
8. La muralla del silencio
Evidentemente el suceso de la base Edwards era importante y grave. Lo suficiente para que el informe que se redactó fuese calificado de «Alto Secreto».
La conclusión sobre las espacionaves, después de estos hechos, sin que hubiera una sola disensión, quedaba definida en el informe. Y así pasó al Directorio de Inteligencia. Algunos miembros del Proyecto y altos jefes militares estaban ya convencidos no sólo de la presencia continua de espacionaves, sino de su programa concienzudo sobre observación y preparación de nuestro planeta para un eventual contacto-encuentro en un futuro no determinado.
Estos miembros se oponían a que la situación de secreto continuase y el público permaneciese sin la información de derecho. La opinión de este grupo era adelantarse a los acontecimientos, de modo que el Alto Mando no se viese un día obligado por los hechos a admitir la presencia de ASTRONAVES sin poder controlar tal información.
Pero el buen camino por el que iban las conversaciones con miras a dar publicidad al informe y poner en conocimiento del público de los Estados Unidos estos hechos, encontró un freno súbito en el general V. H. Este, al tener en sus manos el informe, dijo:
- Cómo vamos a dar a conocer esto al público? Ni siquiera tenemos una prueba física definitiva en nuestro poder: una nave. Además, la gente no está preparada; cundiría el pánico y podría provocarse una enorme estampida...
El propio general mandó quemar el informe. Pero una fotocopia con fecha de ese mismo año se salvó de la quema y estuvo en poder de uno de los enlaces en el Cuartel del Proyecto SIGN, que venía investigando los OVNIS desde finales de los 40. La presencia del informe y la copia fue testificada por un teniente coronel implicado en un departamento de información en la Oficina del secretario de la Fuerza Aérea. También existe prueba de este hecho en la NICAP.
A partir de este año el Proyecto SIGN cambió de nombre, se llamó GROUDGE, y marcó toda una campaña de propaganda, de acciones subterráneas contra los testigos de avistamientos o encuentros, y de intervención directa en cualquier caso, deformando, manipulando o anulando cualquier informe que se recibiese, existiendo orden terminante de controlarlos todos.
Como si los tripulantes desconocidos de los OVNIS supiesen lo que se estaba tramando, durante todo el año 1952, en especial desde julio, y durante todo el 1953, hubo una avalancha de avistamientos, informes y testigos.
Fue el momento en que la CIA decidió intervenir de modo drástico y definitivo, no sólo actuando según proyectos y planes propios, sino interviniendo las comisiones de la Fuerza Aérea y de la Armada que investigaban a los Ovnis.
Los sucesos con los que se organizó la guerra fría entre la CIA y los organismos oficiales encargados de la investigación de los Ovnis, tuvieron lugar a partir de julio de 1952, llegando al límite a finales del mismo año, coincidiendo con los acontecimientos detallados.
El principio de esta guerra particular que hemos definido como "la muralla del silencio", se produjo al intervenir el secretario de la Armada, Dan Kimball, según relato del que fuera director de la NICAP, Donald E. Keyhoe. Dan Kimball fue sorprendido por dos Ovnis cuando realizaba un vuelo con rumbo a Hawai ese mismo año, en un avión ejecutivo de la Armada. También seguía la misma ruta de vuelo, a unos 80 kilómetros de distancia, otro avión de la Armada con el almirante Arthur Radford a bordo. Los Ovnis describieron círculos en tomo a los dos aviones, y cuando se pusieron en contacto por radio Kimball y Radford, los Ovnis recorrieron el espacio de 80 kilómetros entre un avión y otro en algo más de un minuto.
De regreso, Kimball ordenó a un ayudante suyo enterarse sobre la investigación que la Fuerza Armada había hecho en este caso, a partir del informe remitido por su tripulación de vuelo en viaje a Hawai. La respuesta que su ayudante recibió fue ésta:
- No se ha realizado investigación alguna ulterior. El caso ha sido archivado.
El ayudante de Kimball insistió. Le dijeron:
- Le recordamos que discutir los análisis de los casos va contra las órdenes y que está terminantemente prohibido intentarlo marginalmente, interrogando a los testigos.
Cuando el ayudante transmitió a Kimball el resultado de sus pesquisas, el secretario, montando en cólera, tomó el teléfono.
