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[Aquila]

11. La conferencia cumbre de 1955
sobre un cuerpo no identificado

La primera semana de mayo, la Casa Blanca se puso en contacto con el Premier británico y el Presidente de la República francesa. En este contacto se fijaron los puntos del orden del día que se incluirían en una posible conferencia cumbre que se debía celebrar con la URSS a la mayor brevedad.
La invitación oficial de las tres potencias occidentales fue cursada a la URSS en la persona del Jefe del Estado soviético, el día 10 de mayo de 1955.
Contra toda costumbre, el Kremlim respondió con una rapidez y una mansedumbre inusitadas. La Unión Soviética declaraba en esta respuesta, dada tan sólo, cuatro días después, es decir, el 14 de mayo, su disposición para la cumbre.
Sin embargo, ese mismo día la agencia de noticias soviética Tass difundió un comunicado oficial que fue pasado en las emisoras de radio y transcrito en algunos medios de prensa que decía así:
- El Gobierno ha aprobado la creación de un nuevo Comité de estudio, encargado exclusivamente de la navegación interplanetaria. Dicho Comité será presidido por el atomista Kapitza.
El conocimiento de este comunicado en Washington sumió a la Casa Blanca y al Pentágono en las más absoluta perplejidad.
El comunicado, ¿tenía como intención dar un golpe publicitario antes de la reunión de la cumbre o querían justificar la presencia del ingenio a nivel de medios de comunicación por medio de un Comité que canalizase la documentación no secreta?
En el encuentro previo que tuvieron en Nueva York los primeros Ministros para preparar la Cumbre, el Premier Foster Dulles fue todo amabilidad y elogios para los rusos. Y el propio Molotov, conocido en los ambientes políticos por sus modales hoscos y su impenetrabilidad, dio muestras de una exquisita corrección diplomática; sonrió para la prensa, se dejó poner sombreros de «cowboy» y posó para los medios de comunicación, poniendo una cara mucho más alegre que lo habitual.
La conferencia cumbre se fijó, según se ha podido saber después por indiscreciones diplomáticas, para el 18 de julio de 1955. Y en efecto, tuvo lugar en Ginebra en esa fecha, entre los «Cuatro Grandes»: Kruschov-Eisenhower-Churchill y R. Coty.
La cumbre duró tres días casi completos. No trascendieron los detalles de la discusión, pero sí pudieron saberse los puntos fundamentales en síntesis. Durante todo el tiempo que duró la reunión, se evitó por todos los medios por parte de las potencias occidentales mencionar las palabras "satélite, objeto desconocido", etc. Las conversaciones se centraron en el tema de la investigación astronáutica y se llevaron al campo de las posibles investigaciones conjuntas o paralelas sobre este terreno.
El último día de la cumbre, el general Eisenhower dio un golpe estratégico muy propio de su carácter militar. Propuso abiertamente a la consideración de la parte contraria un texto que además podía servir de conclusión de la cumbre si los soviéticos lo apoyaban y se sumaban a él. El texto aproximado era como sigue:
«Los Estados Unidos no poseen conocimiento secreto alguno mantenido oculto al resto de la humanidad. Las bases, las fábricas, las instalaciones atómicas, tienen como máximo objetivo el desarrollo y evolución pacífica de la Humanidad. Por tanto, mi Gobierno estaría dispuesto a permitir, por parte de los rusos o de cualquiera de las potencias asistentes a la cumbre, un reconocimiento fotográfico desde el aire o visual «in situ», siempre que los rusos accediesen a ser objeto de reconocimiento y control en idénticas condiciones por las potencias occidentales y los Estados Unidos.»
Esta concesión por parte americana, cuidadosamente premeditada y preparada, esperaba como contrapartida conseguir una información definitiva de la implicación o no implicación directa de la URSS en el suceso del satélite artificial observado.
Si los rusos aceptaban una inspección en los campos tradicionales de Investigación aerodinámica, atómica e Industrial, automáticamente se presuponía que trabajaban con un margen superior y tenían un satélite de reconocimiento mucho más avanzado qúe les permitiría ser invulnerables a este tipo de reconocimiento y mantener su ventaja en el espacio.
Sin embargo los rusos no aceptaron abiertamente la propuesta americana y sí prometieron estudiarla detenidamente considerándola de sumo interés.
La Casa Blanca y el Pentágono no estaban satisfechos con esta respuesta y tampoco con los resultados informativos conseguidos en la cumbre, a pesar de ser tres contra uno a la hora de observar, sugerir y proponer.
Así que los Estados Unidos se decidieron a dar otro golpe de estrategia política y diplomática. Una semana más tarde, el Presidente Eisenhower aprobaba la construcción de un satélite artificial que gravitase ofialmente en tomo a la Tierra. El comunicado de esta importante decisión se hizo público el 29 de julio en la persona del secretario de Prensa de la Casa Blanca, Jimmy Haggerty. El comunicado que se dio a los medios de comunicación decía así:
«El Presidente Eisenhower ha aprobado la construcción de un satélite artificial que gravitará alrededor de la Tierra.»
Al día siguiente, los rusos hicieron público otro comunicado, totalmente inesperado y sorprendente para la política americana:
«Los hombres de ciencia soviéticos están dispuestos a colaborar en un futuro inmediato con sus colegas americanos en la investigación aeroespacial.»
De este modo el juego quedó al descubierto. El Observatorio de Monte Palomar y el de Leningrado habían observado el mismo objeto, y habían concluido como hipótesis de trabajo que el satélite era artificial y por tanto pertenecía a la potencia contraria que se les había adelantado en la investigación espacial.
El doble equívoco por parte de la URSS y por parte de USA había propiciado la cumbre de Ginebra. Pero al descubrirse mutuamente el engaño, se planteaba con toda crudeza la presencia de aquel enorme objeto desconocido, de más de 10 kilómetros de diámetro, que giraba en torno a la Tierra a una velocidad superior a los 30.000 kilómetros por hora y seguía una trayectoria totalmente matemática. Si el objeto o satélite no era de fabricación terrestre, ¿de dónde procedía? ¿Quiénes lo habían construido?
Los científicos que por parte rusa y americana estudiaban el caso, se vieron en la necesidad de hacer unos informes totalmente inusuales, paradójicos y alarmantes.
El objeto seguía acelerando su velocidad de giro en torno a la Tierra de un modo preciso y si su trayectoria no era controlada o detenida, podía llegar a ser una amenaza grave.
Ante la psicosis creada por el satélite no identificado, tanto americanos como rusos, no encontraron más que una salida: «acelerar a tope los programas de investigación que tenían como objeto poner satélites artificiales en torno a la Tierra».
De este modo la astronáutica, nació y se aceleró precisamente a causa de los avistamientos importantes de «objetos no identificados» movidos según principios inteligentes, aunque de origen desconocido.
Lo que las dos superpotencias no sabían es que sus primeros satélites eran como cáscaras de nuez en un océano o como hojas secas en medio de un vendaval, y que ya desde los primeros iban a ser seguidos, espiados e incluso intervenidos por la acción de otros satélites, otros objetos, de procedencia y naturaleza superiores, totalmente desconocidos.


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