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Los experimentos nucleares han puesto en alarma a los habitantes de otros planetas
Esta es la principal causa que les ha empujado, como también han hecho en tiempos remotos, a visitar con una mayor y precisa actividad observadora, la Tierra. Esta vez para ellos, la misión es especialmente importante, pero no por ello imposible de ser asumida plenamente.
Ellos conocen muy bien la situación particular de nuestro planeta y saben también que durante su juventud, los estertores periódicos han sido extremadamente violentos y, a menudo, hasta demasiado preocupantes para la continuidad de su existencia y para el equilibrio del sistema solar entero. Los trastornos apocalípticos que en determinados periodos se han verificado, han dejado grabados en la faz del mundo cicatrices profundas que, aún hoy, nos dicen la verdad de las convulsiones padecidas, y esto hasta hace poco tiempo, si no medimos con nuestro tiempo los doce mil años que han transcurrido. Conocer el mundo en el que se habita no es una cosa fácil para una generación, pero para nuestros Antepasados tal tarea no fue difícil porque vieron y transmitieron a sus predecesores toda su trabajosa existencia entre los miembros de una tierra ahora sana, ahora destrozada, ahora libre de las aguas, ahora sumergidas en ellas. Los Aztecas, conocedores de lo que habían vivido sus padres, prefirieron construir las casas en la cima de las montañas más altas (3000-4000 m. de altitud) por temor a quedar prisioneros de un mar que había sido capaz, muchas veces, de alzarse de su propio lecho y avanzar con paso lento, pero inexorable para sumergirlo todo. En aquellos tiempos, ya tan distantes de nuestros pensamientos, estuvieron presentes los Hijos del espacio, tal vez nuestros hermanos, hijos de aquellos que renunciaron a permanecer en este mundo porque siendo menos valerosos de aquellos que aceptaron el destino permanecieron aquí para hacer cuna de vida, de esperanza y de paz. Hoy están nuevamente entre nosotros con medios más potentes y científicamente más evolucionados, animados por un gran amor hacia nosotros, que somos sus semejantes, agonizantes en sanguinarias luchas, exentos de comprensión, ávidos de poder y de conquista y, lo que es peor, autores de una titánica fuerza de la que no sabemos, en ninguna forma, servirnos para un pacifico y cómodo progreso.
Ellos están aquí con nosotros porque saben mejor que nosotros qué podría suceder de un momento a otro y, mientras están preparados para intervenir con todos los medios de que disponen para impedir lo irreparable, vigilan el geoide y, de forma particular, su eje magnético que, con los experimentos nucleares en cadena efectuados este ultimo tiempo, lo han sacudido, y con tal intensidad que pone en serio peligro su ya precaria situación y estabilidad.

Sondeo P.E.S. Solex
Catania, 25 de octubre de 1962

![[Mensajes de Eugenio]](aqui_nss.gif)

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