- ¿Está el cotraalmirante Calvin?
- ¿De parte de quién?
- Del secretario Kimball.
- Le paso.
- ¿Dime, Kimball?
- Necesito verte esta misma tarde. Quiero que la ONI (Oficina de Investigación Naval) lleve a cabo una investigación completa en relación con el caso que ya te conté, y controle todos los informes de la Armada y los Marines. Y si es posible, que consiga duplicados de los informes de testigos de casos anteriores no resueltos. Debe llevarse a cabo por separado del proyecto de la Fuerza Aérea.
KimbalI y el contraalmirante Calvin Bolster se vieron esa misma tarde y trazaron un plan.
Seguían lloviendo los informes y los avistamientos por parte de la aviación civil y militar.
La CIA tuvo conocimiento inmediato de la actividad de Kimball y preparó su entrada triunfal. En el mes de julio, Kimball había podido hacerse con la película de un fotógrafo de la Aviación Naval que había conseguido una filmación de 12 metros en 75 mm. con una cámara Bell & Howell y teleobjetivo, cuando iba con su mujer y su hijo en coche, en dirección a Tremonton. Delbert C. Newhouse era un veterano fotógrafo de la aviación naval y llevaba siempre su cámara. Justo a la altura de Utah distinguió una formación de unos doce Ovnis y tuvo el tiempo suficiente de tomar la cámara y rodar unos metros.
La película, analizada por orden de Kimball en el Laboratorio Naval de Interpretación Fotográfica, era una prueba importante. Y la comisión, al final del informe había escrito: «Objetos desconocidos, bajo control inteligente.»
La CIA, al tener conocimiento de este caso, estuvo a punto de implicar directamente al Presidente Truman en su programa, al objeto de detener las investigaciones de la Fuerza Aérea, de Kimball y de la Armada. Pero estaban muy próximas las elecciones y ellos sabían que Truman no sería reelegido y por tanto el secretario Kimball, en un período de pocos meses, estaría en inferioridad de condiciones. Ese sería el momento de su intervención. Mientras tanto conducirían una política de dilación.
Kimball cayó en el engaño, y en noviembre obtuvo la victoria el general Eisenhower. Con el nuevo Presidente de los Estados Unidos, hubo también un nuevo secretario de la Armada.
Como parte del plan, y para tranquilizar a las Fuerzas Aéreas especialmente, la CIA convocó una conferencia especial en el Pentágono para analizar y estudiar detenidamente los casos de Ovnis más detallados, y concretamente el Informe de Alto Secreto a que nos venimos refiriendo.
De entrada, la conferencia de alto nivel tendría como componentes a un número determinado de científicos y a un grupo de la Fuerza Aérea. Los científicos elegidos al respecto eran totalmente escépticos y consideraban aquella reunión estrambótica, improcedente y ridícula para el Pentágono. Los representantes de la Fuerza Aérea, en cambio, se lo tomaron muy en serio, por supuesto sin sospechar la maniobra que había entretejido la CIA, y acudieron dispuestos a presentar las pruebas irrefutables de la existencia de los Ovnis y de su tripulación superavanzada.
Los representantes de la Fuerza Aérea eran: el general de la base, Wright-Petterson; los coroneles William Adams y Wesley Smith, del Directorio de Inteligencia; el mayor Deway Fourtnet, enlace de la Inteligencia con el Cuartel General para el proyecto Ovni; Albert Chop, encargado por el Cuartel General de las relaciones con la prensa, y Edward J. Ruppelt, capitán que intervenía directamente en el proyecto. En secreto habían planeado dar a la prensa el informe que habían preparado y que se iba a discutir en el Pentágono.
La conferencia en el Pentágono se aplazó hasta el 12 de enero de 1953. Subterráneamente estaba controlada y dirigida por tres hombre de la CIA: el científico doctor Marshall Chadwell y los agentes Philip Strong y Ralph Clark. La CIA se las había arreglado para mantener al margen de la conferencia a Kimball. Las reuniones del Pentágono duraron cinco días y constituyeron el mayor jarro de agua fría que hasta entonces hubieran recibido la Armada y las Fuerzas Aéreas. Al final de las reuniones, Fournet y Ruppelt fueron a ver a Kimball para contarle lo sucedido, entrevistándose en el domicilio particular de Kimball. Edward Ruppelt, que había experimentado un notable cambio de posición respecto a los Ovnis, dijo:
- Todo ha sido una vil trampa, y hemos entrado en ella como corderos, con la cabeza baja. La CIA se ha propuesto no dar a luz el informe. Su objetivo es enterrar todo el asunto.
