
2. Palomar Garden's
Muy cerca de Monte Palomar se encuentra el restaurante «Palomar Garden's», un restaurante dirigido por un americano de cabellos canos, mirada profunda, rostro enjuto, 1 metro 65 de estatura y unos 70 años.
George Adamski había sido profesor de Filosofía y Ciencias hasta el año 1939 y en realidad daba más la sensación de ser profesor que director de restaurante. Su aficción por la Astronomía había nacido en el año 1930, afianzándose a lo largo de su contacto con el ejército el tiempo que permaneció en servicio durante la Gran Guerra.
Recién terminada la Segunda Guerra Mundial, cambió su trabajo como profesor por el de director del restaurante «Palomar Garden's». De este modo pudo, a partir de 1946, dedicar los ratos libres a los estudios de Astronomía y Ufología. Sus buenas relaciones con la dueña del restaurante, Alice K. Wells, le permitieron un trabajo cómodo al frente del «Palomar Garden's» y le dejaron la suficiente libertad para dedicarse a investigar de un modo progresivo y regular los fenómenos de la Astronomía y los platillos volantes.
Para su trabajo utilizaba dos telescopios, uno de 6 pulgadas y otro de 15 pulgadas. Ambos telescopios llevaban adaptada una cámara Hagge-Dresden-Graflex. Con estos dos telescopios escrutaba cada noche los cielos de California. Su sueldo como director, y su amistad con la dueña del restaurante, le permitían una vida cómoda y le dejaban diariamente un amplio margen para sus investigaciones en el campo de la Astronomía y la Ufología.
La mañana de este mes de julio de 1951 había amanecido lluviosa. Adamski se encontraba en el restaurante preparando el usual turno de comidas de las 12 del mediodía. Muchos de los clientes trabajaban en Monte Palomar, y de hecho no sólo conocían a George Adamski como director del restaurante, sino como un buen aficionado a la Astronomía, con una base científica suficiente como para poder comentar algunos de los incidentes que en los cielos de California eran paralelamente observados por los enormes telescopios del Observatorio profesional de Monte Palomar, y los pequeños telescopios de aficionado de Adamski.
Cuatro hombres entraron en el restaurante. Dos de ellos saludaron efusivamente a George Adamski, Eran J. P. Maxfield y G. L. Bloom, ambos del Point Loma Navy Electronics Laboratory, cercano a San Diego, capital del estado. Sus dos acompañantes vestían uniforme de oficial. Adamski les acompañó a una buena mesa. Comenzaron a hablar. J.P. Maxfield dijo:
- ¿Cazaste algo anoche, con tu telescopio?
- Lo de siempre, desde hace unos meses, luces. Creo que tengo algunas fotos de esos puntos luminosos en el espacio. No ha ocurrido nada gordo desde la lluvia de meteoros de 1946.
- Sí, aquello fue un buen espectáculo para todo el Sur de California. No se ha visto nada igual en este siglo. Y el gigantesco aparato oscuro en forma de cigarro, tan grande como un dirigible, detenido en medio de los cielos y repentinamente disparado en dirección a San Diego, hoy hubiera podido levantar un enorme revuelo.
Los dos oficiales habían escuchado con curiosidad las palabras de Bloom. Adamski añadió:
- El acontecimiento nos pilló a todos desprevenidos. Incluso al Gobierno. La radio dijo al día siguiente que un enorme objeto en forma de cigarro, de origen desconocido, había sido visto por millares de personas. Hoy lo hubieran desmentido.
Adamski dejó a sus amigos hasta el postre. G. L. Bloom, antes de despedirse le dijo:
- Vamos al Observatorio a pedir la cooperación de su plantilla de astrónomos en la observación de los «objetos no identificados». Permanece ojo avizor, porque con tus aparatos puedes tener muchas más ocasiones de sorprender alguno de estos vuelos fantasma. Tus telescopios son más aptos que los del Monte Palomar y más manejables para la observación de cuerpos próximos.
- Sí, tienes razón. Mi telescopio de seis pulgadas, se maneja y dirige como una escopeta para la caza de ánades en vuelo.
Se despidieron. Adamski siguió con su trabajo en el restaurante.

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