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NOTIZIE SULLA REALTÀ EXTRATERRESTRE  -  NEWS ON THE EXTRATERRESTRIAL REALITY
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[Aquila]

9. Objetivo mundial:
Caza y captura de un Ovni
a cualquier precio

No hay que prestarse a equívocos. La iniciativa de la CIA sobre control informativo del tema ufológico no pretendía enterrar los informes a todos los niveles. Solamente le interesaba triturarlos a nivel público, pero al mismo tiempo ampliarlos, analizarlos y conseguir los máximos resultados positivos, si fuera posible, en privado.
Puesto que había quedado claro en todos los avistamientos la superioridad tecnológica de las naves del espacio, había que suponer o que dicha tecnología pertenecía a otro país de la Tierra, o que venía de fuera. Una vez eliminada la primera posibilidad, quedaba en pie la segunda: «Los seres que tripulaban los Ovnis, que los tripulan hoy, poseen una tecnología tan avanzada que les permite controlar la gravedad y utilizarla en su beneficio.»
Si estos seres diesen estos conocimientos a cualquier país del planeta Tierra, automáticamente ese país conseguiría una hegemonía total. Igualmente, si alguna de las potencias enemigas conseguía hacerse con una máquina espacial del tipo de Ovnis observados, y desentrañar su secreto, la pondría en una situación de enorme ventaja, convirtiéndola en la dueña del mundo.
Estas fueron la reflexiones que se hicieron, al comienzo de los años 50, los encargados de la Seguridad de los Estados Unidos, la URSS y la NATO. Como consecuencia, en todos los frentes se dio una orden: Caza y captura de un Ovni para desentrañar su secreto antes que cualquier otra potencia.
Esta orden general tuvo en Estados Unidos algunos protagonistas que pagaron con su vida. Pero también tuvo lugar esta caza, inútil hasta hoy, en el Canadá, en la URSS, en el Reino Unido, en Sudamérica...
El caso más popular fue el del capitán Mantell. Un caso relatado hoy con todo detalle por la Comisión del «Libro Azul», pero conocido públicamente desde el primer momento.

* * *

Era ya la tarde del día 7 de enero de 1948. El sargento Quinton Blackwell se dejaba llevar por el sopor que producía la hora inmediata a la comida. Todo estaba tranquilo. A las 13,15 sonó el teléfono. Lo tomó Blackwell.
- Torre de control de Godman Field, ¿dígame?
- Le llama el sargento Cook, desde el despacho del coronel Hix. La policía militar de Fort Knox acaba de comunicarnos que se encuentra sobre Mansville un gran objeto circular de unos 100 metros de diámetro. ¿Puede usted comprobar con el servicio del Ejército si se encuentra algún aparato inusual realizando maniobras en la zona?
- De acuerdo, pediré información.
Poco tiempo después, Blackwell recibió esta notificación del servicio de vuelo:
- No tenemos ningún aparato en vuelo sobre esa zona. Pero, hemos recibido información sobre un objeto que se ha desplazado sobre Irvington y Owensboro, en Kentucky. Verifiquen sus observaciones y compárenlas con la nuestra. Llamaremos de nuevo.
El sargento Blackweil se dedicó a realizar una observación más minuciosa dentro del perímetro que le permitía su torre de control en la base Godman Field. A las 13,45 observó un objeto situado al Sur. Inmediatamente llamó para dar la confirmación que se le había pedido. Le pusieron con el subteniente Orner, del Detachment Commander.
- Tengo ese objeto a la vista, en la zona sur del cielo. Es visible desde la torre.
Bien. Siga observándolo. Voy ahora mismo.
El subteniente Orner entró en la tórre de control de Godman. Tomó los prismáticos y observó el objeto. Luego tomó el teléfono.
- Aquí el subteniente Orner. Me encuentro en la torre de control. Desde hace unos minutos estamos observando un objeto al sur de la base. El objeto es discernible a simple vista. Parece redondo y blanco y se distingue perfectamente de las nubes de alrededor. También hemos recibido aviso del capitán Hooper, de Operaciones de Vuelos de Prueba, y no tienen en ese área ningún aparato experimental.
