido confirmada, divulgada o admitida oficialmente por la URSS. En esta línea incompleta figuran los siguientes datos:
Terentity Shiborin, perdido en 1959,
Piort Dolgev, desaparecido en 1960,
Wassilievch Zavadovsky, perdido en 1961,
Gennedy Mlkhailov y Alexy Belokonev, ambos diplomados del Centro de Entrenamiento Especial de la URSS, desaparecidos en mayo de 1961.
La cabecera del informe se completaba, en primer lugar, con los datos referentes al vuelo compartido por Mikhailov y Belokonev en el año 61.
Según figuraba en el informe, Gennedy Mikhailov y Alexy Belokonev, ambos científicos y diplomados en el Centro de Entrenamiento Espacial de la URSS, fueron lanzados al espacio, en dirección a la Luna, el día 17 de mayo de 1961. El lanzamiento tuvo lugar desde Baikonur, base que los rusos tienen a orillas del mar Aral. Inmediatamente después del lanzamiento de la nave tripulada, las estaciones de Turín (Italia), Jodrell Bank (Inglaterra), Bochum (Alemania) y Meudon (Francia), comenzaron a captar las comunicaciones que los tripulantes mantenían con la base de lanzamiento de Baikonur. La captación de emisiones duró una semana completa, justo el tiempo que emplearían años después las naves tripuladas, destinadas a realizar órbitas alrededor de la Luna o alunizar, en llegar a sus objetivos. Curiosamente los mensajes de los astronautas soviéticos entraron en la zona del silencio el día 24, siete después de su lanzamiento. Es presumible, por tanto, que en este tiempo se habían acercado ya a su objetivo.
Kennedy, en uno de sus discursos ese mismo año de 1961, anunció que Norteamérica pondría un hombre en la Luna en el año 1970. A Kruscheff le faltó tiempo para responder afirmado que la URSS no entraría en una competición por la Luna. Los hechos han demostrado todo lo contrario. La Luna y el espacio exterior, ya en aquellos años, eran un objetivo militar. En aquellos años, científicos como el director del Centro de Investigaciones Espaciales de Bochum, en Alemania Federal; Heinz Kaminski, o Sir Bernard Lowell, o James Webb, anunciaron dramáticamente que vuelos como el del Zond V, que dio unas vueltas al satélite y regresó a la Tierra el 21 de septiembre de 1968, mostraban una estructura básica que podría cambiar el equilibrio de poder en el mundo. El vuelo del Zond V dejó ya de ser únicamente un vuelo de investigación espacial para convertirse en el inicio de una carrera planteada en términos militares, posiblemente vinculada en el futuro a hechos de conflagración nuclear.
Según los datos que han sido oficialmente facilitados en la historia de la astronáutica, la primera nave tripulada soviética fue lanzada al espacio el 12 de octubre de 1964.
Fue el Voskhod I, tripulado por el coronel Vladimir Komarov, el comandante y piloto Konstantin Keoktistov y el médico especialista en Medicina del Espacio Boris Yegorov. Al Voskhod I seguió el Voskhod II el 18 de marzo del 65 y el 24 de ese mismo mes los norteamericanos lanzaron su primera nave tripulada al espacio exterior, el Géminis Titán III, tripulado por el mayor Virgil Grissom y el teniente coronel John Young, que dio tres vueltas a la Tierra durante cuatro horas y 53 minutos.
Curiosamente, estos vuelos tripulados tuvieron gran publicidad, incluida la televisión de ambos países, pero paradójicamente cuando se llevaron a cabo, los dos Jefes de Estado que habían impulsado de un modo sorprendente la carrera del espacio estaban fuera de juego: Kennedy, por asesinato, y Kruscheff por eliminación política...
Ante estos datos, el informe secreto de Frank Edwards cobraba especial relieve, lo que motivó que sus amigos conjeturaran en torno a una relación directa entre su muerte repentina y sus documentos sobre la investigación espacial de ambos países.
