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Contactismo
Es una empresa difícil sensibilizar, instruir, comunicarse con la especie humana del planeta tierra, habituada como está a poner al revés los valores existenciales y las leyes universales.
No es una empresa fácil el contacto, la comunicación, privados de desconsideradas reacciones y también de violencias físicas y psíquicas.
Los pueblos de la tierra han sido contaminados seriamente, por conceptos ilógicos anteponiendo, con fines especulativos por poder o por dominio, el valor negativo al positivo, el mal al bien, la guerra a la paz y la injusticia a la justicia.
Los mismos gobernantes terrestres, animados de buena voluntad para desarrollar bien su cometido, a menudo son obstaculizados por la furia de lo irracional y de las determinaciones ilógicas.
Los hombres de la tierra están talmente viciados de anomalías y de absurdas satisfacciones, de las cuales muchas letales, que se sienten violentados cuando alguien les aconseja quitarse de encima el manto de la muerte y de la miseria moral.
No es aceptable la verdad, aún si esta induce a una existencia prospera, sana y feliz.

Son muchos aquellos que creen que la percepción extra-sensorial sea un hecho que sólo interesa a esta generación vuestra. En verdad, este poder perceptivo existe en el hombre de la tierra desde su venida sobre este planeta.
En el gran pasado los pueblos de la tierra comunicaban, por medio de este poder, con extrema facilidad. Luego, a través de los milenios, este ejercicio fue lentamente abandonado.
Ahora vosotros os maravilláis porque todavía, no habéis comprendido vuestra verdadera naturaleza primitiva. Sobre la tierra se dicen un mundo de falsedades y, a menudo, es necesario mucho tiempo para que os deis, efectivamente cuenta de una determinada verdad.
En vuestra vida actual hay curiosos contrastes. Comprendemos que el índice de el desarrollo espiritual de los hombres de la tierra no es reconfortante y, por este motivo, nuestras operaciones encuentran enormes dificultades de diversa naturaleza. Pero estando obligados a deber provocar aquellas causas necesarias para obtener los efectos útiles a la completa solución de determinados desarrollos vibratorios y de vuestra psique, estamos obligados, a pesar nuestro, por vuestro bienestar futuro, a forzaros, sin vuestro personal querer, a sufrir la intervención de algunos poderes para vosotros desconocidos, no letales a vuestra salud, pero suficientemente idóneos al fin de provocar aquellas determinadas características, extremadamente indispensables para alcanzar una meta, mantenida celosamente secreta.
No creáis ser los únicos a deber sufrir tal método.
En otras circunstancias semejantes, en otros planetas, hemos debido adoptar el mismo método. Lamentamos, solamente, el exiguo número de terrestres idóneos a tal sondeo.
Es útil que conozcáis, también, que hay hombres, nacidos y crecidos sobre la tierra que poseen la rarísima capacidad de entrar en contacto mental con Criaturas de Inteligencia Cristica.
En diferentes mundos del nuestro y de otros sistemas solares existen los llamados Conductores, Criaturas de Divina Inteligencia y de Cósmica Conciencia. Estos poseen capacidades excepcionales.
Conocen a la perfección aquella fuerza por la que cada cosa, comprendidas las criaturas vivientes, asume una determinada posición respeto a la línea evolutiva y energética de tal fuerza, cuya Inteligencia es de naturaleza Cósmica y que, también, nosotros llamamos: PADRE CREADOR.
Sus mundos están mucho más cercanos a los núcleos centrales de los Universos y su naturaleza está subordinada a las Leyes que gobiernan la Conciencia y la Inteligencia Cósmica. Además poseen otra enorme capacidad, no transmisible a otros que no hayan alcanzado aquella evolución indispensable para poderla poseer. Se trata de la capacidad de deshacer o de recomponer sus cuerpos a su gusto. Finalmente, pueden, en una dimensión que también nosotros desconocemos, volverse inmunes al calor (metal en estado de vapor) transformando sus cuerpos físicos en cuerpos extremadamente energéticos y por lo tanto, proyectarse rápidamente a incalculable distancia.