- Voy inmediatamente.
El oficial de operaciones de la Base Godman que prestaba servicio en ese momento, Gary W. Carter, colgó el teléfono y se dirigió apresuradamente a la torre de control. Tomó los prismáticos de campaña, como habían hecho los anteriores, y observó el objeto. No hizo ningún comentario. Blackwell y los demás observaban atentos. Carter tomó el teléfono y llamó al coronel Hix.
- Lo hemos comprobado desde las 13,15 hasta ahora. Es un objeto no indentificado. No existen vuelos experimentales en la zona. Lo estamos observando a simple vista. Puede tener unos 100 ó 150 metros de diámetro.
El teniente coronel Wood, el capitán Duesler y el coronel Hix, llegaron inmediatamente a la torre de control. Eran aproximadamente las 14,30 horas de la tarde.
A las 14,40 se acercaba hasta Godman Field una escuadrilla de cuatro cazas P-51 Mustang. Traían la ruta desde Marietta a Standford Field.
El oficial de operaciones, capitán Gary W. Carter, ordenó al sargento Blackwell:
- Tome contacto con los aviones e indíqueles que se acerquen al objeto para hacer una observación más detallada.
Blackwell, operador en la torre, puso en práctica la orden inmediatamente.
- Torre de Control de Godman Field llamando a jefe de vuelo NG-869, cambio.
- Aquí NG-869, le escucho...
- ¿Tienes suficiente combustible para realizar una observación?
- Sí, tenemos suficiente.
- Hay un objeto situado al sur, en el rumbo 210" ascendente. Acérquense y si pueden identifíquenlo.
- Recibido. Iniciamos maniobra. Cambio.
El jefe de vuelo era el capitán Thomas Mantell, que tripulaba un caza NG-3869. Thomas Mantell transmitió el comunicado a la escuadrilla de cazas. El caza NG-336 de la formación, con el piloto Hendrichs, tuvo que aterrizar en Standford inmediatamente porque le faltaba combustible. Los otros tres cazas ascendieron en dirección al objeto.
Cuando se encontraban a unos siete mil metros de altura, otro de los pilotos, Hammond, que tripulaba el NG-737, llamó a Clements que tripulaba el NG-800 y le dijo:
- Oye, muchacho, estamos sin equipo de oxígeno, no podemos seguir ascendiendo. Regresemos.
Clements le respondió:
- Amí me falta también combustible, regresemos.
Ambos pilotos tomaron tierra en Standford. El NG-3869 del capitán Mantell seguía ascendiendo en dirección al objeto. El piloto Clements tomó combustible y reinició la observación del objeto hasta una altura de 11.000 metros con su caza NG-800. Había perdido de vista el objeto y tampoco vio el aparato de Mantell, así que regresó a la base nuevamente.
Al pasar por la torre de control de Goman, el piloto Clements dijo:
- Lo he perdido. Ahí arriba he visto como el reflejo de la luz del sol sobre la cabina de un avión. He penetrado hasta 11.000 metros de altura, pero no he podido ver nada.
Durante los 25 minutos que duraba la operación, Thomas Mantell se comunicó dos veces con la torre de control. A las 15,15 dijo:
- Lo tengo localizado. El objeto está delante y arriba, moviéndose a mi velocidad, tal vez más rápido. Voy a tratar de acercarme para verlo mejor. Estoy a 9.000 m., voy a subir otro poco...
El piloto Clements, con su NG-800, había hecho la segunda subida en busca de Mantell pero sin resultado. Su llamada al jefe de escuadrilla y su comunicado a la torre de Godman fue casi simultáneo antes de abandonar la búsqueda.
A las 17,50 llamaron de Standford a Godman:
- El NG-3869 se ha estrellado con Mantell a bordo, a cinco millas al suroeste de Franklin. Hora aproximada, a las 16,45.
