
10. Alarma en la Casa Blanca
La presencia de este cuerpo ajeno, a sólo 50 kilómetros de giro sobre el Planeta, alarmó no sólo a los militares de las bases que habían podido detectarlo por radar, sino al Ministerio de Defensa y al Pentágono.
Se había iniciado un programa de ocultamiento, dirigismo y manipulación del tema de los platillos volantes en vigencia desde finales de los años 40. La CIA había intervenido eficaz, política y contundentemente en el desarrollo de los acontecimientos al respecto. Las comisiones investigadoras, los informes objetivos y los resultados de algunos científicos, habían podido ser mantenidos en suspenso o retirados a la publicidad de los medios de comunicación, aprovechando el cambio de Presidente en el país. Truman se había ido y en su lugar había un militar: el general Elsenhower.
En la mañana del 25, después de la reunión del personal de Monte Palomar con altas personalidades del Pentágono, se pasó un dossier al propio Presidente de los Estados Unidos. El general Eisenhower lo leyó y, como respuesta, convocó para esa misma tarde una reunión extraordinaria con el Comité de Seguridad Nacional de los Estados Unidos.
Asistían a la reunión urgente, en calidad de consultores, los profesores La Paz y Clyde Tombaugh, y en calidad de informantes, el director del Observatorio de Monte Palomar y el jefe de la base White Sands.
Al comenzar, el director del Observatorio resumió así la situación:
- Tenemos nuevamente un cuerpo no identificado girando en tomo a la Tierra, en una órbita que se aproxima a la superficie en casi 500 kilómetros y siguiendo la ruta Este-Oeste. La observación coincide con la de hace tres años en varios aspectos: forma de luminosidad, dirección de giro, velocidad... La única diferencia consiste en su aproximación a la Tierra y en que, de los dos cuerpos observados, ha desaparecido uno. Nuestra conclusión definitiva es que no se trata de meteoritos, como apoyó anteriormente el profesor Clyde Tombaugh, sino de satélites de construcción humana.
La conclusión levantó una ola de comentarios. Algunos militares empezaron a gritar. Eisenhower escuchaba en silencio.
Asistían a la reunión, como técnicos en astronáutica, Wernher von Braun y Walter Doernberger, que estaban trabajando en un proyecto de satélite similar.
Von Braun tomó la palabra y se dirigió al director del Observatorio de Monte Palomar:
- ¿Puede decirme, por referencia a la observación anterior, las variaciones de velocidad, forma, luminosidad, conducta y diámetro de giro orbital del objeto en cuestión?
El director del Observatorio le respondió:
- En el tiempo que ha mediado entre la primera observación y esta segunda, hemos observado un acercamiento de 500 kilómetros en su órbita de giro con respecto a la Tierra. Cada mes ha ido ganando unos segundos en su velocidad de giro. Hoy podemos añadir que realiza una vuelta completa de nuestro Planeta en menos de una hora. Dada su aproximación, ha variado enormemente su tamaño. Según nuestros cálculos, hoy tiene un diámetro de más de 10 kilómetros. Su forma aparente es esférica.
Volvió a reinar un irresoluto silencio entre todos los asistentes. W. Doernberg pasó un portafolios y una carpeta a Von Braun. Von Braun dijo:
- Los rusos Heinrich Grunov y Helimuth Goeltrup están trabajando en un proyecto parecido al nuestro, según las informaciones que poseemos. Pero no teníamos noticias de que hubiesen lanzado ingenio alguno de esas características. Incluso podemos añadir que las características del objeto observado rebasa nuestro estado actual de desarrollo astronáutico.
Al final de la violenta reunión, se alcanzaron dos conclusiones. La primera, de carácter técnico, decía así:
«El cuerpo que gira alrededor de la Tierra, y que ha sido detectado nuevamente en Monte Palomar, no es un meteorito, sino que puede ser un "satélite artificial secreto" lanzado por la Unión Soviética al espacio.»
La segunda conclusión era de tipo político y fue llevada a cabo entre un grupo más reducido de miembros del Pentágono y la Casa Blanca. Era la siguiente:
«Se establecerá contacto con los dirigentes de la URSS con la mayor urgencia, y se invitará a las grandes potencias occidentales a esta reunión.»

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