Estos son los Conductores o, mejor, aquellas Criaturas Angélicas como vosotros Les llamáis, que más que vosotros, que nosotros y que de otros mundos mucho más avanzados, operan al unísono con aquella Grande, Incomensurable Fuerza que vosotros llamáis:
DIOS.
Ellos son impenetrables y se complacen en imponer, con Su potente voluntad, aquellas Leyes que son de naturaleza puramente espiritual, mientras la principal obra consiste en coordinar la compleja estructura de las diferentes fuerzas creativas.
Poseen una escala jerárquica imposible de explicarse, y también sobre la tierra, como en tantos otros planetas del nuestro y de otros sistemas solares, Su actividad viene expresada en el modo más evidente para nosotros, pero no para vosotros. Pero, en el gran pasado han realizado grandes cosas. Entre tantos bastará citaros el Divino acontecimiento del Cristo sobre la tierra.
También sobre el nuestro y sobre otros mundos hay criaturas como vosotros y como nosotros que actúan al unísono con la Inteligencia Cristica.
Sus percepciones son de naturaleza muy diferente y, a menudo, actúan positivamente sobre el devenir de algunos acontecimientos evolutivos de la especie.
Ellos pueden parangonarse, por daros un ejemplo, a aquellos que, sobre la tierra, prepararon uno de los últimos acontecimientos de vuestra historia: Jesu-Cristo, Job, Jacob, Elías, Moisés, Ezequiel, Pedro, Pablo, Juan, Lucas y tantos otros, que como ellos operaron, al unísono con esta Inteligencia Cristica, en campos vastísimos, modificando estructuras morales y espirituales de enorme importancia para la humanidad de la tierra.
También nosotros hemos tenido estas criaturas a lo largo del ciclo evolutivo de nuestro planeta y de nuestra raza; les debemos a ellos, y sobre todo a nuestra buena y sabia fe, el haber conseguido superar los estados evolutivos sin sufrir los efectos de aquellas causas que la Ley Cósmica impone para el superamiento forzado del ciclo evolutivo del planeta y de las criaturas que en este viven.
Vuestra arrogante ignorancia, todavía hoy, os pone en esta trágica alternativa y, a pesar de las enseñanzas escogéis siempre la peor, es decir la de la imposición.
Nosotros quisiéramos poder ayudaros y, en verdad, en los límites de lo posible lo hacemos.
Pero también nosotros debemos obedecer y actuar sin invadir los campos que no nos pertenecen. Sois vosotros, y solamente vosotros, a deber comprender y a modificar los motivos principales que ponen en seria carencia vuestra Conciencia. Sois vosotros, que os obstináis en crear la difícil situación en que os encontráis y en atraer los efectos de la Gran Ley Universal.
Nosotros, sobre este campo, no podemos hacer nada. Tenemos grandes preocupaciones por vosotros, por vuestro modo de conducir tan trágicamente la vida, pero debemos limitar nuestro cometido a aquello que nos viene, perentoriamente, sugerido por aquellos que son más sabios que nosotros.
Estáis obstinados en seguir ligados a prejuicios absurdos, volviendo vuestra vida un teatro de inaudita violencia animalesca.
Sabemos que no son los pueblos los que quieren tanta absurdidad y también conocemos quienes son los responsables, las fuerzas opuestas que impiden la realización de ideales más sanos y más constructivos.
Nos mantenemos constantemente en la observación más atenta y escrupulosa, con el fin de impedir el paso hacia la degeneración completa. Los responsables deben, absolutamente, convencerse que no puede depender más de ellos, y mucho menos de un conflicto atómico, la solución de los problemas que se han presentado ante el hombre de este planeta. Hay una perfecta relación con la conquista del espacio y con la posibilidad de entrar en una más grande y concientizada familia.
He aquí el principal motivo que nos anima y, a menudo, nos fuerza a duros y persistentes sacrificios.
Nosotros sabemos que vosotros os preguntáis: ¿Por qué no bajan?. ¿Por qué se muestran tan pesimistas con respecto a nosotros?. ¿Por qué solamente se hacen ver en zonas despobladas?. ¿Por qué no actúan por la fuerza para darnos el bienestar y sus conocimientos?. Y tantas otras preguntas a las que quisiéramos dar respuesta.