A esa hora de la tarde y a partir de las 16 horas se encontraba a cargo de los operadores el capitán Arthur T. Jehli. Al cambiar el tumo habían abandonado la torre de control de Godman, Blackwell, el oficial de operaciones Gary Carter y el coronel Hix.
Arthur Jehli, notificó a NG-737 y NG-800 que había recibido el aviso. Y amplió la información del NG-3869 al Centro de Servicio de vuelo de Maxweil. Dicho Centro hizo una llamada a Franklin, lugar del accidente.
- Habla Arthur Jehli, de la Base de Godman (Kentucky). Se ha estrellado el caza NG-3869, pilotado por el capitán Thomas Mantell, al suroeste de esa base. Hora aproximada, las 16,45.
Poco después se personaron en el lugar del accidente el capitán Joe Walker, de Franklin, y el subteniente Tyler, oficial de operaciones de Standford. Posteriormente se les unió un grupo de la policía militar de Godman.
Los restos del NG-3869 estaban esparcidos en una distancia de varios kilómetros, pero no se encontró rastro del piloto. El informe pasó al Mando de Defensa Aérea de la Base Mitchel, del estado de Nueva York.
En el informe se decía: «El capitán Mantell perdió la consciencia por falta de oxígeno en un momento determinado del vuelo. En ese momento, debido a la falta de control, y por influencia de las enormes presiones, el NG-3869 inició una caída en espiral cerrada y se desintegró. En esa fecha, y en la dirección que siguió Mantell, se encontraba Venus. Es posible que fuera algún reflejo solar la causa del accidente. O también un globo lanzado por la Navy que se encontraba a más de 10.000 metros de altura por encima de su aparato en el momento de ocurrir el accidente.»
Mientras se realizaba este informe, sin embargo, el aparato metálico volvió a hacer acto de presencia en los cielos de Kentucky y fue detectado por la torre de St. Louis, Kansas City, Olmsted, Maxwell, la policía militar de Madisonville...
De cualquier manera, Thomas Mantell fue la primera víctima histórica de un Ovni, y al parecer se había producido en el momento de su persecución...
Unos años más tarde, cuando todavía el caso Mantell era un secreto militar, en Catania, Eugenio Siragusa hizo público un comunicado alusivo al accidente de Thomas Mantell. El comunicado fue recibido por su sistema habitual de telex-sens, siendo el sujeto emisor «Adoniesis».
«El aparato del capitán Thomas Mantell, al rebasar los límites de seguridad consentidos al tipo de apprato que él pilotaba, embistió el espacio fuertemente magnetizado en forma de halo fluctuante que rodeaba a la cosmonave, disco o platillo volante, como ustedes lo llaman, provocando la desintegración del aparato y la total deshidratación del piloto. Esto no habría sucedido si el capitán Mantell hubiera sido capaz se controlar su emotividad psíquica y de comprender que el alejamiento de nuestra cosmonave le invitaba a desistir de acercarse con su aparato hasta el halo magnético fluctuante. Este hecho nos ha causado un profundo dolor. Y por ello, a su debido tiempo, hemos invitado, por medio de nuestro operador, a los pilotos civiles y militares a que procedan con mucho cuidado y no se dejen llevar por los excesivos peligrosos impulsos de irresponsable curiosidad. Deben tener en cuenta que la aureola magnética que envuelve nuestras naves puede llegar hasta un diámetro de 2.000 metros. En el caso de Thomas Mantell procuramos desplazarnos despacio para evitar el ensanchamiento de dicho halo magnético, pero su impaciencia le hizo penetrar en dicha zona de peligro. Esto fue todo.
De todos modos, en estos momentos, el capitán Thomas Mantell está muy bien y muy pronto tomará un nuevo cuerpo para completar su ciclo de vida.
La luz y la paz universal estén con vosotros».
(Transcripción: Eugenio Siragusa)

Este incidente se repetiría habitualmente en la década de los 50. Después de los hechos de la invasión de Ovnis en los cielos del planeta en el año 1952, tanto USA, como la URSS, como la NATO, tenían una orden: «Abatidlos, Capturad uno al menos, a cualquier precio.»