El documento salvado de la quema a que venimos haciendo alusión, al situar un vuelo tripulado en dirección a la Luna por parte de la URSS en 1961, echa por tierra todos los calendarios oficiales de ambos países en ese terreno. El documento se completaba en su primera parte con extractos de la conversación que mantuvieron con la base los dos astronautas del vuelo tripulado, que había partido de Baikonur el 17 de mayo de 1961. Esta conversación fue la siguiente:
ASTRONAUTA: - La altura es la prevista, las condiciones son inmejorables. Podemos probar de nuevo. Las primeras noticias se reciben con claridad.
BASE: - Permaneced atentos a los instrumentos... ¡Un momento...! Empiece otra vez... Repita... Las señales ahora no son muy claras...
A.: - Hemos perdido visibilidad, detrás de nosotros hay una zona totalmente oscura. ¡No tenemos ninguna visibilidad!
B.: - ¿Nos escuchan? ¡Oiga...! ¡Oiga...! Envíen alguna señal. Es necesario que controlen todo y comuniquen cualquier incidencia. ¿Recuerdan...? ¡TODO!
A.: - Está bien..., está bien...
VOZ FEMENINA.: - Ten la mano firme... Es absolutamente necesario. Mantén la misma posición... (espacios de silencio entre frase y frase).
A. (Voz muy excitada): - ¡Responded más claramente...! ¿Por qué... por qué? ¡Cambiamos de posición! ¿Cómo, cómo? ¡Ustedes sabrán lo que hay que hacer, lo que tenemos que hacer!...
B.: - Seguimos a la escucha, seguimos a la escucha... Aquí estación de radio de la Base... Informen...
A.: - Sí, pronto...
A.: - No, no es nada... Estamos en peligro...
A.: - Hay algo...
A.: - Es difícil...
A.: - Hay algo...
A.: - Si nosotros no lo explicamos, el mundo no lo sabrá nunca... Es muy difícil.
A.: - Sí, las ocho, hora de Moscú... ¿Por qué...? ¿Por qué...? ¡Hazlo pronto...! ¡No comprendo!
Esta conversación, captada por radio y grabada en cinta, acompañaba como documentación los informes de Edwards.
Antes de enviar las primeras naves tripuladas en el 64, se habían iniciado los vuelos tripulados. El primero tuvo lugar el 12 de abril de 1961. Fue el Vodstok, tripulado por Yuri Gagarin. El vuelo duró 1 hora y 48 minutos, y describió una órbita en torno a la Tierra a la altura de 328 kilómetros. Siguió el Vodstok II en agosto, y el 20 de febrero de 1962 tuvo lugar el primer vuelo orbital tripulado de los Estados Unidos, con John Glenn como piloto, con una duración de 4 horas y 55 minutos, y se hizo a una altura de 257 kilómetros.
Los últimos vuelos orbitales tripulados de la URSS, fueron el Vodstok V y VI y precedieron a la "primera capsula orbital", llamada Voskhod I. En el informe de Frank Edwards también aparecía transcrita una cinta grabada durante esos dos últimos vuelos simultáneos.
El Vodstok V de Valeri Bikovski, había sido lanzado el 15 de junio de 1963. El Vodstok VI, con Valia Tereskova a bordo, se lanzó el 16 de junio de 1963. De modo que ambos estuvieron simultáneamente en el espacio tres días. En ambos vuelos hubo elementos extraños que interfirieron, siendo grabados en las cintas de escucha de las bases de seguimiento. Estos documentos se encuentran en poder del Centro Studi Fratellanza Cósmica.
El 18 de junio de 1963, Valeri Bokovski comunicó con su base en un estado de enorme agitación:
- ¡Aquí Nibbio! ¡Un cuerpo luminoso parece volar en dirección a la cápsula!
- ¡Aquí Nibbio, aquí Nibbio! ¡Algo me acompaña por el espacio! ¡Parece que vuela muy cerca de mi cápsula! ¡En este instante se precipita hacia mí!
Bikovski enmudeció, la base también. Poco después el astronauta volvió a hacer uso de la radio:
- El bólido me ha rebasado a enorme velocidad! Ha pasado casi rozando la cápsula...