Bastaría tener una gran imaginación para poder comprender. Nosotros os decimos imaginar solamente esto: ¿Qué sucedería si una de las dos potencias en confrontación llegase a conocer nuestras nociones científicas?.
Sabemos lo que debemos hacer y lo hacemos perseverando sobre directivas que no admiten discusión. Mientras tanto, sería más oportuno (y nos maravillamos de que esto suceda tan lentamente y aureolado de tanto pesimismo), observar que en el aire hay algo nuevo y extraño que os observa, dandoos la certeza de una potencia sabia y superior a cualquier otra nación de la tierra. ¿Creéis, quizás, que no habríamos tenido la posibilidad de poner en acción medios más persuasivos para haceros comprender rápidamente nuestras intenciones y nuestros planes?.
Nosotros conocemos el camino del Supremo Bien y no sabemos tomar otros caminos fuera de este. Pero os aconsejamos de no meceros plácidamente en esta afirmación nuestra, que quiere ser la especificación de nuestra Conciencia y de nuestra Justicia.
Nuestro estado evolutivo está, como ya os habíamos dicho, ligado a la educación de un estado evolutivo superior, índice de una Conciencia determinativa que tiene la posibilidad de adoptar, cuando lo cree oportuno, el medio de los efectos ya indicados.
En este tiempo, empleamos el sistema del sacudimiento sensorial y también nos preocupamos de evitar la inmensa catástrofe atómica que habría acaecido, sin lugar a dudas, si no hubiésemos intervenido a tiempo.
Habríamos podido provocar la completa destrucción de la potencia bélica y científica al servicio de la autodestrucción, pero no lo hemos hecho y todavía evitamos hacerlo para no provocar en vosotros la sensación de una fuerza hostil invasora.
Por el momento, nuestro más agobiante cometido es el de volver, al máximo, eficiente el aparato sensitivo de nuestros colaboradores terrestres, hoy numerosísimos, en modo de crear los elementos indispensables para una mejor y provechosa colaboración en el inmediato futuro.
Sentimos tanto asombro de que los hombres de la ciencia terrestre no se preocupen de estas indispensables cualidades antes de emprender un verdadero viaje sobre los otros planetas.
No preocupándose, podrán sufrir verdaderas lesiones en el aparato sensorial, con serias consecuencias para el equilibrio psíquico.
Nuestros colaboradores terrestres han sido elegidos después de un cuidadoso sondeo mental particularmente escrupuloso.
Alguno no ha resistido, algún otro ha quedado negativo, otros más han superado los primeros contactos y finalmente otros muchos, que son el verdadero premio a nuestra fatiga, en plena superación de las últimas y definitivas pruebas. Luego hay algunos, como ya os habíamos indicado, que son por particulares predisposiciones nacidas con ellos, colaboradores directos de los conductores. Estos son mucho más de vosotros y de nosotros y están, no siempre pero a menudo, al unísono con la Inteligencia Cristica.
Estos pertenecen, como ya os habíamos indicado, a especial categoría de operadores que actúan por orden de una conciencia que también sobrepasa la nuestra. Estos son terrestres, pero su existencia sobre este mundo vuestro ha germinado de una raíz muy diferente de la común raza humana.
Esta historia es antiquísima y si lo queréis podéis conocerla mejor, leyendo un libro que os es tan querido. Nosotros somos respetuosos con estos y nuestros coloquios son de profundo Conocimiento Universal.
El universo es un Gran Organismo que hace parte del Cosmos.
El Cosmos está formado, a su vez, por un innumerable grupo de Organismos, o sea, de otros Universos.
Estar en conocimiento de esto no es suficiente para volverse conscientes; es necesario conocer la estructura interna de cada órgano para poder comprender la externa.
Si para el ser viviente la fisionomía exterior es la suma de todos los valores interiores, también para el Universo en el que nosotros, vosotros, y otros viven, se manifiestan las mismas acciones. Los órganos no son otra cosa que los desarrollos subjetivos aparentes en el exterior.
El motor propulsor, es decir el objeto, está en el interior y de éste dependen todas las específicas manifestaciones aptas e idóneas para desarrollar en aquella determinada dimensión la propia particular obra. Vosotros, terrestres, sabéis muy bien que sois hechos a Su Imagen y Semejanza, pero siempre habéis interpretado, errando, el concepto base de esta verdad.