Esta orden tuvo graves riesgos para la aviación civil y militar y también fue objeto de un comunicado extraterrestre de Adoniesis recibido por Eugenio Siragusa, dado a conocer a los medios oficiales de modo directo y personal.
También el personal científico y los intelectuales conocieron estas órdenes de ataque contra las naves extraterrestres que viajaban por los espacios del Planeta y levantaron su voz en contra, pues en cierta forma iba contra toda ley de hospitalidad, y si los visitantes tenían como programa entrar en contacto con los terrestres, la acción violenta provocaría un evidente retraso. Herman Oberth y Albert Einstein estuvieron entre los hombres que levantaton su voz y pidieron un poco de cordura a las autoridades militares.
La historia de 1952 había propiciado una orden, conocida tan solo por el personal encargado de las Fuerzas Aéreas. Tal orden incluía cuatro fases:
1. Detectar los Ovnis.
2. Identificarlos.
3. Interceptarlos.
4. Destruirlos.
La acción de los científicos hizo que esta orden subterránea fuese revocada, y los pilotos se limitaron a ejecutar órdenes de observación y captura dentro de lo posible.
Otro de los incidentes que han sido conocidos por Eugenio Siragusa fue el de Goose Ray, en junio del año 1954.
El día 30 de junio de 1954, un Stratocruiser de la compañía aérea inglesa BOAC, empleado en las líneas transatlánticas, volaba a 5.700 metros de altura con 52 pasajeros y 11 tripulantes. El avión había despegado en ldlewild, en Nueva York, y se dirigía hacia Shannon, en Irlanda.
Repentinamente, al salir de un banco de nubes, el piloto vio que a su derecha, a unos 10 kilómetros del avión se desplazaba una nave enorme que sobrepasaba los 120 metros de longitud. El aparato tenía forma de cigarro, pero a veces perdía tal perfil para tomar una forma más ovalada. A su lado volaban otros seis discos de inferior tamaño, brillantes y metálicos.
Los pasajeros se dieron cuenta inmediatamente de aquella extraña escolta. La primera persona que los vio fue la azafata Daphne Webster, en el momento de servir el té a los pasajeros.
Los discos habían adaptado su movimiento de vuelo a la velocidad de crucero del avión y el comandante comenzó a ponerse nervioso. Así que se puso en contacto con la base más próxima, que era la Base Militar Americana de Terranova:
«Tengo desde hace unos minutos una familia entera de discos que me siguen. Vuelan a la misma velocidad que nosotros. Es como una gallina clueca y sus pollitos. Enviad algún caza para ver si se deciden a dejarnos. Los pasajeros ya se han dado cuenta y pudiera ser peligroso.»
Inmediatamente, despegó de Terranova un Sabre F-86. Iba de segundo piloto el teniente Lee Bood, que orientó el aparato por radio hacia los objetos. Poco antes de que el caza alcanzase la cota de vuelo de la nave y los platillos, aumentaron su velocidad y se alejaron en dirección Sudeste. Cuando el Sabre llegó a la altura del Stratorcruiser, los discos habían desaparecido vertiginosamente.
La azafata de vuelo, al ser interrogada en el aeropuerto irlandés dijo:
«Fue un espectáculo excitante. Jamás había visto cosa igual. La visión de los aparatos me causó una excitación y unos escalofríos inolvidables.»
Entre los numerosos comunicados recibidos por Eugenio Siragusa sobre casos especiales de persecución, también tuvo una respuesta concreta éste. Fue la siguiente:
«Adoniesis informa en relación con el avistamiento del avión inglés Stratocruiser de la BOAC:
Nuestras retiradas tienen motivos muy definidos, motivos que sólo aquellos que poseen el don de la caridad, de la bondad y del amor pueden comprender. Si conociéseis verdaderamente el poder de nuestra ciencia, sabriais también que nada podemos temer de vuestros medios técnicos. ¿Qué hubiera podido hacer contra nuestras naves un Sabré?