La conversación fue captada por las bases del Pacífico. Poco después, el aparato no identificado se dirigió hacia la cápsula de Valentina Tereskova. Alarmada por la aproximación del objeto, Valia intentó comunicar con Bikovski y con la base:
- Veo un vehículo desconocido que se acerca peligrositmente a la cápsula... ¡Dadme instrucciones...! ¡Espero instrucciones...!
- Está excesivamente próximo...
Luego el objeto siguió su curso en el espacio y los dos Vodstoks aterrizaron el mismo día 19 de junio.
Un mes exacto antes, en el vuelo orbital, el mayor Gordon Cooper se vio repentinamente seguido por una misteriosa luz verde de cola roja en su 15.a vuelta y a la altura de Australia. El fenómeno fue corroborado por el Tracking Station de Muchea, siendo confirmado el paso y la presencia del objeto extraño por testigos. En el primer reportaie que hizo la emisora NBC, a las 10,45 de mañana del 16 de mayo de 1963, el redactor John Chanceller, de la Radio Space Central, de Cabo Kennedy, dijo:
«Cooper ha divisado una extraña luz verde, de cola roja. desplazandose en sentido contrario a la cápsula.» Diez minutos más tarde en "New on The Hour", de la NBC, Chanceller volvió a informar:
«También nos han confirmado desde la estación de seguimiento australiana de Muchea, que Cooper se ha encontrado a la altura de Australia con un objeto luminoso de color verde y cola roja, desplazándose en sentido opuesto a su cápsula.»
Cuando Cooper llegó a la Tierra los periodistas le asaetearon a preguntas, pero Cooper ya habia recibido la orden de callar y respondió con el laconismo más absoluto. Sin embargo, en la investigación posterior que llevaron a cabo miembros de la NICAP, fue aceptado el informe del encuentro como válido.
El mismo fenómeno se había producido también el año anterior, en el vuelo orbital de Scott Carpenter el 24 de mayo en el Aurora, cuando describía tres órbitas en sentido casi idéntico a Glenn. Al poco tiempo de iniciar su giro, y a la altura de Australia, Carpenter comunicó a la base:
- Estoy observando unas «Partículas luminosas» que vienen a mi encuentro. ¡Son muy rápidas! y parecen tener una luz más brillante que las estrellas...
Poco después volvió a comunicar:
- Entoces ellos existen!... Son ellos... Decidselo a Glenn!
La cápsula Mercury en que viajaba Carpenter, en un momento determinado se quedó falta de carburante y Carpenter tuvo que servirse de los mandos manuales para mantener la cápsula en posición. Por distracción, Carpenter dejó a la vez conectado el mando automatico y ello provocó un error de 400 kilómetros con relación al lugar de amerizaje. Durante la fase del vuelo que duró desde la conexión del mando manual al amerizaje, se interrumpieron las comunicaciones por radio. Los técnicos supusieron que la Mercury, con Carpenter a bordo, se habían desintegrado. Sin embargo la cápsula llegó intacta. Los paracaidistas que recuperaron a Carpenter, le encontraron en un estado de completa confusión mental. Parecia semi-inconsciente y no les reconoció. Al verlos dijo:
- ¿Quiénes sois vosotros? ¿De dónde venís?...
Contrariamente a las leyes fisícas, la cápsula no había sido afectada por el calor desprendido del contacto con la atmósfera. En unas manifestaciones exclusivas para "Time Life Inc.", Carpenter dijo:
«La caída, durante la mayor parte de la trayectoria, fue muy dulce. El calor de frotamiento no penetró nunca en la cabina a pesar de que la temperatura exterior fue de 1.093 grados. Cuando miré fuera vi un halo anaranjado. Luego noté un centelleo de un verde difuso que se había formado alrededor de las extremidades de la cápsula, que desapareció cuando la cápsula franqueó la zona de frotamiento. Tampoco sentí el impulso hacia atrás en el momento del encendido de los cohetes de retroceso.»
Esta serie de acontecimientos también tienen su historia paralela en los comunicados que recibió Eugenio Siragusa, según iremos viendo.