Kimball le interrumpió:
-No les resultará fácil. Tenemos tu informe, Fournet. No va a ser tan fácil ocultarlo. Y además está en nuestro poder la película de Newhouse, que es un importante documento probatorio.
El propio Dewey Fournet, enlace de la Inteligencia del Cuartel General para el Proyecto Ovni, respondió:
- Han destrozado la película de Utah... Han cortado los mejores fotogramas. Además han echado por tierra los testigos que presentamos. ¿Sabes cuál ha sido el calificativo exacto de Marshall Chadwell sobre ellos?: «Estos testigos son unos cretinos; con estas pruebas es una ridiculez llegar a la conclusión de que existen espacionaves interplanetarias tripuladas por seres inteligentes.»
Ruppelt añadió:
- El programa que teníamos para un sistema de seguimiento especial, no pudo ni ser presentado. Nos han ordenado, taxativamente, trabajar conjuntamente con la CIA en una campaña de ridiculización. La campana es una operación a nivel nacional, con artículos en prensa, programas de radio y televisión, de modo que se manipularán informes sobre Ovnis, incluso los propios casos aportados por nosotros, para presentarlos como alucinacionés de gente estúpida.
Siguió hablando Fournet:
- No sólo eso: nos han ordenado ocultar las observaciones, y si hubiese algún caso urgente, anularlo con una explicación que ridiculice y deje fuera de juego a los testigos, sean del nivel social que sean o incluso tengan el cargo militar que tengan, Fuerzas Aéreas incluidas. Llegado el caso tendremos que desacreditar a nuestros propios pilotos...
- Bueno, por lo menos ahora ya sabemos lo que pretenden - respondió Kimball -. Puesto que no saben nuestro programa, podemos dar una última batalla.
Ruppelt concluyó:
- Nos han dejado entrever que se publicará una nueva ley sobre este tema que apoyará a la JANAP 146. Ya sabes que el tema UFO es considerado parte de los Informes CIRVIS (Comunication Instruction for Reporting Vital Intelligence Sightings), y los informes CIRVIS hacen referencia a temas que afectan a la defensa nacional de los Estados Unidos, dentro del ámbito de las leyes contra el espionaje... La nueva ley, además, dejará dentro de CIRVIS cualquier difusión de informaciones sobre Ovnis entre el elemento civil del país, mientras estos informes no se refieran a objetos identificados positivamente, como aviones, globos sondas, efectos ópticos o pájaros...
Los protagonistas de esta conversación fueron las primeras víctimas de las fuerzas de choque de la CIA. Kimball fue barrido del Gobierno del general Eisenhower. El mayor Fournet pasó a la lista de inactivos, con órdenes de no revelar las conclusiones personales o como autoridad encargada del Proyecto Ovni por el Cuartel General. Sus opiniones formaban parte de otro informe secreto que pasó a los archivos como «Documento incompleto». A Edward Ruppelt todo esto le llevó a la tumba. Ruppelt pasó como capitán a situación de retiro, publicando un libro con su opinión personal positiva sobre los Ovnis. Ruppelt trabajaba en una compañía subcontratada por las Fuerzas Aéreas... De la noche a la mañana desmintió el contenido de su propio informe público... Los amigos, los conocidos, el público, se volvieron contra Ruppelt cuando apareció la segunda edición de su libro. Ruppelt murió de un ataque al corazón, de un modo totalmente inesperado...
Por supuesto, esta guerra de fondo también se dirigió contra testigos civiles no accesibles tan fácilmente para la autoridad militar, o para la CIA, por vía de presión legal o extorsiones de tipo profesional y económico. Una de estas víctimas sería el propio George Adamski, protagonista muy especial, que se iba agrandando por momentos, al mismo ritmo que la CIA intentaba enterrar todo el asunto y anular a los protagonistas militares.

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