Con nuestras retiradas oportunas, evitamos siempre que realicéis actos negativos. Conocemos muy bien vuestra naturaleza y aplicamos nuestros métodos, de acuerdo con vuestro estado de evolución.
Lo que vio la tripulación del Stratocruiser fue un ingenio «Portanaves», de unos 300 metros de largo, y los objetos más pequeños eran cosmonaves de forma lenticular, de 9 y 12 metros de diámetro, salidas de la nave madre para una misión de contacto a distancia. Cumplían una parte de la acción programada. Nuestra metodología es lenta, guiada por una lógica que escapa a vuestra inteligencia, pero sus efectos serán los deseados.
La luz y la paz universal estén con vosotros.»
(Transcrito por: Eugenio Siragusa)
En ese mismo tiempo, la Unión Soviética era uno de los países más decidios en la caza y captura de un Ovni al precio que fuese. Los pilotos, encargados de interceptar las astronaves, y los artilleros antiaéreos soviéticos, con orden tajante de disparar contra los Ovnis, se vieron sometidos a un fracaso pertinaz y constante.
Uno de estos ataques tuvo lugar el 24 de julio de 1957. El informe se dejó filtrar por un miembro de la Academia de la Fuerza Aérea bastante tiempo después. En pleno día del 24 de julio de 1957, tuvo lugar una aparición súbita sobre las islas Kuriles. Una formación de varios Ovnis pequeños y una enorme nave nodriza que iba a la cabeza. Apenas tuvo lugar el avistamiento, todas las baterías antiáreas soviéticas de las islas entraron en acción. Su acitividad duró todo el tiempo del avistamiento. Los Ovnis eran luminosos y viajaban a gran velocidad. No se consiguió ni un solo blanco.
En estos años, Gran Bretaña, Holanda, Noruega, Brasil, la Unión Sudafricana, también intentaron abatir objetos no identificados.
Sólo Canadá intentó, a partir de 1954, una táctica diferente: El establecimiento de un campo de aterrizaje camuflado, como parte de un proyecto ultrasecreto de tomar contacto con los Ovnis. El proyecto dependía directamente de la Fuerza Aérea y se puso en práctica después de que los pilotos, en varios años, no consiguiesen hacer un solo blanco en sus persecuciones. El «Ovni-Puerto» tenía como objeto llamar la atención de algún Ovni con luces y señales de radio y estaba preparado para capturar cualquier aparato que aterrizase. En numerosas ocasiones se avistaron Ovnis sobre Alberts, el campo solitario de aterrizaje de Suffield, pero ningún Ovni tomó tierra. Era como si supiesen que el campo era una burda trampa.
Durante todo el tiempo que duraron las persecuciones inútiles y los avistamientos generalizados, los organismos dependientes de las Fuerzas Aéreas o los Ministerios de Defensa de todo el mundo habían desarrollado un informe con la tipología de los "objetos no identificados". Esta tipología tenía como finalidad principal, iniciar la investigación a partir de las observaciones de forma, características de vuelo y demás detalles.
Las cuatro formas eran las siguientes:
A) Discos volantes (platillos).
B) Cuerpos en forma de cigarro o torpedo (sin alas ni cola).
C) Objetos esféricos (de gran movilidad).
D) Globos luminosos (con gran capacidad de maniobra y de variación luminosa).
Después de cualquier ejercicio de caza, los pilotos debían contestar a un cuestionario técnico, que pasaba a los departamentos de investigación y se convertía en secreto, incluso para los propios pilotos entre sí. Este informe incluía apreciaciones de los pilotos sobre la forma del objeto parado, moviéndose, al girar, de perfil, debajo, arriba, detrás, delante, dimensiones de ancho, longitud, profundidad o diámetro. Luces o accidentes en la estructura externa del aparato. Cambios de maniobra, de luminosidad, de color. Velocidad apreciada...