En julio de 1969, los astronautas americanos del Apolo XI, Armstrong, Aldrin y Collins, consiguen el primer alunizaje. Asmstrong pisa por primera vez la Luna. Le acompaña Aldrin, y Collins permanece en órbita en el módulo. Al acercarse a la superficie lunar, Armstrong comunicó a la base:
- Divisamos una luz en el cráter Aristarco.
Mientras Aldrin desplegaba el aluminio en forma de pantalla para recoger el viento solar, sobre el horizonte negro aparecieron dos puntos luminosos que se fueron acercando y agrandando hasta definirse como dos naves.
Las fotos que hicieron los astronautas aparecieron en la prensa, pero luego fueron censuradas. El hecho más importante del viaje tuvo lugar en el momento mismo en que Armstrong pisó la Luna dando media vuelta sobre la posición de la cápsula. En un estado de gran excitación comunicó a la base:
ARMSTRONG: - ¡Oh Dios, están ahí, son enornes!
BASE: - ¿Qué es? ¿Qué diablos sucede? BASE llamando a módulo lunar: ¿Qué pasa? ¿No funciona?
A.: - ¡Son objetos enormes, enormes! Son otras naves y están alineadas al otro lado del cráter. Están en la Luna y nos observan.
En el Boletín del C.S.F.C. de aquel mismo mes y año, Eugenio Siragusa manifestó:
«La luz del cráter Aristarco que vieron los astronautas y sobre la cual preguntaron, también fue vista desde el obervatorio holandés de Oudensbosch. La luz apareció poco antes del alunizaje. Ni los astronautas ni los técnicos supieron interpretarla. En realidad era una señal de consentimiento y aprobación transmitida por los confederados del espacio a los primeros astronautas que llegaron a la Luna. Cuando posteriormente Armstrong y Aldrin vieron las naves alineadas en el horizonte lunar, tuvieron miedo y fueron incapaces de ir al encuentro de los habitantes de nuestro satélite. Los tres astronautas no fueron capaces de hacer nada. Habían llegado imbuidos del espíritu de la máquina.»
Con esa misma fecha un satélite ruso, el Lunik 15, no tripulado, fue enviado en tomo a la Luna el día 13, tres días antes que los americanos del Apolo XI, y descendió en el suelo lunar el día 21...
Eugenio Siragusa en su información privada, volvió a comunicar:
«Los rusos enviaron el Lunik 15, como espía y documentador. Según sus criterios, pensaban que el Apolo XI podría llevar a cabo un encuentro entre terrestres y extraterrestres en el suelo lunar. El encuentro no pudo producirse, dado las características de los astronautas Armstrong y Aldrin; Borman hubiera sido el adecuado. Los extraterrestres no quisieron aproximarse demasiado al LEN para no asustar a los dos hombres. De haberse encontrado bis a bis con seres vivientes en la Luna, hubieran regresado en mal estado a su nave y hubieron sido incapaces de tomar las medidas adecuadas para regresar y ponerse a salvo.»
De todos modos, los rusos saben mucho sobre la Luna. Alunizaron primero y conocen el secreto de la cara oculta de la Luna desde el año 1959, en que el Lunik III envió las primeras fotografías del lado oculto de la Luna. El interés despertado por estas fotos provocó una aceleración de los viajes y, les hizo enviar el Zond, que llegó a sacar en un solo vuelo fotografías de ocho millones de kilómetros cuadrados de superficie lunar.
En noviembre de ese mismo año, los astronautas americanos Conrad y Bean consiguen el segundo alunizaje en el Apolo XII. En el módulo de órbita permaneció Gordon. El paseo duró ocho horas y realizaron experimentos en el suelo lunar. ¿Qué experimentos?
Con fecha 25 de noviembre de 1969, tres días después de que el Apolo XII hubiera abandonado el suelo lunar, Eugenio Siragusa hizo público este mensaje:
«Los científicos terrestres han quedado desorientados al constatar que el terremoto anómalo provocado artificialmente sobre la Luna ha tenido una repercusión de 55 minutos.
Un terremoto de este tipo no tiene explicación sobre la Tierra y es muy simple la razón. Cuando en vuestro Planeta se verifica un terremoto, la vibración del geoide va siendo amortiguada por la masa magneto-esférica que lo circunda. En otros términos, la masa de la atmósfera que presiona en torno del Globo, ejecuta una acción de freno.