El fenómeno, así lo llamáis vosotros, es un efecto que va escrupulosamente ligado a una causa que también se puede definir una ley.
Por ejemplo: la ley gravitacional es la causa de múltiples efectos que, todavía, vosotros ignoráis completamente. Estáis sometidos a tales efectos, sin daros mínimamente cuenta de los verdaderos valores positivos, que estos proponen en vastísimos campos de vuestra existencia.
Estáis en el error si pensáis que la ley gravitacional es una dura barrera para las realizaciones astronáuticas que, desde hace tiempo, os proponéis realizar. Nosotros os decimos que justamente en aquellos efectos están los elementos básicos que os podrán permitir anular tales dificultades. Vosotros, terrestres, siempre estáis animados por el instinto de andar contra corriente y, por este motivo, demostráis mucha lentitud en la realización de las cosas más simples. Tenéis conocimientos completamente equivocados y opuestos de cómo deberían ser.
La culpa es siempre vuestra porque dedicáis más tiempo a admirar las deformidades de una mente tarada o de un hecho inmoral que a proponer a vuestro interés cosas y hechos que expresan una imperiosa necesidad de satisfacer las exigencias de vuestro Espíritu.
Vosotros, terrestres, trabajáis mucho para el exterior sin percataros que quien siente y ve, quien juzga y aprecia es el interior, o mejor aquella fuerza que es vuestra verdadera personificación y que está íntimamente ligada a aquellas Eternas Leyes que gobiernan el inconmensurable Cosmos.
Os parecerá dura nuestra forma de expresarnos, pero también debéis comprender que para nosotros los medios términos y los enredos, como habituáis a hacer, vosotros terrestres, no existen.
La demostración de una verdad es una extrema necesidad que hace parte de los principios básicos sobre los que se apoyan sólidamente nuestra Conciencia y nuestro modo de vivir.
Expresar el concepto de los propios defectos es difícil, especialmente cuando estos defectos aparecen manifestados. Para nosotros esta dificultad nunca podrá existir, siendo todos conscientes de decir sólo y únicamente la verdad.
Cuántos males podríais evitar, vosotros terrestres, a vuestro prójimo y a vosotros mismos, si pusiéseis en práctica este precioso instinto de ser veraces en lo verdadero, de demostrar con serenidad de conciencia y de justicia la verdad.
Cuántos delitos habéis cometido y cuantas injusticias cometéis y cometeréis por no decir la verdad en todas las circunstancias de vuestra cotidiana vida.
Nosotros no comprendemos como podéis vivir con tanto peso en el alma y en la conciencia.
Innumerables son las lagunas que os vuelven la vida más desesperada y más errante que la de un multiasesino en consciente remordimiento.
Comprendemos que es vuestro estado evolutivo que os quiere tan insensibles, pero no podemos no deciroslo con el fin de espolearos, de sacudiros de este dañino aturdimiento psicológico en el que os habéis rabiosamente encerrado.
Nosotros deseamos comprenderos y amaros, daros la vida que conduce a los más lejanos lugares del espacio, indicaros el camino del bienestar colectivo, de la verdadera felicidad, de la prosperidad más sentida, del amor más puro hacia el Padre Creador y hacia vuestros semejantes de cualquier color y raza.
Quisiéramos, con toda la fuerza de nuestras almas, sentiros más cercanos e indicaros, finalmente, el sendero de una Conciencia más pura y una Justicia más sana.
Estos son los verdaderos instintos que nos animan y nos empujan al sacrificio y a la tolerancia. Depende de vosotros, y solamente de vosotros, encontrar estos altos sentimientos nuestros y provocar la gran alegría para nuestras nutridas esperanzas. No podemos abandonaros a vuestro destino. Nuestros Padres son vuestros Padres y no podemos no sentir este imperioso deber, este inextinguible amor hacia vosotros, que sólo el espacio y el tiempo nos ha separado. Nosotros conocemos toda vuestra historia desde el principio hasta hoy. Nuestros Antepasados han estado con vuestros Antepasados en el tiempo remoto y nos han transmitido el horror de vuestras vicisitudes y de vuestras amarguras. Ya no sois como fueron los otros en el gran pasado.