Con los inforrmes recibidos, numerosos investigadores trabajaban en laboratorios a marchas forzadas intentando definir, y si fuera posible, dar con la "energía" o la "estructura" de las naves. Entre estos investigadores estaban: Herman Oberth, Grover Loening, Lawrence Bell, Igor Sikorsky... Más de 100 proyectos, patrocinados por gobiernos y compañías aéreas fundamentalmente, investigaban ya a partir de estos años la "antigravedad"...
La persecución constante e inútil de Ovnis, la presencia de las naves sobre bases militares en medio de flotas de cazas y su inmunidad total, aceleraron estos programas terrestres de investigación. En numerosas ocasiones, los Ovnis tuvieron que valerse de sus adelantos técnicos para evitar el peligro en que entraban los aviones militares que despegaban a su encuentro. En alguna ocasión los pilotos, incluso recibieron orden de colisionar sus aparatos y saltar en paracaídas.
Hoy todo sigue como en los años 50, aparentemente. La aviación militar sigue persiguiendo o intentando capturar algún Ovni. Los Ovnis siguen estando sobre nuestro espacio exterior libremente. Continúan a un ritmo trepidante las investigaciones en laboratorios y los sondeos del espacio exterior de nuestro Planeta y otros Planetas de nuestro sistema solar, sin que se nos haya revelado gran cosa.
A finales de los 50, el Centro Studi Fratellanza Cósmica, fundado por Eugenio Siragusa, dio a conocer un comunicado recibido del extraterrestre Adoniesis dirigido a los pilotos civiles y militares. El comunicado se hizo llegar a los gobiernos de todos los países por vía de sus delegaciones. En líneas generales decía así:
«Creemos oportuno comunicaros que nuestros vehículos espaciales, llamados por vosotros platillos volant es, son movidos por una potente energía fluctuante, desconocida por vosotros y vuestros científicos.
Os exhortamos fraternalmente, por vuestra incolumidad y por la seguridad de los pasajeros, a no caer en la curiosidad y evitar absolutamente seguirnos o situaros en nuestras escalas de vuelo.
Principalmente, queremos hacer hincapié en el ciego sentido de responsabilidad de los hombres puestos al frente de los aviones militares, encargados de interceptar nuestros medios para hacer fotografías o abatirlos si fuese preciso. Os exhortamos a no hacerlo, queridos hermanos, por vuestro bien y por nuestra tranquilidad de conciencia.
Aparte de que nuestros medios espaciales pueden adquirir velocidades para vosotros imposibles e impensables, vuestras armas, cualesquiera que sean, no podrán incidir en la seguridad de nuestros medios, ni podrán poner en el más mínimo peligro a nuestras cosmonaves.
Es, sin embargo, extremadamente peligroso para vosotros y vuestros aviones alzaros a la escala de nuestras naves en navegación.
El impulso y la proyección de nuestros medios espaciales es regulable y lo llevamos a límites extremos cuando nos encontramos con vuestros aparatos por dos razones principales:
A) Permitir a vuestro poder visual observarnos y a vuestra inteligencia deducir.
B) Evitar lo más posible el alargamiento del halo magnético a fin de anular una eventual colisión o encuentro de este anillo con vuestros aviones.
A menudo sucede que vuestros aviones, dirigidos contra nuestras naves, nos obligan a acelerar el impulso de proyección, produciéndose el consiguiente alargamiento del halo magnético de la energía fluctuante.
De ahí provienen los graves acontecimientos que pueden colocaros en situaciones extremadamente peligrosas e incluso mortales.
Entrar en la zona de residuos de energía en un relativo estado de condensación, comporta para vosotros y vuestros aviones la completa desintegración y vuestra muerte segura.
Os invitamos con fraterno amor a no aventuraros con inconsciencia en tales empresas y os exhortamos con espiritual afecto a alegramos de nuestros encuentros, como nosotros nos alegramos.
Venimos a vosotros sobre la Tierra animados del santo Amor y del bien Universal y de la Verdad divina. Esto os comunicamos a través de nuestra mente sobre la Tierra para advertiros y haceros conscientes.
La paz y la serenidad sean sobre vosotros y sobre toda la Humanidad.»


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