La Luna, al contrario, no está circundada de atmósfera y resulta suspendida libremente en el vacío cósmico. Al verificarse un terremoto, su masa vibra sin freno alguno externo hasta que las oscilaciones no se liberen solas.
El terremoto provocado por los astronautas del Apolo XII, ha sido de modesta entidad. Pero un terremoto de mayor Intensidad podría hacer vibrar la masa selénica en medida tal que causase directamente el desplazamiento de la órbita lunar, con consecuencias absolutamente incalculables.
Recientemente, a través de un operador nuestro viviente en la Tierra, hemos exhortado a no conducir experimentos que pudiesen provocar disfunciones estructurales energéticas en la Luna. Hoy volvemos para disuadiros nuevamente de proseguir en este camino y para proponer a vuestra inteligencia un concreto testimonio que todavía os parece envuelto en el misterio, pero que memoriza imágenes de un trágico evento cargado de posibles analogías.
En el pasado remoto, orbitaba en torno a vuestro Planeta una segunda luna. A causa de un violentísimo choque con un meteorito, dicha luna se salió de su órbita hasta aproximarse sensiblemente a vuestro Globo. Atraído progresivamente por la Tierra, el planetoide acabó por precipitarse sobre vuestro Planeta provocando la destrucción de la Atlántida y una enorme mutación de la configuración de los continentes. (Inicialmente la Tierra tenía tres satélites: la actual Luna - el mayor - y dos más pequeños que se precipitaron sobre los continentes Mu y Azlante.)
Cuanto ahora estáis provocando, podría producir una repetición. Sed prudentes y considerados a fin de que no se repitan tales cataclismos.»
El mensaje fue recibido por Eugenio Siragusa el mismo dia que finalizaba el viaje del Apolo XII. En esta ocasión como en otras muchas, su papel le obligó a tomar parte en un acontecimiento que se había llevado políticamente bajo el más estricto secreto. Eugenio Siragusa hizo llegar el mensaje a los científicos de la NASA. No era el primero, pero tampoco sería el último.
Eugenio Siragusa tenía una vía de información insuperable en la vía Telex Sens, estando al corriente de aquellos hechos provocados por las dos superpotencias que podían afectar el equilibrio del Planeta y del Sistema Solar. No en vano era y es uno de los operadores fundamentales del «Programa Saras».
Durante el año 70, y antes de una nueva exploración sobre la superficie de la Luna, Eugenio Siragusa envió un nuevo mensaje a los científicos de la NASA recibido de Adoniesis y relativo a los experimentos que proyectaban llevar a cabo en el próximo viaje. Decía así:
«Atentos a lo que os proponéis hacer en el próximo viaje al satélite de la Tierra, la Luna.
Os recomendamos tener presente cuanto os hemos dicho a su debido tiempo si no queréis incurrir en serios apuros. Tened presente, además, que las particulares condiciones cosmofísicas de vuestro satélite no se prestan a aquellos experimentos que os habéis propuesto llevar a cabo.
Un intervención coercitiva de las fuerzas energéticas, provocada por explosiones sobre la superficie y en el subsuelo lunar, podrían desencadenar un desquilibrio tal que pusiese dicho cuerpo celeste en una desviación sustancial del sitio normal respecto a vuestro planeta.
En tal caso, vuestra desgracia sería irreparable. Vuestra historia no conoce nada sobre su pasado remoto. La Atlántida fue totalmente destruida por la caída sobre la Tierra de la segunda Luna, provocando inmensos desastres y la desviación del eje terrestre en 45% hacia el Oriente.
Vuestro satélite podría poner fin a vuestro planeta si cambiaseis o destruyéseis su cosmológico equilibrio. Estad muy atentos a lo que hacéis. Podríamos, incluso, no intervenir y permitir vuestra completa destrucción. quitando así de nuestra galaxia la fuerza negativa que vuestra especie viene edificando, en perjuicio de la gran familia universal. Pero puesto que nuestro amor es luz de Dios, nuestros medios están ya alerta y prontos para actuar, si fuese necesario, impidiendo o anulando vuestra misión en el espacio.