Ahora podéis, si queréis, salir todos juntos al vértice del inmenso Bien. Esforzaros, combatid aquello que en cada uno de vosotros es el otro, el contrario, el malo, el incomprensible, el odioso, el asesino, el injusto, el inconsciente.

Los primeros Padres de esta raza vuestra, eran verdaderamente Dioses venidos a éste y a otros mundos del sistema solar, de lejanas Constelaciones de nuestro Universo.

Suavizar vuestro escepticismo es algo tan difícil y no nos ilusionamos, para nada, de que podáis acercaros a esta verdad.
Tenéis poca fe y vuestras atenciones están excesivamente dedicadas a cosas demasiado inútiles para poder coger, con vuestro pensamiento, el largo tiempo que os separa de vuestro verdadero principio.
Muchas son las narraciones que seducen de alegría a pequeños y mayores.
Nosotros no queremos referirnos a aquellas fábulas salidas de la fantasía de los hombres, más bien a aquellos relatos mitológicos que han llegado a vuestro conocimiento a través del tiempo y en modos algo significativos. Habéis hecho interesantísimos descubrimientos arqueológicos y todavía los haréis, pero ¿para qué sirven si no sabéis extraer el verdadero significado histórico?.
¿Catalogarlos, exponerlos en los museos con brevísimas relaciones especificas e históricas, a menudo falseadas por conceptos erróneos?.
No bastan estos conocimientos para poder asumir el pleno conocimiento de aquello que viene a la luz después de tantos milenios de oscuridad.
Vosotros, terrestres, estáis habituados a valorar solamente lo externo de las cosas sin preocuparos del interior, es decir, del íntimo significado expresado y que indica el sentido evolutivo o involutivo del camino del hombre sobre la tierra.
Hay algunos estudiosos sobre la tierra que quisieran analizarlos con el justo sentido de relación que existe entre la figura y el grado evolutivo de la raza humana o del período histórico íntimo, que a ésta se refiere. Estos son, verdaderamente, los únicos que van en busca de valores útiles para adquirir conocimientos para entrever vuestros orígenes.
Nosotros, a menudo, realizamos visitas a Perú, Bolivia, México y en toda América central y meridional. Notamos, con gran satisfacción nuestra, los elementos que sirven para testificar la autenticidad de nuestro saber sobre vuestros orígenes y también sobre el nuestro, por reflejo. La raiz es única aún si el espacio y la enorme distancia nos separan.
Vosotros, esto, no lo pensáis, pero vendrá un día en que a estos coloquios nuestros, en el modo como acaecen, les daréis el justo valor que merecen.
Nuestro fin no es el de haceros conocer estas cosas, más bien el de acelerar y multiplicar los elementos positivos, para un futuro contacto.
Es verdaderamente por este motivo que ejercitamos a nuestros colaboradores sobre la tierra.
Nosotros tenemos necesidad de aquellos que pueden, en un cierto momento, captar nuestros pensamientos para poder operar sin temor.
Las mentes no adiestradas y, por consiguiente, no idóneas a la percepción sensorial no pueden entrar en contacto con nosotros.
Los peligros son múltiples y de seria gravedad para aquellos que nos están iniciados a tal cometido.
Bastaría una serie de ondas-imágenes de corta duración para causar laceraciones en el interior del cerebro o, como mínimo, desequilibrios de naturaleza psíquica. Nosotros evitamos, al máximo, el contacto mental con los sujetos indispuestos, porque conocemos los efectos que pueden surgir. Conocemos perfectamente las cualidades que son necesarias para que un sujeto pueda percibir sin recibir daño alguno.
Es, verdaderamente, difícil encaminar a tal iniciación al sujeto, siendo varias las reacciones a las que éste viene propuesto.
Entretanto estamos en perfecto conocimiento de los desarrollos que, poco a poco, se van verificando, no pasando por alto los efectos, que caso por caso examinamos con escrupulosidad. Los terrestres que desean, efectivamente, conocer muchas cosas, son pocos, pero a nosotros nos interesa que ésto advenga aún si es lenta y progresivamente.

Eugenio Siragusa
Enero 1962

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