Estad atentos, científicos de la Tierra. - Firmado: Adoniesis.» (Transcrito por el operador Eugenio Siragusa)
El 11 de abril era lanzado el Apolo XIII rumbo a la Luna. El día 17, Lowell, Swigert y Haise tuvieron que valerse del módulo lunar para poder regresar a la Tierra. La ruptura de un tanque de oxígeno en el módulo de. servicio obligó a abandonar la misión.
El 9 de febrero del 71, el Apolo XIV realizó otro tipo de experimentos en la Luna durante 33 horas.
El 30 de junio de 1971 el Soyuz II, tras acoplarse a la Estación Salyut y permanecer en ella tres semanas, regreso a la Tierra. Al abrir los científicos rusos la cápsula, que había aterrizado sin novedad, encontraron a los tres astronautas muertos. Eran Dobrovolsky, Volkov y Patsavev.
También en esta ocasión, Adon'esis transmitió un comunicado a Eugenio Siragusa, el cual lo hizo público según le habían indicado. Este era su contenido:
«Vuestra tecnología espacial no permite garantizar la vida de los astronautas cuando se ven obligados a quedar mucho tiempo en estado de ingravidez en los espacios externos de los planetas o de los sistemas solares.
Nuestra tecnología, contrariamente a la vuestra, que aún está en sus comienzos, puede asegurar a los organismos que se encuentren fuera de su medio natural de vida, la índependencia completa de las diferentes fuerzas que actúan en el interior de la estructura biofísica del cuerpo. Nosotros tenemos un conocimiento completo de los valores cinéticos que actúan en el triple aspecto del ser viviente cuando entra en una dimensión completamente diferente a la suya.
Nosotros también conocemos la diferencia sustancial que existe entre lo ponderable y lo inponderable. Estas diferencias de fuerzas y de equilibrio deben, obligatoriamente, ser conocidas por los que son llamados a pasar súbitamente de una dimensión a otra.
En el imponderable, dos de los tres aspecto del hombre (el anímico y el espiritual) se encuentran en su propia dimensión, contrariamente al tercero (cuerpo-biofisico) que se encuentra fuera de su propia dimensión.
Mientras que los dos primeros aspectos tienden a la expansión, y por consiguiente, a salir del cuerpo (biofísico), al cual quedan sin embargó ligados, este último, acusa la pérdida parcial de la emotividad en expansión, y por consiguiente fuera del cuerpo biofísico, sufriendo una lenta y progresiva pérdida de los valores dinámicos de todos los organos.
Una larga permanencia en el espacio, en tales condiciones, provoca cambios bastante peligrosos para los astronautas, los cuales están obligados a pasar rápidamente de una dimensión a otra. En tal caso, puede suceder que el cuerpo biofísico vuelva sin sus aspectos anímico-espirituales y se encuentre, entonces, en estado de muerte aparente, que puede durar el tiempo necesario para la reintegración completa de los aspectos en expansión en su propia dimensión. El estado de muerte aparente puede realizarse por la incorruptibilidad (no descomposición) de la materia biofisica, que queda unida a los aspectos anímico-espirituales por un sutil e invisible hilo de vida. Esta verificación no ha sido realizada con los tres astronautas rusos y es muy posible que los tres hayan fallecido al practicarse la autopsia.
La ciencia terrestre debería tener seriamente en cuenta los valores anímico-espirituales, que son los componentes principales del hombre, particularmente cuando estos componentes se encuentran en su verdadera dimensión. - Firmado: Adoniesis.»
La comunicación fue recibida en julio, 15 días después del accidente del Soyuz. Una vez más el operador Eugenio Siragusa era utilizado para ampliar una serie de conocimientos y datos que entraban en conflicto con una de las superpotencias... Los rusos no intentaron la experiencia del alunizaje humano y retrasaron sus vuelos tripulados hasta septiembre del 73. Los norteamericanos terminaron sus vuelos programados y tripulados a la Luna con el Apolo XVII, en diciembre de 1972.


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